
Autogestión revive empresas arruinadas
en Argentina
Por Marcela Valente
Buenos Aires, Argentina, 29 de noviembre (IPS)
Casi 150 cooperativas que agrupan a más de 10.000 trabajadores
de Argentina se han hecho cargo de administrar empresas quebradas
por el colapso económico, y en muchos casos abandonadas
por sus propietarios.
Los protagonistas de este nuevo fenómeno de autogestión
reclaman al Estado que les garantice el capital de trabajo indispensable
para sostener el crecimiento de estos emprendimientos.
La historia se repite casi sin variantes en todos los casos.
Los empresarios en crisis dejan de pagar salarios por varios
meses, declaran en quiebra sus negocios o abandonan repentinamente
el país sin honrar sus compromisos.
El personal de esas firmas, sin dinero y con deudas salariales
por cobrar, se hace cargo de la compañía y obtiene
el aval de la justicia para organizarse bajo la forma jurídica
de una cooperativa de producción.
El fenómeno se multiplicó con la depresión
económica que Argentina padece desde fines de 1998.
A partir de entonces, cada mes se suman nuevas empresas. El
proceso tomó tal grado que apareció el Movimiento
Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), del que participan
70 cooperativas, mientras otras 80 están a punto de sumarse
a la organización.
Los rubros son variados: fábricas de alimentos, metalúrgicas,
químicas, de repuestos de automóviles, de transporte
o imprentas. En muy pocos casos el personal jerárquico
se suma al proyecto. Por lo común, la administración
queda en manos de operarios que, tras una fase inicial muy crítica,
van recuperando ventas y clientes.
Hasta ahora ningún emprendimiento fracasó, aunque
algunos son más exitosos y otros apenas permiten a sus
integrantes ingresos de subsistencia, relató a IPS Eduardo
Murúa, gerente de producción de la Industria Metalúrgica
Plástica Argentina (IMPA) y dirigente del MNER.
Estas experiencias afrontan problemas de iliquidez y no pueden
acceder a préstamos. Como no tenemos la propiedad
definitiva de las empresas, no somos sujetos de crédito.
Si tuvieramos apoyo podríamos incorporar más empleados,
aseguró Murúa.
El sector reclama hace casi un año a las autoridades
que establezcan un fondo fiduciario al que puedan recurrir como
capital de trabajo.
Según cifras oficiales, el desempleo alcanza a 21,4
por ciento de la población económicamente activa,
pero un porcentaje similar de personas están subempleadas,
y muchos desocupados ya no buscan trabajo, ganados por el desaliento.
La metalúrgica IMPA revivió como cooperativa
en 1998. Sólo 40 cooperativistas subsistían por
entonces retirando cinco pesos por día, equivalentes
a 1,4 dólares, según el cambio actual.
Paulatinamente, los salarios fueron subiendo. Ahora, 147 trabajadores
perciben un ingreso mensual de 271 dólares.
Ganamos todos igual, salvo por la diferencia de las horas
extra de cada uno, aclaró Murúa.
IMPA resultó beneficiada con la devaluación de
la moneda argentina frente al dólar, de 70 por ciento
desde enero, la sustitución de importaciones, el congelamiento
de tarifas de servicios públicos y la reducción
de los costos financieros.
Antes dábamos plazos [de pago] de hasta 120 días
que nos costaban caros, ahora eso ya no existe, explicó
Murúa.
En su opinión, la fábrica podría ofrecer
más puestos de trabajo con mejores salarios si el gobierno
contara con una política para crear y sostener las fuentes
genuinas de empleo.
De momento, el gobierno de la oriental provincia de Buenos
Aires prometió incluir en el presupuesto del año
próximo una partida equivalente a casi nueve millones
de dólares para destinar al fondo fiduciario.
Por su parte, las autoridades del distrito capitalino de Buenos
Aires, autorizaron la expropiación de dos fábricas
en proceso de liquidación.
Los trabajadores de ambas empresas, una imprenta y una fábrica
de productos para heladerías, abandonadas por sus propietarios,
se organizaron para mantenerlas en funcionamiento.
La medida expropiatoria es temporal para los edificios y definitiva
para la maquinaria y bienes de producción.
Manuel Ruiz, integrante de la cooperativa de productos para
helados, explicó a IPS que la expropiación de
las máquinas fue a cuenta de los salarios adeudados por
la empresa.
Somos trabajadores de planta, expedición, operarios,
de laboratorio y de mantenimiento, pero todos ganamos igual,
aclaró Ruiz. En 1999 la firma contaba con 90 empleados,
la mitad permanece en la cooperativa.
La fundición Unión y Fuerza la única
cooperativa que cuenta con apoyo del Sindicato de Trabajadores
Metalúrgicos, amplió su plantilla de 30
a 50 trabajadores, que reciben actualmente un salario mensual
equivalente a 430 dólares.
La fabricante de tractores Zanello amplió este año
su personal de 60 a 240 trabajadores, en buena medida beneficiada
por la devaluación.
Un proceso similar, aunque más lento, fue el de la empresa
cárnica Frigorífico Yaguané. Desde hace
tres años funciona como cooperativa, cuenta con 500 empleados
y es una de las tres de mayor producción del país.
Los trabajadores perciben buenos sueldos, además de
seis kilogramos semanales de carne vacuna, el alimento tradicional
de Argentina.
Pero los primeros tiempos fueron muy duros. Los trabajadores
resistieron la caída durante casi un año con la
fábrica vacía. Lentamente conformaron la cooperativa,
volvieron a recibir hacienda para faenar y pusieron al día
el pago de servicios y sueldos.
Ahora Yaguané factura 285.000 dólares por año
y exporta carnes a mercados de la Unión Europea.
A juicio de Murúa, estas experiencias constituyen nuevas
formas de lucha de los trabajadores, que ven cómo se
van perdiendo sus derechos y buscan la manera de resistir, de
defenderse, de evitar transformarse en desempleados estructurales.
Pero, además, nos interesa demostrar que los trabajadores
podemos conducir la empresa, y hacerlo bien, añadió.
Las organizaciones sindicales se mantienen al margen. No
hay mucha comprensión del fenómeno, pero sabemos
que los sindicatos lo utilizan como herramienta para negociar
con la patronal, porque antes un patrón presionado podía
amenazar con ir a la quiebra, y ahora saben que eso dejó
de ser una amenaza, subrayó Murúa.
Aunque la dirigencia sindical no respalda estas experiencias
cooperativas, tampoco acciona en su contra, admitió.
Una vez que los empresarios entran en crisis y dejan
de aportar al sindicato y a sus servicios de salud, [los dirigentes]
comienzan a desentenderse del problema de los trabajadores,
concluyó.
El gran hermano se prepara para vigilarte
Por Jim Lobe
Washington, DC, 25 de noviembre (IPS) Legisladores
de Estados Unidos, incluso del gobernante Partido Republicano,
cuestionan un sistema informático que desarrolla el Departamento
de Defensa (Pentágono) para rastrear bases de datos con
información privada de ciudadanos de este país
y del extranjero.
El proyecto Total Information Awareness (acceso o conocimiento
de información total, TIA) tiene el objetivo de crear
una gran base de datos virtual y centralizada que
incluya registros financieros, clínicos, de comunicaciones
y de viajes de todas las personas que vivan en Estados Unidos
o que ingresen en el país.
El plan, que puso en pie de guerra a organizaciones de derechos
civiles, fue alentado después de los atentados del 11
de septiembre contra Nueva York y Washington por el almirante
retirado John Poindexter, uno de los principales involucrados
en el escándalo Irán-Contras en los años
80.
Poindexter encabeza desde comienzos de este año la Oficina
de Acceso a la Información de la Agencia de Proyectos
de Investigación de Defensa Avanzada (DARPA), el departamento
del Pentágono que desarrolla, junto con el sector privado,
herramientas tecnológicas para uso militar.
El militar debió abandonar el puesto de consejero de
Seguridad Nacional del gobierno de Ronald Reagan (1981-1989)
a raíz del escándalo, y luego se dedicó
al sector de la tecnología informática por casi
15 años.
El sistema TIA podría rastrear patrones de conducta
de los ciudadanos a través del análisis
de su uso de la red informática mundial Internet, historias
clínicas y compras con tarjetas de crédito
para determinar quién podría participar en agresiones
contra Estados Unidos.
La preocupación entre las organizaciones de derechos
civiles, que describen el programa como un intento de establecer
un estado vigilante, surgió cuando el diario
The New York Times difundió a comienzos de este mes detalles
del proyecto.
Estas críticas se suman a las formuladas por algunas
medidas del gobierno tras los atentados del año pasado,
entre ellas la ampliación de las potestades de espionaje
del Buró Federal de Investigaciones (FBI), así
como por el respaldo de los tribunales a detenciones sin orden
judicial de supuestos terroristas.
La cuarta enmienda de la Constitución estadounidense,
que prohíbe la búsqueda y captura
de personas sin motivo razonable, es una de las más delicadas
del orden jurídico nacional. Además, las fuerzas
armadas tienen prohibida la participación en tareas de
mantenimiento del orden interno y de vigilancia.
Esto podría originar una tormenta para las libertades
civiles en Estados Unidos, dijo el director del no gubernamental
Centro para la Privacidad de la Información Electrónica,
Marc Rotenberg.
Una vez que el Pentágono desarrolle el proyecto TIA,
esa tecnología podría ser entregada al FBI o a
cualquier otra agencia de seguridad. El resultado sería
un sistema de vigilancia nacional del público estadounidense,
sostuvo Rotenberg.
Si el Pentágono se sale con la suya, todo estadounidense,
desde un granjero de Nebraska a un banquero de Wall Street,
se encontraría bajo la mirada cibernética acusadora
de un poderoso aparato de seguridad nacional, agregó
la activista Laura Murphy, de la Unión Estadounidense
para las Libertades Civiles (ACLU).
Los activistas por los derechos civiles se unieron en sus críticas
con derechistas, para quienes el temor al terrorismo parece
haber sido superado por su histórico rechazo al fortalecimiento
de las instituciones del gobierno central.
Muchos derechistas manifiestan creciente ira hacia uno de los
suyos, el secretario de Justicia (fiscal general) John Ashcroft,
quien luego de los atentados del 11 de septiembre amplió
las facultades de los fiscales federales y del FBI a expensas
de las libertades individuales.
El Departamento de Justicia parece estar fuera de control.
Es la mayor amenaza del país a la libertad personal,
se lamentó el recién retirado líder de
la mayoría del gobernante Partido Republicano en la Cámara
de Representantes, Dick Armey.
Por su parte, el diputado ultraderechista Bob Barr, calificó
el proyecto TIA de escandaloso. Cualquiera
debería imaginarse que la planificación por parte
del Pentágono de un sistema para recoger datos personales
obtuviera un poco más de atención, dijo.
El diario The New York Times exhortó al Congreso legislativo
a clausurar el programa y a no permitir su reanudación
hasta que realizara una investigación exhsustiva, mientras
The Washington Post dijo que, al menos, debería designarse
un comité externo para supervisar el plan antes de su
implementación.
El Pentágono ha insistido en que el proyecto es inocuo
y que, cuando sea establecido, los sistemas de rastreo serán
dirigidos por agencias internas sometidas a las habituales salvaguardias
constitucionales y legales.
Es absurdo pensar que la DARPA esté tratando,
de algún modo, de convertirse en otra agencia policial,
dijo el subsecretario (viceministro) de Defensa a cargo de compras,
logística y tecnología, Edward C. Pete
Aldridge.
El propósito de la DARPA es demostrar la factibilidad
de esa tecnología. Si resulta útil, [el proyecto
TIA] se volcará a la comunidad de inteligencia, contrainteligencia
y vigilancia de la ley como herramienta para ayudarla en su
batalla contra el terrorismo doméstico, agregó
Aldridge.
El funcionario aseguró que sólo se asignaron
hasta ahora al proyecto 10 millones de dólares. Sin embargo,
el activista Rotenberg citó documentos de la DARPA según
los cuales se asignaron el plan TIA 243 millones de dólares
desde el 11 de septiembre de 2001.
Tampoco ayuda a la causa del proyecto TIA que Poindexter sea
el máximo funcionario a su cargo. El impávido
almirante, fumador de pipa y graduado con honores en la Academia
Naval, fue el principal miembro del gobierno de Reagan condenado
por mentirle al Congreso por el escándalo Irán-Contras.
En los años 80, el gobierno apeló a un sistema
ilegal por el cual lo obtenido por ventas clandestinas de armas
a su archirrival Irán se utilizó para financiar
a la oposición armada a la revolución sandinista
en Nicaragua.
Sin embargo, Poindexter, quien nunca se mostró arrepentido
por sus acciones durante la presidencia de Reagan, logró
la absolución porque el acuerdo de inmunidad que había
pactado con el Congreso para brindarle su testimonio dejaba
sin efecto la acusación, según el tribunal que
procesó la apelación.
El presidente [George W. Bush] cree que el almirante
Poindexter sirvió muy bien a nuestra nación,
dijo en enero el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer,
al anunciar su designación al frente de la DARPA. John
Poindexter tiene pasión y entusiasmo por este proyecto,
afirmó meses más tarde Aldridge.
El escudo de la Oficina de Acceso a la Información que
Poindexter encabeza es el símbolo masónico de
la pirámide con un ojo y el lema latino Scientia
Est Potentia (el conocimiento es poder).
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