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No. 217, Mar. 13-19, 2003

Mexico: Futuro se juega en difícil diálogo
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Karzai en Washington, el regreso de un extraño

Por Jim Lobe

Washington, DC, 7 de marzo (IPS)— Esta fue una semana frustrante para el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, que pasó 10 días en la capital de Estados Unidos intentando en vano obtener atención y asistencia económica.

Hace un año, Karzai era una figura célebre en Washington, donde los políticos se deshacían en promesas de que, esta vez, Estados Unidos no volvería la espalda a Afganistán, como lo hizo cuando las fuerzas de la hoy disuelta Unión Soviética se retiraron del país a fines de los años 80.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, llegó incluso a proponer un “Plan Marshall” para ese país de Asia central devastado por 23 años de guerra, de modo que no sólo se recuperara, sino que también prosperara.

El Plan Marshall fue implementado por Estados Unidos en 1947 para reconstruir Europa tras la segunda guerra mundial (1939-1945) a un costo de 20.000 millones de dólares de la época.

Pero las promesas de Bush están lejos de aquel plan, y Karzai encuenta que la atención de Washington se concentra firme y casi exclusivamente en Iraq.

Peor aun, pese a sus vehementes pedidos de ayuda financiera adicional, el líder afgano debió conformarse con un incremento en la línea de crédito para su país de la estatal estadounidense Corporación de Inversiones Privadas de Ultramar (OPIC), de 50 a 100 millones de dólares.

Karzai, correctísimo huésped, no se quejó, incluso cuando la prensa lo ignoró por completo durante una breve sesión fotográfica con Bush en la Casa Blanca.

El presidente afgano incluso agradeció el aumento en la línea de crédito de OPIC, y dijo a un periodista televisivo que los 35 millones prometidos por esa agencia para financiar y asegurar la construcción de un hotel cinco estrellas en Kabul significaba “un voto de confianza en la estabilidad” de su gobierno.

“Nos aseguraron que Estados Unidos continuará apoyando a Afganistán, que ese apoyo será continuo y que la cuestión de Iraq no reducirá la atención ni la ayuda económica para Afganistán”, insistió Karzai luego de una breve reunión con Bush.

Pero funcionarios y figuras ajenas al gobierno de Bush que también se reunieron con el presidente afgano manifestaron recelo.

“Mientras los ojos del mundo se concentran en otra parte, no debemos olvidar que la experiencia de Afganistán demostará si la comunidad internacional es capaz de mantener su apoyo a un país frágil en su proceso de reconstrucción posguerra”, dijo el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, que se reunió con Karzai el lunes.

El mismo mensaje fue enviado por legisladores del opositor Partido Demócrata estadounidense en una audiencia ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, en la que el proio Karzai participó.

“Los hechos dejan una cosa clara. Hay un gran trabajo por delante en Afganistán y muchas obligaciones por cumplir”, dijo el senador demócrata Joseph Biden.

Biden ha sido uno de los principales defensores del “Plan Marshall” para Afganistán y de la idea de expandir la Fuerza Internacional de Asistencia de Seguridad (ISAF), que tiene el objetivo de impedir estallidos de violencia más allá de Kabul para consolidar el poder central en todo el país.

Unos dos millones de refugiados afganos regresaron a su país desde que fue derrocado en 2001 el movimiento radical islámico Talibán, que gobernaba la mayor parte de Afganistán, pero muchos no reciben la adecuada asistencia, informaron agencias de ayuda humanitaria.

Particularmente preocupante es la situación de seguridad en el norte y el sur del territorio ante constantes enfrentamientos entre facciones rivales y la reagrupación de algunos talibanes, ahora aliados con líderes mujaidínes (combatientes islámicos, la mayoría de origen árabe).

La tensión aumentó el mes pasado cuando el gobierno de Alemania advirtió que una invasión de Estados Unidos a Iraq podría motivar un ataque coordinado contra las fuerzas occidentales apostadas en Kabul.

En varias partes del país, las agencias de asistencia fueron obligadas a detener sus operaciones debido al constante acoso, las amenazas e incluso la violencia por parte diversas tribus.

El gobierno de Bush se opuso a la expansión de las ISAF por temor a que la fuerza internacional entorpeciera los esfuerzos del Departamento de Defensa para ubicar y destruir las células sobrevivientes de la red radical islámica Al Qaeda.

Pero luego intentó estabilizar el país enviando equipos de sus fuerzas especiales para persuadir a líderes tribales y señores de la guerra para que cooperaran con el gobierno central.

Sin embargo, analistas sostienen que esta táctica no ha sido para nada efectiva por ahora y, en ciertos casos, facilitó incluso que algunos señores de la guerra recibieran armas y dinero de las fuerzas de Estados Unidos.

Washington también intenta crear un ejército nacional que pueda ir extendiendo el alcance del gobierno central más allá de la capital, pero esto también parece difícil de concretar.

Hasta ahora, sólo 3.000 reclutas fueron entrenados, de los cuales la mitad ya desertaron debido a conflictos étnicos dentro del ejército, los bajos sueldos y las duras condiciones de vida en los cuarteles, informó la organización humanitaria CARE International.

Organizaciones de derechos humanos también expresaron su preocupación por el retorno de las prácticas discriminatorias características del movimiento Talibán, en especial en las áreas habitadas por comunidades de la mayoritaria etnia pashtú (patana).

“Las mujeres están afrontando serias restricciones por parte de los líderes locales. Es por eso que necesitamos expandir el ISAF”, dijo la senadora demócrata Barbara Boxer.

Karzai aseguró que la situación no era tan grave como señalaba la prensa estadounidense y las organizaciones humanitarias. “No es así. El gobierno tiene mucha más autoridad en el país de lo que pueden suponer”, afirmó.

Pero al mismo tiempo, admitió que el gobierno afronta grandes desafíos y necesita mucho apoyo de la comunidad internacional.

Estados Unidos y otros países donantes prometieron 4.500 millones de dólares en asistencia para Afganistán durante cinco años en una conferencia realizada en Tokio en enero de 2002, pero el dinero todavía no ha llegado por completo.

“Afganistán aún no está fuera de peligro. No nos olviden, no importa lo que pase en Iraq”, dijo Karzai.

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Mexico: Futuro se juega en difícil diálogo

Por Diego Cevallos

Ciudad de Mexico, Mexico, 4 de marzo (IPS)— El campesino mexicano Luis Rosas espera que el diálogo entre gobierno y grupos agrarios le permita recibir nuevos subsidios y que el país renegocie con Canadá y Estados Unidos el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), pero lo más probable es que resulte defraudado.

El objetivo del diálogo, iniciado en febrero, es definir una nueva política que permita sacar al agro de su pobreza. En la actualidad, son pobres 90 por ciento de las 25 millones de personas que viven en el campo mexicano.

“El gobierno sólo responderá a propuestas viables”, y la vigencia del TLCAN no está en discusión, advirtió el secretario (ministro) de Agricultura, Javier Usabiaga.

Los problemas del sector persistieron y se agravaron pese a la revolución agrarista de comienzos del siglo XX, que causó la muerte de cerca de un millón de personas, y a 71 años de gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que invoca la herencia y defensa de aquella revolución.

“Me dicen (los dirigentes campesinos) que el gobierno soltará ayuda pronto y eso es bueno. Ya espero que me la den”, dijo a IPS Rosas, un agricultor pobre de 71 años, miembro de la Unión Campesina Democrática (UCD), que asiste como oyente a las negociaciones con el gobierno, junto con otras 300 personas.

Ese diálogo se desarrolla en la capital y ambas partes esperan que termine a mediados de marzo.

Rosas prefiere pasar la mayor parte del tiempo en la zona rural del estado de México, vecino a la capital, donde tiene un predio de dos hectáreas sembrado con maíz, que según indicó “ya no da para comer”.

La UCD, identificada con posiciones políticas de izquierda, pide renegociar el TLCAN, porque le atribuye el origen de la mayoría de los males del campo. Los compañeros de Rosas le aseguraron que esa demanda será satisfecha.

El gobierno ya recibió más de 2.000 ponencias escritas en el marco del diálogo, y muchas de ellas propusieron aumentar subsidios a la agricultura, acotar el libre mercado interno y renegociar el capítulo agrícola del TLCAN, con Canadá y Estados Unidos.

Otras pidieron cambiar las políticas hídricas y de riego, frenar la importación y consumo de productos transgénicos, amnistiar a campesinos acusados de diversos delitos y prohibir que sociedades mercantiles compren tierras comunales.

También se planteó dictar una ley sobre derechos y cultura indígenas, con contenido afín a las reivindicaciones del insurgente Ejército Zapatista de Liberación Nacional, asentado en el meridional estado de Chiapas.

Las propuestas inviables, pero que tengan sentido, serán dejadas para un análisis posterior, prometió Usabiaga.

El gobierno del presidente Vicente Fox, primero ajeno al PRI en más de siete décadas, ofreció procesar todos los pedidos de los campesinos, pero advirtió que el Estado no tiene dinero para más subsidios y que está cerrada la posibilidad de revisar el TLCAN.

En las mesas de diálogo, los representantes gubernamentales han sido abucheados en numerosas ocasiones por señalar que los subsidios sólo podrían elevarse si aumentan los impuestos, y que la estructura de libre mercado no puede cambiarse por decreto.

Los campesinos entablaron el diálogo con el gobierno luego de realizar marchas para protestar contra la nueva etapa de apertura comercial agrícola pautada por el TLCAN, que entró en vigor en enero.

Esa nueva fase implicó eliminar aranceles para el intercambio de 21 productos agrícolas, entre ellos papa, trigo, manzana, cebolla, café y carnes de pollo y de becerro.

El TLCAN previó tres etapas de apertura para el comercio agrícola y pecuario. La primera comenzó en 1994, cuando entró en vigor el acuerdo, y el comienzo de la tercera se fijó para 2008.

El gobierno de Fox prometió cumplir los acuerdos que firme con los campesinos, pero observadores creen que sólo aceptará tales acuerdos si se enmarcan en las estructuras de mercado y no amenazan el equilibrio fiscal.

“Si el gobierno pretende alcanzar acuerdos generales y sin sustancia, recibirá como respuesta la movilización y el rompimiento del diálogo”, afirmó José Durán, dirigente de la UCD.

En las negociaciones participan varios grupos, y los más importantes son la Confederación Nacional Campesina (CNC), ligada al opositor PRI, y la alianza de organizaciones campesinas El Campo No Aguanta Más.

El gobierno no debe minimizar los problemas del campo ni buscar soluciones superficiales, pues si lo hace hay el riesgo de un estallido social, advirtió la CNC.

Hay “redentores” que dicen representar al campo, pero que no dejan trabajar, comentó Fox tras conocer las críticas de dirigentes campesinos contra su gobierno en las mesas de negociación.

La mayoría de los grupos campesinos atribuyen los problemas del sector rural a la apertura comercial agrícola y al abandono del Estado.

En las últimas décadas, Canadá y Estados Unidos subsidiaron a sus productores del campo mientras abrían sus mercados, pero México redujo en ese periodo sus políticas de apoyo a la agricultura.

La inversión pública en fomento rural disminuyó 95,5 por ciento de 1982 a 2001, indicó el investigador José Luis Calva, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

En 1982, cuando el país comenzó a aplicar políticas de apertura comercial, la importación anual de alimentos tenía un valor de 7.790 millones de dólares, y en 2001 había aumentado a más de 11.000 millones de dólares, destacó.

Veinte por ciento de los trabajadores del país residen en el campo, y en Estados Unidos esa proporción es apenas a 2,6 por ciento. No obstante, la productividad por hectárea estadounidense es 16 veces mayor que la mexicana, según varios estudios.

En Estados Unidos, el promedio de subsidio estatal a agricultores es 122 dólares por hectárea, y en México sólo 53 dólares por hectárea.

En México hay 20 tractores por cada 1.000 trabajadores, y en Estados Unidos 1.484.

Las diferencias en materia de desarrollo agrícola con Estados Unidos son enormes, y el país debe modernizarse para poder competir, destacó Usabiaga.

El secretario puso como ejemplo la experiencia de productores locales de frutas y hortalizas, que lograron tecnificarse y conquistar el mercado del Estados Unidos mediante grandes inversiones.

De 1994 y 2001, las exportaciones de brócoli y otros productos agrarios al mercado estadounidense crecieron más de 400 por ciento, subrayó.

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