|

Estados Unidos: frenesi belico
By Jim Lobe
Washington, DC, 1 mar (IPS)-- El gobierno
de Estados Unidos se embarca a ritmo vertiginoso, pero con escaso
conocimiento del terreno, en operaciones militares para resolver
complicados conflictos internacionales.
Algunos legisladores del opositor Partido Demócrata,
por lo general respetuosos de la política del gobierno, comenzaron
a hacerse preguntas. “Creo que hay una expansión sin una dirección
clara”, dijo con delicadeza el líder de la mayoría del Senado,
el demócrata Tom Daschle.
“Si queremos matar a cada uno de los terroristas
del mundo, estaremos ocupados hasta el día del juicio final”,
advirtió el miércoles con más crudeza el senador demócrata Robert
Byrd, durante una presentación del subsecretario de Defensa,
Paul Wolfowitz, ante el Congreso.
“¿Hasta cuándo podremos soportar semejante presión
en nuestro Tesoro?”, se preguntó Byrd, en referencia al incremento
de 48.000 millones de dólares al presupuesto militar del año
próximo, impulsado por el presidente George W. Bush.
El Departamento (ministerio) de Defensa confirmó
el jueves que enviará entre 100 y 200 asesores militares a la
república ex soviética de Georgia, y varios cientos más a Yemen,
para entrenar a los ejércitos de esos países en el combate a
movimientos considerados “terroristas”.
Una semana antes, 10 soldados estadounidenses
murieron en un accidente de helicóptero en el sur de Filipinas
después de haber transportado el primer contingente de 150 efectivos
de las fuerzas de pperaciones especiales para asesorar al ejército
filipino en la represión del movimiento insurgente musulmán
Abú Sayyaf.
Poco antes, el principal enviado de Washington
a Afganistán anunció que una parte de los 4.000 soldados y asesores
desplegados en ese país serán enviados a las zonas donde son
más graves los combates entre señores de la guerra.
Hasta ahora, los soldados estadounidenses en
Afganistán buscaban capturar a los militantes de la red al-Qaida,
de Osama bin Laden, acusado por Estados Unidos de los atentados
del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, y del derrocado
movimiento Talibán.
El miércoles, un importante contingente de asesores
llegó a Kabul para iniciar un programa de entrenamiento de dos
años destinado a conformar, capacitar y equipar un ejército
afgano multiétnico de 30.000 efectivos.
La Casa Blanca también reiteró su pedido al Congreso
de 98 millones de dólares para entrenar y abastecer tropas colombianas
para proteger un oleoducto de 800 kilómetros propiedad de la
compañía estadounidense Occidental Petroleum, ante al fin del
proceso de paz entre la guerrilla y el gobierno de Colombia.
Washington, que ya envió 250 efectivos a Colombia,
prometió al presidente Andrés Pastrana redoblar y acelerar la
asistencia militar y de inteligencia, anticipando el recrudecimiento
de la guerra civil.
Simultáneamente, el gobierno de Bush anunció que
estudiará acciones directas para liberar a cualquier rehén estadounidense
capturado en el exterior, ampliando el alcance de la decisión
que sólo permitía acciones directas ante el secuestro de funcionarios.
Mientras, crecen las especulaciones sobre una
posible campaña militar de Estados Unidos contra Iraq, en medio
de los preparativos de la gira del vicepresidente Dick Cheney
por países aliados de Medio Oriente y el Golfo.
Los rumores aseguran que Cheney procurará persuadir
a los nerviosos gobiernos de la región sobre el compromiso de
largo alcance de Washington, prometiendo 250.000 soldados en
el terreno y un formidable poder de fuego para derrocar al presidente
de Iraq, Saddam Hussein, e impedir una guerra civil.
“Me enteré hace cinco meses que en Afganistán
hay uzbekos, tayikos y pashtunes (patanes). No pensé ni por
un momento en Georgia en todo el año pasado, y ahora descubro
que estamos enviando 200 asesores militares a un lugar llamado
Pankisi Gorge, justo en la frontera con Chechenia”, dijo a IPS
un asesor de política exterior del Congreso.
Tales decisiones fueron adoptadas en diez extenuantes
jornadas en las cuales el gobierno parecía redoblar sus propósitos
militares con el paso de las horas.
Durante los meses de intensa campaña bélica en
Afganistán, Washington logró acceder a bases militares de Asia
central e incluso comenzó a construir lo que parece ser una
instalación militar propia y permanente cerca de Bishkek, capital
de Kirguizstán.
“Necesitamos un debate en este país, pues existe
una real posibilidad (de que) estemos exagerando”, opinó el
ex miembro del Consejo de Seguridad Nacional Ivo Daalder, en
declaraciones formuladas esta semana al diario Los Angeles Times.
Lo más notable de estos nuevos compromisos militares es la prrecipitación
con que fueron adoptados, violando todos los dogmas del credo
que el Partido Republicano proclamó a partir de las desventuras
militares de Vietnam (1961-1975) y Somalia (1992-93).
Una ley aprobada por el Congreso a mediados de
los años 90, cuando los republicanos eran mayoría, exige que
todo despliegue de tropas se adopte sólo cuando peligren intereses
vitales, los objetivos sean claros y alcanzables y exista una
“estrategia de salida” identificable.
Pero en la guerra contra el terrorismo emprendida
por Bush, toda esa sabiduría acumulada parece haber sido echada
a un lado. “Parece que somos buenos para desarrollar estrategias
de entrada, pero no para las estrategias de salida”, subrayó
el miércoles Byrd.
Hasta el secretario de Estado (canciller) Colin
Powell, que como cualquier militar considera que los objetivos
claros y alcanzables y las estrategias de escape son condiciones
indispensables para desplegar fuerzas en el exterior, ha claudicado
en sus propuestas de largo alcance.
Powell definió la victoria en la guerra como “un
estado donde la gente no tema actos terroristas, y pueda seguir
con su vida sin preocuparse por el tipo de hechos que ocurrieron
el 11 de septiembre, o los coches bomba de Jerusalén o el terrorismo
alimentado (por la guerrilla) en Colombia”.
Al concluir su explicación ante el Congreso, el
secretario, que fue jefe del estado mayor conjunto, estimó que
“nos llevará mucho tiempo alcanzar ese estado”.
Cóndor en toda su magnitud
By Raúl Pierri
Montevideo, Uruguay, 1 mar (IPS)— Los
documentos del “archivo del terror” encontrados esta semana
en Paraguay fortalecerán las acciones judiciales en marcha contra
los responsables del “Plan Cóndor”, la coordinación represiva
de las dictaduras del Cono Sur de América en los años 70 y 80.
Unos 200 libros encuadernados y ordenados fueron
hallados el martes por funcionarios de la Defensoría del Pueblo
de Paraguay en el Centro de Documentación de la Policía Nacional,
conteniendo información detallada sobre actividades de inteligencia
durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).
Estos papeles pasaron a engrosar los “archivos
del terror”, compuestos de informes confidenciales de la dictadura
hallados en 1992 por el abogado y activista de los derechos
humanos paraguayo Martín Almada y que prueban los vínculos entre
los servicios secretos de las dictaduras de Argentina, Brasil,
Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay.
Los documentos hallados el martes serán puestos
a disposición de los jueces que investigan a responsables del
Plan Cóndor como el ex dictador chileno Augusto Pinochet (1973-1990),
considerado su principal ideólogo, confirmó Almada a IPS.
El Plan Cóndor era un acuerdo entre las dictaduras
para perseguir a opositores políticos exiliados. Algunos fueron
entregados de modo clandestino a las fuerzas de seguridad de
su país de origen, pero otros fueron asesinados en el territorio
en que habían buscado refugio.
El hallazgo de los archivos del terror se convirtió
en 1992 en un acontecimiento político en todo el Cono Sur americano
y motivó varias órdenes de detención contra primeras figuras
del régimen de Stroessner, además de complicar a militares de
Argentina y Uruguay.
El jefe de los detectives de Stroessner, Pastor
Coronel, cumple condena de prisión en Paraguay, al igual que
el jefe de Estado Mayor y titular de la inteligencia militar
de la dictadura Benito Guanes Serrano.
El ex jefe de la Policía Técnica, Antonio Campos
Alum, está junto al dictador (exiliado en Brasil) citado por
los tribunales paraguayos como “acusado en rebeldía” y “fugitivo”.
Almada entregó personalmente en Madrid al juez
Baltasar Garzón copia de informes de la policía paraguaya que
implicaban a Pinochet en el Plan Cóndor, cuando éste estaba
detenido en Londres a solicitud del magistrado español, quien
pedía su extradición.
El juez chileno Juan Guzmán procesó a Pinochet
el año pasado como encubridor de 18 secuestros y 57 homicidios
de opositores a su régimen en la denominada “caravana de la
muerte”, aunque la Corte de Apelaciones sobreseyó al ex dictador
por razones de salud.
Pinochet afronta acusaciones en Francia, donde
la abogada Sophie Thonon investiga la desaparición de cinco
ciudadanos franceses durante la dictadura chilena, y la decisión
de la Corte de Apelaciones de Santiago no afecta el proceso
judicial en París.
Jueces de Argentina, Bélgica, España y Suiza también
han solicitado la extradición de Pinochet por distintos crímenes,
algunos de ellos enmarcados en el Plan Cóndor.
Los nuevos documentos también llegarán a las manos
del juez federal argentino Rodolfo Canicoba Corral, que procesó
el año pasado al ex dictador Jorge Rafael Videla por la desaparición
forzada de 72 extranjeros en Argentina entre 1976 y 1983.
Canicoba Corral ha pedido la extradición de Stroessner
y del ex jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional chilena
Manuel Contreras, además de investigar como testigo al ex secretario
de Estado (canciller) de Estados Unidos Henry Kissinger. Los
documentos hallados en Asunción también revelan que el aparato
represivo de Stroessner, derrocado por un golpe de Estado de
su consuegro Andrés Rodríguez en febrero de 1989, continuó operando
hasta octubre de 1990, durante la transición democrática.
El Departamento de Investigaciones de Paraguay
seguía espiando entonces ilegalmente a movimientos políticos
e informando a la cúpula policial sobre la entrada y salida
de personas con actividad política y social, según los documentos.
Los materiales encontrados el martes “fortalecerán las acciones
judiciales contra Stroessner, sus cómplices y encubridores”,
y también serán entregados “a la Defensoría del Pueblo, encargada
de hacer cumplir la ley de indemnización a las víctimas de la
dictadura”, dijo Almada. Además, serán analizados en el Seminario
Internacional “Terrorismo de Estado”, previsto para diciembre
en Asunción, en ocasión de los 10 años del descubrimiento de
los archivos secretos de la policía paraguaya, señaló.
Almada anunció que promoverá seminarios en la
región para analizar en particular el papel de jueces y abogados
en el plan represor. También pedirá a universidades de América
Latina, Estados Unidos y Europa que envíen a expertos a estudiar
“esta montaña de documentos en cuyas entrañas se encontrarán
nombres y apellidos de víctimas y victimarios”.
El activista señáló que el Poder Judicial paraguayo
fue sostén de un “estatus injusto e inhuamno, amparando a los
escuadrones de la muerte, las escuchas telefónicas, las órdenes
de no informar, la prohibición de publicar libros, la censura
de películas y el cierre de medios de comunicación”. La Defensoría
del Pueblo paraguaya había hallado hace dos semanas libros similares
en tres comisarías de Asunción. Todos fueron llevados al juzgado
a cargo de Jorge Bogarín González, y posteriormente al Centro
de Documentación del Poder Judicial para ser analizados.
La importancia de esta documentación “es fundamental,
porque con ella muchas personas van a poder justificar haber
sufrido la persecución”, destacó a la prensa paraguaya el presidente
de la Defensoría del Pueblo, Manuel Páez Monges. “Hemos encontrado
realmente lo que yo llamo una mina de oro. Hemos descubierto
libros de investigaciones de la época pasada con lujo de detalles”,
dijo, por su parte, el asesor de la Defensoría Juan Francisco
Ammiri al periódico ABC Color.
Almada anunció que hará una invitación especial
al presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, “ex víctima
del operativo Cóndor”, a estudiar los archivos secretos de la
policía paraguaya.
“Invito a Cardoso a que visite los archivos secretos
de su protegido Alfredo Stroessner para que vea en ‘vivo y en
directo’ los documentos que comprometen a Estados Unidos, promotor
del terrorismo de Estado en América Latina”, afirmó.
Entre las víctimas de la operación Cóndor se contaron
el ex comandante del ejército chileno Carlos Prats y los legisladores
uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. Los tres
fueron asesinados en Buenos Aires. Los documentos de los archivos
del terror también dejaron al descubierto un operativo para
secuestrar a niños nacidos de madres en cautiverio y cambiarles
de nombre para ser luego “adoptados” por militares o civiles
colaboradores.
|