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ONG cuestionan pedido de inmunidad a estadounidenses
Por Kintto Lucas
Quito, Ecuador, 26 de septiembre (IPS)—
Organizaciones humanitarias exhortaron al gobierno de Ecuador
a rechazar el pedido de Estados Unidos de un acuerdo que asegure
la inmunidad de su personal destacado en territorio ecuatoriano
ante la Corte Penal Internacional (CPI).
“Estamos preocupados por el pedido de Washington
para que Ecuador firme acuerdos de impunidad para que los ciudadanos
estadounidenses acusados de crímenes contra la humanidad o de
guerra no sean entregados a la CPI”, dijeron los activistas
en carta al canciller, Heinz Moeller, divulgada este jueves.
El pedido de los grupos no gubernamentales se
refiere a las gestiones del Secretario de Estado adjunto de
Estados Unidos para Asuntos del Hemisferio Occidental, Otto
Reich, en procura de “acuerdos bilaterales” con “tantos países
como sea posible” para dejar a funcionarios de ese país fuerza
del alcance de la CPI.
“La creación de la CPI es un logro no sólo para
el imperio de la ley sino para la justicia universal y los derechos
humanos. No obstante, el gobierno de Estados Unidos está decidido
a obstruir el establecimiento de la Corte”, argumentaron.
La carta fue suscripta por la Asamblea Permanente
de Derechos Humanos, la Auditoría Democrática Andina, el Centro
de Derechos Económicos y Sociales y el Centro de Documentación
en Derechos Humanos “Segundo Montes Mozo”.
El Colectivo Pro Derechos Humanos, la Comisión
de Solidaridad y Derechos Humanos de Imbabura, la Comisión Ecuménica
de Derechos Humanos, el Comité Permanente por la Defensa de
los Derechos Humanos y la Coordinadora Política de Mujeres Ecuatorianas
también firman la solicitud.
El grupo se completa con el Grupo de Trabajo
sobre Niños/as en Conflictos Armados, la Defensa de los Niños-Internacional,
Feministas por la Autonomía, la Fundación Regional de Asesoría
en Derechos Humanos, Plataforma Interamericana de Derechos Humanos,
Grupo Democracia y Desarrollo, Servicio Jesuita a Refugiados
y el Servicio, Paz y Justicia.
Reich propuso la semana pasada en Nueva York
a Moeller firmar un convenio bilateral para que Ecuador otorgue
inmunidad a los ciudadanos estadounidenses ante la Corte Penal
Internacional, a la cual Washington no adhirió.
Moeller respondió que se debía examinar a fondo
las “consecuencias políticas y jurídicas de este tema”, en el
contexto de las “obligaciones internacionales” del país.
Precisó además que Ecuador ratificó el llamado
Tratado de Roma, que creó la CPI, la primera instancia jurídica
permanente internacional para juzgar crímenes contra la humanidad,
sin reservas, que entró en vigor el 1 de julio, por lo tanto
tiene “ciertas responsabilidades en este sentido”.
El convenio por el cual Ecuador cedió en 1999
la base y puerto de Manta, en la costa del océano Pacífico,
para ser utilizados por las fuerzas armadas de Estados Unidos
ya establece condiciones especiales de tratamiento legal para
el personal de ese país.
“En la eventualidad de que las autoridades ecuatorianas
detuvieren” a un miembro “del personal estadounidense o a sus
dependientes” deberán notificar inmediatamente “a las autoridades
de Estados Unidos” y coordinarán “su pronta entrega”, dice el
convenio en uno de sus puntos.
El gobierno estadounidense de George W. Bush ha
solicitado a varios países de América Latina la firma de convenios
similares al propuesto a Ecuador en relación a la CPT, y para
ello su secretario de Estado, Colin Powell, se reunió el 16
de este mes con una docena de cancilleres de la región.
Bush consiguió en julio que el Consejo de Seguridad
de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobase una
resolución que otorga a los funcionarios de su país acusados
de delitos contra la humanidad un año de gracia antes de ser
juzgados por la CPI.
La decisión se tomó luego de que Washington amenazara
con retirar su apoyo a las misiones de paz de la ONU si no se
concedía esa inmunidad, con el argumento de que podrían ser
objeto de denuncias “por razones políticas”.
Philip Reeker, portavoz del Departamento de Estado,
señaló que su país negocia esos acuerdos por el temor a que
“los ciudadanos estadounidenses se vean afectados por situaciones
políticas”, e informó que ya se concretó uno con Rumania y se
apresta a firmar otro con Colombia.
Por su parte, la embajadora estadounidense en
Brasil, Donna Hrinak, indicó que también se han realizado contactos
al respecto con ese país.
Por otro lado, la organización humanitaria Amnistía
Internacional, con sede en Londres, aseguró que las presiones
se producen también con Argentina y Ecuador.
El caso de Colombia es especial porque el presidente
Andrés Pastrana, poco antes de entregar el cargo el 7 de agosto
a su sucesor, Alvaro Uribe, decidió diferir hasta 2009 la competencia
de la CPI en ese país.
La canciller colombiana Carolina Barco aseguró
que el Plan Colombia, de lucha contra las drogas y la insurgencia
y con importante financiación de Washington, ya incluye una
cláusula que concede inmunidad a los militares estadounidenses
destacados ese territorio.
La no gubernamental Comisión Colombiana de Juristas
manifestó el martes su oposición a un posible acuerdo para negar
la competencia de la CPI.
Esa Comisión de expertos, con estatus de consultora
de la ONU, consideró que la firma de un convenio de esas características
fomentaría la impunidad, violaría el principio de igualdad ante
la ley y minaría la integridad de la CPI.
La creación del Corte, promovida por la Unión
Europea y Canadá, fue resuelta en una reunión del foro mundial
en 1998 en Roma con 120 votos a favor y la oposición de China,
Estados Unidos, Irazq, Israel, Libia, Qatar y Yemen.
Su cometido será enjuiciar a responsables de crímenes
de genocidio, agresión, guerra y contra la humanidad que escapen
a tribunales de los países o éstos se nieguen a hacerlo.
El Sur debe entregar agua a cambio de créditos
Por Gustavo Capdevila
Ginebra, Switzerland, 26 de septiembre (IPS)—
El FMI y el Banco Mundial presionan a países en desarrollo para
que vendan los servicios de agua a un puñado de compañías transnacionales,
como condición para la asistencia financiera, aseguró la organización
independiente One World Action.
La privatización de los servicios de agua potable
es hoy prácticamente obligatoria en el Sur, porque el FMI (Fondo
Monetario Internacional) y el Banco Mundial ponen ese requisito
para proveer asistencia a ese sector, explicó Gunnar Aegisson,
autor del estudio de esa organización, con sede en Gran Bretaña.
Las empresas de extracción, potabilización y distribución
del agua habían pertenecido al dominio público en casi todo
el mundo hasta mediados de la década del 80, cuando los dos
organismos multilaterales de crédito comenzaron a ejercer la
presión privatizadora.
En los últimos años se ha extendido en la comunidad
internacional la convicción de que el agua es un recurso limitado.
El consumo de agua potable entre 1900 y 1995 aumentó seis veces,
un indicador que duplicó el crecimiento de la población en el
mismo periodo.
En la actualidad, más de 1.000 millones de personas
carecen de acceso al agua potable y, si no se realizan las inversiones
necesarias, en 2025 esa cifra se elevará a 2.500 millones, equivalentes
prácticamente a un tercio de la población.
En ese contexto, One World Action precisó en su
trabajo, titulado “El Gran Robo del Agua”, que el acceso al
elemento constituye un derecho humano y que ese asunto figuró
en el centro del debate de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo
Sostenible, celebrada entre el 26 de agosto y el 4 de este mes
en Sudáfrica.
Pero en realidad, a la concepción de que el agua
es un derecho humano básico, que los estados deben garantizar
a sus ciudadanos, se opone la visión del elemento como bien
económico, una materia prima, sujeto a las fuerzas del mercado,
apuntó Aegisson.
A ese contraste, que se refleja en las alternativas
de los servicios de distribución públicos y privados, se suman
otras divergencias sobre los niveles de decisión y de administración
de los servicios de agua.
Aegisson, responsable político de One World Action,
estimó que las dos esferas deben estar en manos de las comunidades
de usuarios, en oposición al criterio de concentrarlas en poder
de los proveedores del sector público y de las companías privadas.
La distribución del agua en las ciudades y pueblos
de los países en desarrollo se limita a las áreas centrales,
lugares de residencia de los habitantes de recursos más altos.
Por lo general los gobiernos y las autoridades
municipales no han expandido los servicios a las zonas pobres
circundantes, donde la falta de redes de agua potable y de servicios
sanitarios representan la causa principal de las altas tasas
de enfermedades y de mortalidad infantil.
Una de las razones de la ineficacia gubernamental
es la carencia de influencia política por parte de las poblaciones
pobres de los países en desarrollo. Mientras esa condición persista,
las elites en el poder continuarán ignorando sus necesidades,
observó el activista.
Otro obstáculo para el Sur es la falta de capacidad.
La crisis de la deuda externa y los programas de ajuste estructural
impuestos por el FMI dejaron a muchos servicios públicos en
la bancarrota y debilitados institucionalmente.
El FMI y el Banco Mundial, en ese cuadro, promovieron
la privatización con el argumento clave de que la apertura de
la competencia en un mercado libre conduciría a un aumento de
la eficacia, puntualizó el análisis.
Sin embargo, el autor objetó el argumento de la
competencia porque, sostuvo, el abastecimiento de agua corriente
“es por su naturaleza un monopolio”.
El consumidor, al no existir redes paralelas que
sirvan a los hogares, no puede elegir entre abastecedores y,
por lo tanto, no goza de los beneficios de un mercado competitivo,
dedujo Aegisson.
En efecto, los servicios de agua privatizados
constituyen una excepción en el mundo. Sólo cinco por ciento
de esas redes son de propiedad o están bajo administración privada.
En tanto, entre los países industrializados Francia
aparece como la excepción, porque un decreto imperial de mediados
del siglo XIX estableció la administración privada del servicio.
En Gran Bretaña, no sólo la administración sino también la propiedad
de las fuentes fueron privatizadas hace poco más de un decenio.
Sin embargo, el autor advierte que en los dos
países existen fuertes sistemas de administración pública, capaces
de una regulación eficaz de las compañías privadas de aguas.
En otros países industrializados no se perciben
señales de cambio alguno en favor de la privatización de los
servicios. Por todas esas razones la presión por la privatización
se ejerció sobre los países en desarrollo, donde los gobiernos
son susceptibles a esas influencias, agregó el estudio.
El autor del trabajo de One World Action identifica
detrás de esas fuerzas privatizadoras motivaciones ideológicas
y lucrativas.
La ola neoliberal que barrió al mundo en la década
del 80, consideró inútiles la intervención y la administración
de los gobiernos, mientras prefirió que las decisiones quedaran
en manos del mercado, explicó.
Sin embargo, a pesar del actual reflujo parcial
del neoliberalismo, los cambios en el FMI y el Banco Mundial
son lentos, diagnosticó.
Las motivaciones lucrativas se justifican por
la magnitud del negocio del agua, estimado en 2000 por la revista
“Fortune” en 400.000 millones de dólares anuales. Ese monto
equivalía entonces a 40 por ciento de toda la industria del
petróleo y superaba en un tercio al sector farmacéutico mundial.
El Banco Mundial ha calculado que el comercio
mundial del agua ascenderá pronto a un billón de dólares, con
la mayoría de las previsiones de expansión concentradas en los
países en desarrollo.
La industria mundial del agua está dominada por
un grupo reducido de empresas transnacionales, entre las que
sobresalen claramente dos francesas, Vivendi y Suez, que controlan
70 por ciento del mercado privado del elemento.
En cuanto a 30 por ciento restante se reparte
entre Thames Water, que pertenece ahora al grupo alemán de la
construcción y la electrónica RWE, SAUR, la subsidiaria de agua
del grupo francés Bouygues, y la sociedad entre la estadounidense
Bechtel y la británica United Utilities.
El estudio de Aegisson sostiene que gran parte
del éxito financiero de las grandes compañias del agua se basa
en el respaldo que reciben de las instituciones financieras
internacionales, como el Banco Mundial y los bancos regionales
de desarrollo.
Ese respaldo permite a firmas reducir los riesgos
y acrecentar los beneficios. Por ejemplo, el autor cita que
Suez invirtió solamente 30 millones de dólares de los 1.000
millones requeridos para un proyecto en Argentina. El resto
fue aportado por el Banco Mundial y por bancos argentinos.
La investigación concluye que la responsabilidad
de los servicios de agua reposa en los gobiernos y estima necesario
un sistema democrático y responsable como requisito para disponer
de un servicio equitativo.
One World Action trabaja en Europa y en asociación
con organizaciones de países en desarrollo con el objetivo de
eliminar la pobreza y promover la democracia y el respeto de
los derechos humanos.
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