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Disparos contra la reforma
agraria en Venezuela
Por Andres Canizalez
Caracas, Venezuela, 26 ene (IPS)— El asesinato
de un partidario de la reforma agraria que impulsa en Venezuela
el presidente Hugo Chávez y el atentado contra otro, que resultó
herido, sembraron agitación al cumplirse un mes de la entrada
en vigor de una polémica ley de Tierras.
En acciones separadas por centenares de kilómetros,
pero con poca diferencia de tiempo, hombres armados dispararon
en la noche del 10 de enero contra los dirigentes agrarios Alberto
Mora, que falleció de inmediato, y José Huerta, quien fue gravemente
herido.
Huerta y Mora se desempeñaban al sur del lago
de Maracaibo, una importante zona agrícola del occidente de
Venezuela donde hacendados y ganaderos rechazan la ley de Tierras
promulgada por Chávez y la concesión a campesinos de títulos
de propiedad de predios.
El asesinato de Mora, dirigente una organización
campesina en el estado de Mérida, y el frustrado intento contra
Huerta, comunista y ex director regional en el occidental estado
de Zulia del Instituto Agrario Nacional, causaron conmoción
en el medio rural.
El presidente de la Asamblea Nacional (parlamento),
William Lara, dijo a IPS que estos hechos “buscan crear desestabilización”
en perjuicio del gobierno. El Poder Legislativo se dispone a
investigar la situación, agregó.
“La violencia ha sido una salida marginal” a
los conflictos existentes en diversas materias, “y debemos seguir
luchando por que eso sea así, que las diferencias no se resuelvan
a través de salidas violentas”, sostuvo Lara, perteneciente
al Movimiento V República, de Chávez.
Lara indicó que una de las posibilidades para
evitar la generalización de la violencia en el sur del lago
de Maracaibo sería la extensión de los llamados teatros de operaciones,
unidades militares instauradas en el gobierno de Rafael Caldera
(1994-1999) en la frontera de Colombia para detener incursiones
guerrilleras.
“La gente ve con buenos ojos a los militares”,
comentó el legislador.
Estos atentados coincidieron con el agitado debate
que rodea a la ley de Tierras aprobada por Chávez. Organizaciones
campesinas aseguran que desde 1999 murieron cada año, en promedio,
12 campesinos o líderes agrarios en situaciones relacionadas
con la lucha por el derecho a la tierra.
Huerta, quien sobrevivió después de recibir cuatro
disparos, es secretario agrario del Partido Comunista de Venezuela.
Por su parte, Mora, que recibió 10 balazos, integraba el izquierdista
Patria Para Todos, que apoya a Chávez.
“Todo lo que ha rodeado estos asesinatos, porque
ya son varios, indica que podría tratarse de sicarios pagados
por algunos interesados en acallar y amedrentar las luchas agrarias
en Venezuela”, expresó el presidente Chávez.
El mandatario enarbola desde el año pasado la
reforma agraria como bandera principal de su “revolución social
bolivariana”, y recibió poderes especiales para aprobar por
vía ejecutiva cuatro docenas de leyes, incluida la de Tierras,
promulgada el 12 de noviembre y en vigencia desde el 10 de diciembre.
En esa fecha, la principal agrupación empresarial
del país, Fedecámaras, realizó una paralización general de actividades
en el país para protestar por la forma “inconsulta y atropellada”,
en que se aprobaron las leyes.
Hacendados y ganaderos afirman que la nueva ley
no da garantías plenas al derecho de propiedad, pues no están
claramente establecidas las indemnizaciones en caso de expropiación,
y porque le da al Estado potestades para fijar cultivos prioritarios,
en aras de la seguridad alimentaria.
Mientras, el Poder Ejecutivo se niega a discutir
enmiendas con los sectores interesados.
En 40 años de vigencia de la primera ley de reforma
agraria, promulgada en 1961, se repartieron 11,5 millones de
hectáreas, informó a IPS el no gubernamental Programa Venezolano
de Derechos Humanos (Provea).
Los grandes propietarios, con haciendas de hasta
1.000 hectáreas, pasaron en ese mismo periodo de poseer 23 por
ciento de la tierra explotada del país al 42 por ciento del
total.
Mientras, la superficie explotada por los pequeños
y medianos productores, con hasta 50 hectáreas, aumentó apenas
de 4,9 a 5,9 por ciento del total en esos cuatro decenios.
“El proceso de reforma agraria implementado a
partir de 1961 transfirió enormes cantidades de tierra” a quienes
no preveía beneficiar, precisó la ONG.
Por otra parte, los ataques del 10 de enero dieron
origen a llamados a un entendimiento en las zonas rurales.
Huerta comentó que resolvió por la vía del diálogo
12 de los 15 casos de disputa de propiedad de la tierra que
debió afrontar cuando fue director en Zulia del Instituto Agrario
Nacional, a cargo de la reforma agraria.
“Creo en la capacidad de reflexión de la gente,
soy militante del diálogo y conversaba mucho con los afectados
y siempre busqué la manera de llegar a acuerdos amistosos”,
comentó.
En relación con la responsabilidad sobre estos
hechos, Huerta indicó que no tenía duda de que quienes le dispararon
eran “sicarios”. Según su testimonio, en ningún momento intentaron
robarle ni le dirigieron la palabra, sino que, directamente,
le dispararon.
El defensor del Pueblo en la región, Antonio Urribarrí,
manifestó su temor a que los ganaderos recurran a la violencia
con grupos armados privados, “lo cual nos llevaría a una guerra
civil, como en Colombia”.
Urribarrí expuso sus sospechas de que los atacantes
eran contratados.
En tanto, el ministro de Agricultura y Tierras,
Efrén Andrade, dijo que el gobierno tiene como prioridad la
reforma agraria. Pero “absolutamente no queremos que sea una
guerra”, aseguró.
Iglesia frena Convencion
sobre la mujer en Chile
Por Gustavo Gonzalez
Santiago, Chile, 27 ene (IPS)— La Iglesia
católica logró en Chile una “victoria valórica” al bloquear,
por lo menos hasta marzo, la ratificación en el Senado del protocolo
facultativo de la Convención Internacional contra todas las
Formas de Discriminación de la Mujer.
El ministro Secretario General de Gobierno, Heraldo
Muñoz, confirmó el martes pasado que el presidente Ricardo Lagos
retiró de la cámara alta el protocolo, duramente cuestionado
hace dos semanas por el arzobispo de Santiago, Francisco Javier
Errázuriz.
El gobierno de Lagos optó por el retiro ante el
inminente rechazo del texto en la comisión de Relaciones Exteriores
del Senado, aunque la explicación oficial de Muñoz fue que se
buscará “una discusión más prolongada y profunda” a partir de
marzo, cuando sea presentado otra vez.
La jerarquía católica, encabezada por el cardenal
Errázuriz, sostuvo que el protocolo facultativo de la convención
podría dar pie para que en Chile se legalice el aborto, por
la vía de la interpretación de sus disposiciones.
La Convención Internacional contra todas las Formas
de Discriminación de la Mujer, de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU), fue promulgada como ley en Chile en 1989, en las
postrimerías de la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-
1990).
El posterior protocolo facultativo, con que se
busca cubrir falencias operativas de la Convención, fue suscrito
en 1999 por el entonces presidente demócrata cristiano Eduardo
Frei.
Chile fue el primer país miembro de la ONU en
firmar el protocolo, cuya ratificación legislativa dio su primer
paso en la Cámara de Diputados en agosto de 2000, cuando Lagos
ya había asumido el gobierno.
El mandatario, con el fin de completar la ratificación,
incluyó el respectivo proyecto de ley en la convocatoria de
la legislatura extraordinaria, que el Senado debe despachar
en enero.
Tras el retiro del protocolo, corresponde ahora
que sea sometido al Senado el 11 de marzo, cuando se inicia
la llamada legislatura ordinaria con la instalación de un nuevo
parlamento.
El 16 de diciembre se realizaron los comicios
para renovar los 120 escaños de la Cámara de Diputados y 18
de los 38 cargos del Senado de elección popular.
El gobierno espera que con los nuevos senadores
se produzca un cierto giro hacia el progresismo en esa cámara,
que permitiría la ratificación del controvertido protocolo.
La decisión de Lagos de posponer la votación fue
criticada por el senador derechista Sergio Romero, presidente
de la comisión de Relaciones Exteriores, quien dijo que “el
gobierno está más preocupado por evitar una votación contraria
que por resolver un tema de fondo”.
En cambio, los senadores Gabriel Valdés, de la
Democracia Cristiana, y Carlos Ominami, socialista, ambos de
la coalición gobernante, calificaron de razonable la estrategia
del gobierno, que arriesgaba una derrota si insistía en la aprobación
inmediata del protocolo.
Valdés era partidario de ratificar el protocolo
con reservas, para impedir que el país cediera eventualmente
su soberanía ante el comité de 23 expertos que supervigila su
cumplimiento en cada país.
Las facultades del comité fueron el aspecto mas
polémico de la presentación del cardenal Errázuriz, quien fue
escuchado en una sesión especial de la comisión de Relaciones
Exteriores del Senado.
En rigor, el protocolo no menciona los conceptos
de “género” y “derechos reproductivos”, que han sido permanentemente
objetados por el Vaticano y organizaciones conservadoras que
se proclaman antiabortistas.
Errázuriz y otros prelados sostuvieron que el
protocolo abre, sin embargo, una vía para legalizar el aborto
al señalar la obligación de los Estados de proporcionar a la
mujer los medios para el cuidado de su salud, incluyendo la
planificación familiar.
Con esos preceptos, si una mujer estima que la
práctica de un aborto terapéutico es necesaria para la preservación
de su salud, podría invocar el protocolo y es probable que el
comité le dé la razón, argumentó la Iglesia Católica.
La dictadura de Pinochet proscribió el aborto
terapéutico en 1988, con lo cual provocó un aumento de esas
prácticas clandestinas, que ascienden entre 150.000 y 200.000
al año, según sostienen organizaciones femeninas.
Las aprensiones de los grupos conservadores y
de la jerarquía católica contra el comité hacen pie en el informe
que sus expertos emitieron sobre Chile en 1999.
En ese estudio se “recomienda al gobierno (chileno)
que promueva el cambio de aptitudes y percepciones, tanto de
las mujeres como de los hombres, en cuanto a sus respectivos
papeles en el hogar, la familia, el trabajo y la sociedad en
su conjunto”.
Otra recomendación al gobierno fue que “apoye
enérgicamente leyes que autoricen el divorcio” y que modifique
la legislación vigente “con el objeto de proporcionar abortos
en condiciones de seguridad y permitir la interrupción del embarazo
por razones terapéuticas, incluida la salud mental”.
El obispo Javier Prado, vicepresidente de la Conferencia
Episcopal de Chile, opinó que las recomendaciones del comité
constituyen una forma de colonialismo cultural, a partir de
“una única visión limitada, reductiva, sobre la familia y la
dignidad y los derechos de la mujer”.
Jorge Carvajal, líder de la masonería chilena,
sostuvo que la Iglesia Católica intenta imponer sus particulares
concepciones a creyentes y no creyentes y sostuvo que “los peores
colonialismos son los religiosos e ideológicos, que se arrogan
de modo paternalista la custodia moral de toda la sociedad y,
en particular, de la familia”.
Enrique Palet, portavoz de la Conferencia Episcopal,
declinó calificar como un triunfo de Errázuriz el retiro del
protocolo del Senado.
“El cardenal no está en una batalla con victorias
y derrotas para nadie”, dijo Palet, quien consideró la decisión
de Lagos como prudente, ya que “busca conciliar los compromisos
internacionales de Chile con el respeto por la cultura y los
valores del pueblo chileno”.
Ximena Zabala, directora del Instituto de la Mujer,
se declaró contraria “a los poderes fácticos que todavía intervienen
en democracia” y opinó que la Iglesia Católica “tiene un peso
desmesurado en este debate”.
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