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Juicio a obreros con represion
sindical de fondo
Por David Bacon
Charleston, Carolina del Sur, 22 ago (IPS)—
Cinco obreros portuarios serán sometidos a juicio en esta ciudad
de Carolina del Sur, Estados Unidos, y podrían ser condenados
a cinco años de prisión como consecuencia de lo que fuentes
sindicales consideran una guerra de funcionarios locales contra
los sindicatos.
Los estibadores Elijah Ford, Ricky Simmons, Peter
Washington, Jason Edgerton y Kenneth Jefferson están acusados
de provocar disturbios a raíz de una manifestación sindical
en el puerto de Charleston, uno de los mayores de este país,
el 20 de enero de 2000.
Los cinco, cuatro de ellos negros y uno blanco,
irán a juicio el próximo mes, pero mientras permanecen en detención
domiciliaria, no pueden abandonar sus casas después de las 19
horas, salvo para trabajar, y deben utilizar sensores electrónicos
en los tobillos para que las autoridades puedan rastrear su
paradero.
“El estado de Carolina del Sur declaró la guerra
a los sindicatos y a los obreros negros en especial”, dijo Bill
Fletcher, del instituto George Meany Centre, dependiente de
la AFL- CIO, la principal confederación sindical del país.
Carolina del Sur tiene el menor porcentaje de
trabajadores sindicalizados de Estados Unidos, pero los estibadores
de Charleston, todos de ellos negros salvo dos, pertenecen en
su totalidad a la filial Local 1422 de la Asocación Internacional
de Estibadores.
El año pasado, la compañía naviera danesa Nordana
anunció que contrataría trabajadores no sindicalizados para
la carga y descarga de sus barcos.
“Cuando nos enteramos (de lo que haría Nordana),
sabíamos que no podíamos tolerarlo. Pasamos 40 años luchando
por salarios dignos para que los trabajadores pudieran enviar
a sus hijos a la universidad”, recordó el presidente del Local
1422, Ken Riley.
La policía cooperó con los estibadores cuando
procedieron a realizar la protesta contra Nordana, pero el procurador
general del estado, Charles Condon, envió a 600 soldados de
caballería a escoltar el ingreso de los trabajadores no sindicalizados
al puerto, con la ayuda de helicópteros y vehículos blindados.
El sindicalista Riley fue golpeado por un soldado
en la protesta y llevado en ambulancia, lo cual generó una trifulca
generalizada, tras lo cual fueron detenidos los cinco obreros
que ahora esperan su juicio.
Cuando un juez rechazó las acusaciones contra
los trabajadores arrestados, Condon condenó el fallo, convocó
a un gran jurado y procesó a los cinco. Entonces reveló su “plan
para lidiar con la violencia sindical de los portuarios: cárcel,
cárcel y más cárcel.
“Carolina del Sur es un estado con gran respeto
por el derecho al trabajo. El derecho de los ciudadanos a no
sumarse a un sindicato es absoluto y será protegido plenamente”,
dijo Condon.
Condon es candidato a gobernador del estado y
presidió la campaña electoral local del presidente George W.
Bush. “Utilizó nuestra situación en su propaganda política,
al anunciar que Carolina del Sur debía elegir a Bush para aplastar
a los sindicatos”, sostuvo Riley.
“Cuando (Condon) anunció que se postularía al
cargo de gobernador, la razón que dio fue que Carolina del Sur
debía liberarse de los sindicatos”, agregó Riley.
No es una amenaza gratuita. La oficina pública
de desarrollo económico de Carolina del Sur procura atraer la
inversión internacional mediante una campaña de información
que destaca que la productividad estatal es una de las más elevadas
del país, mientras los salarios son 20 por ciento inferiores
a los más altos.
Por eso las empresas europeas construyen fábricas
en el estado y en otros vecinos, pero sus obreros no están sindicalizados.
“Es un área con grandes posibilidades de sindicalización,
si el movimiento sindical se alía a los afroestadounidenses”,
explicó Fletcher.
A contrapelo de lo que ocurría en todo el país,
Carolina del Sur aprobó una ley que prohíbe que las empresas
fijen salarios mínimos superiores al salario mínimo fijado por
el gobierno federal.
Y cuando el gobernador propuso que Riley integrara
la comisión portuaria del estado, Condon se opuso al nombramiento
y presentó un proyecto de ley que hubiera prohibido la presencia
de sindicalistas en comisiones públicas.
La hostilidad legislativa ha sido una reacción
a la capacidad del Local 1422 de unir a los trabajadores negros
y blancos, y a los sindicatos con la comunidad negra, lo cual
podría cambiar la representación política del sur estadounidense,
según observadores.
Durante la manifestación contra Nordana, los sindicalistas
del Local 1422 tuvieron el apoyo del sindicato de empleados
portuarios, Local 1771, integrado en su totalidad por blancos.
La Red Progresista, un conjunto de 38 organizaciones
de base de Charleston, también se reúne en la sede del Local
1422. Como reacción a la amenaza del juicio, la AFL-CIO convocó
una campaña nacional encabezada por Fletcher para liberar a
los estibadores.
A principios de julio miles de sindicalistas se
congregaron en Charleston para exigir la liberación de los cinco.
Pero Condon calificó las críticas de la Red Progresista
de “truco propagandístico producto de simpatizantes sindicalistas”
cuyo único fin era “desviar la atención de las graves acusaciones
penales de disturbio y conspiración para provocar disturbios”,
sostuvo.
Pero los sindicalistas negros, como Fletcher y
Riley, están convencidos de que el próximo juicio contra los
cinco trabajadores portuarios es parte de una campaña más amplia
contra el movimiento sindical y los negros.
Senador viejo del Norte Carolina
conocido para racismo deja su oficina
Análisis de Jim Lobe
Washington, DC, 23 ago (IPS)— El senador
anticomunista Jesse Helms se retirará del Senado de Estados
Unidos después de 30 años de presencia ininterrumpida y seguramente
satisfecho de que el gobierno de George W. Bush adoptara elementos
clave de su unilateralismo en materia internacional.
El senador fue uno de los redactores de la ley
Helms-Burton, de 1996, que reforzó el embargo comercial impuesto
hace 40 años a Cuba, pero cuyas disposiciones extraterritoriales
contra la inversión extranjera en la isla son tan radicales
que hasta el gobierno de Bush se niega a aplicarlas.
Helms, de 79 años, anunció el miércoles de noche
que no se postulará a la reelección el año próximo.
En los años 80 y 90, al frente del Comité de Relaciones
Exteriores del Senado, fortaleció la inclinación conservadora
del Partido Republicano, aun cuando su anticuado racismo era
un factor cada vez más incómodo para la Nueva Derecha que ayudó
a forjar.
Mientras Helms se retira de la vida pública, “las
ideas y valores que representa ganan terreno, en vez de perderlo,
en la política estadounidense”, comentó Walter Russell Mead,
del centro de investigación Consejo de Relaciones Exteriores.
“Opiniones suyas que fueran consideradas excéntricas
en el pasado ahora se han afianzado en la política exterior”
de Washington, escribió Mead este jueves en el diario Wall Street
Journal.
“Lo que dice ahora el gobierno de Bush, (Helms)
lo ha dicho durante años: ‘Los tratados no son todo en la política
exterior. La guerra fría habrá terminado, pero aún no confiamos
en esa gente (extranjera), y tampoco hace falta el apoyo de
otros países”, señaló Chris Madison, ex colaborador del senador
demócrata Joseph Biden y crítico de Helms.
Helms no estaba dispuesto a transigir, algo raro
entre los senadores, muchos de los cuales aspiran a la presidencia.
Pero él “no tenía interés en ser presidente o secretario de
Estado, lo cual lo habría obligado a moderarse para acceder
a un público nacional”, agregó Madison.
“Sin contar (al ex presidente) Ronald Reagan,
el republicano de 79 años y senador por cinco períodos del estado
de Carolina del Norte fue el político conservador más importante
de las últimas tres décadas”, escribió el columnista Albert
Hunt en el Wall Street Journal.
Helms, a quien el ex senador republicano Robert
Dole llamó el “Rambo de la pandilla del Geritol” -en referencia
a un tónico que toman los ancianos en Estados Unidos-, siempre
tuvo una visión en blanco y negro del mundo, sin tonalidades
de gris.
La zona en negro estaba representado por los
comunistas, sobre todo el presidente cubano Fidel Castro, los
centroizquierdistas, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo
Internacional (USAID), la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), y el mártir de los derechos civiles Martin Luther King,
entre otros.
El senador reservaba el color blanco para los
anticomunistas como el ex dictador chileno Augusto Pinochet
y para el líder nacionalista chino y fundador de Taiwan Chang
Kai-shek, el rebelde angoleño Jonas Savimbi y las Fuerzas Armadas
de Estados Unidos.
Helms pareció dar pasos hacia el centro del espectro
político en los últimos años, cuando apoyó aspectos de la política
que Bush califica de “conservadurismo compasivo."
El año pasado, por ejemplo, apoyó iniciativas
para otorgarle más dinero a la lucha contra el sida en Africa
y a la reducción de la deuda externa en ese continente.
También trabajó con la ex secretaria de Estado
Madeleine Albright para que Estados Unidos entregara a la ONU
cientos de millones de dólares en obligaciones adeudadas, a
cambio de la reforma del foro mundial, aunque muchos creen que
la misma terminará debilitando a la organización.
Pero teniendo en cuenta sus 30 años como político,
esos pasos tardíos no pueden considerarse “una parte fundamental
de su historia”, según I.M. Destler, experto en política exterior
de la Universidad de Maryland.
“Para el mundo se convirtió en un ogro, algo
que seguramente lo complacía”, dijo Madison, que ahora integra
el grupo de desarme Council for a Livable World (Consejo para
un mundo habitable).
Helms “no tiene interés en reconocer las cualidades
de otras culturas. Es profundamente nacionalista y etnocéntrico”,
observó Michael Hunt, historiador de la Universidad de Carolina
del Norte.
Sus trucos políticos lo alejaron con frecuencia
de sus colegas, sobre todo de los senadores más moderados, pero
eso no impidió que Helms vetara a los aspirantes a cargos públicos
propuestos por el gobierno que el considerara moralmente ineptos
y que dependían del respaldo del Comité de Relaciones Exteriores.
Entre los ineptos Helms incluía a los homosexuales,
los progresistas, quienes lo hubieran criticado en público,
o incluso republicanos que apoyaran al aborto, como el ex gobernador
de Massachusetts, William Weld, que fue propuesto por el gobierno
de Bill Clinton (1993-enero 2001) como embajador en México.
Por eso, uno de sus apodos era el “senador No”.
“Se deleitaba con el vilipendio personal”, según Hunt, quien
recordó que Helms advirtió a Clinton que llevara un guardaespaldas
si alguna vez visitaba alguna base militar en Carolina del Norte,
el estado al que Helms representaba.
Su personalidad pendenciera e irritable agradaba
a su base electoral, integrada por la población rural y blanca
de Carolina del Norte, que siempre le otorgó entre 52 y 56 por
ciento de los votos.
Su desconfianza hacia el poder del gobierno y
su cerrada obstinación reflejaban un populismo tradicional en
Carolina del Norte, según el profesor Hunt.
Esa desconfianza hacia el poder también se reflejó
en su postura contraria a las organizaciones multilaterales
u otras instituciones que representaran una amenaza a la soberanía
nacional o a los “derechos de los estados”, según sus palabras.
Helms, nacido en Carolina del Norte, se dedicó
al periodismo radial tras combatir en la segunda guerra mundial.
Luego se dio conocer en los años 60 como comentarista de televisión
por sus opiniones anticomunistas y contrarias a los derechos
de los negros.
Como muchos blancos del sur del país que se retiraron
del Partido Demócrata cuando éste defendió los derechos de los
negros, Helms se adhirió al Partido Demócrata en 1970 y fue
elegido al Senado por primera vez en 1972.
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