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Contaminación deja a 500.000 personas
sin agua en Brasil
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Woolsey, aspirante a virrey
Por Jim Lobe
Washington, DC, 5 de abril (IPS) El ex jefe de la CIA R. James
Woolsey aspira a hacerse cargo de administrar Iraq al cabo de la guerra.
Su posible designación dice mucho sobre la intención del
gobierno de Estados Unidos de cambiar el rumbo de Medio Oriente.
Woolsey es la principal carta del ala más derechista de la administración
de George W. Bush, en especial del denominado sector neoconservador del
gobernante Partido Republicano.
Entre sus contactos en el Poder Ejecutivo estadounidense figura el subsecretario
de Defensa, Paul Wolfowitz, y también cultiva una estrecha relación
con el influyente ex jefe de asesores políticos del Pentágono,
Richard Perle.
Woolsey promueve hace mucho tiempo el uso del poder militar sin par de
Estados Unidos para la transformación política del mundo
árabe. Fue, además, uno de los grandes impulsores de la
invasión a Iraq desde los atentados contra Nueva York y Washington
que dejaron 3.000 muertos el 11 de septiembre de 2001.
Para el ex jefe de la CIA (Agencia Central de Inteligencia), Estados Unidos
ya está inmerso en lo que él y sus compañeros neoconservadores
denominan la cuarta guerra mundial.
Los beligerantes en esta versión armada del choque de civilizaciones,
formulado en la teoría por el historiador Samuel Huntington, son
Estados Unidos y Gran Bretaña, por un lado, y, por el otro, extremistas
islámicos como los de la red Al Qaeda, teócratas de Irán
y los gobiernos fascistas de Iraq y Siria.
Estos tres sectores enemigos de Occidente, en realidad, tienen poco en
común. La mayoría de la red Al Qaeda, a la que se atribuyen
los atentados de 2001, practican el Islam sunita. El régimen iraní
es chiíta. Y el partido Baath, con alas hoy enfrentadas que gobiernan
en Iraq y en Siria, es secular.
Woolsey cree que otros gobiernos autoritarios del mundo árabe,
como los del presidente Hosni Mubarak en Egipto y la familia Saud en Arabia
Saudita, han asumido un pacto fáustico con la secta
islámica wahabita, el cual ha permitido que se perpetren la mayoría
de los atentados vinculados con el Islam en el mundo.
Queremos que ustedes se pongan nerviosos, dijo Woolsey, como
si se dirigiera a Mubarak y a los Saud, pero no en persona sino ante un
auditorio de estudiantes de la Universidad de California en Los Angeles
el jueves.
Queremos que se den cuenta ahora, por cuarta vez en un siglo, que
este país y sus aliados están en marcha, y que estamos del
lado de aquellos a quienes ustedes más temen: estamos del lado
de vuestro propio pueblo, afirmó.
En una conferencia de la Organización del Tratado del Atlántico
Norte (OTAN) celebrada en noviembre en Praga, Woolsey declaró:
Iraq puede ser considerada la primera batalla de la cuarta guerra
mundial. El dirigente emplea tal retórica desde el 11 de
septiembre de 2001.
Luego de dos guerras mundiales calientes y una fría,
todas ellas con epicentro en Europa, la cuarta guerra mundial será
para Medio Oriente, afirmó.
Abogado de alto vuelo al servicio de grandes compañías,
Woolsey, como otros neoconservadores, fue en los años 60 un liberal
del hoy opositor Partido Demócrato que acompañó las
manifestaciones por los derechos civiles de la minoría negra.
Participó, incluso, en la campaña electoral de 1968 a favor
de la candidatura del candidato demócrata que se oponía
a la guerra de Vietnam, Eugene McCarthy.
Pero un detalle que lo aleja, en cierta medida, de sus correligionarios
neoconservadores es que tuvo un breve pasaje por las fuerzas armadas.
Fue en la marina de guerra.
Luego, se convirtió en funcionario del gobierno de la mano de las
entonces flamantes estrellas del movimiento neoconservador, como Perle
y Wolfowitz, en carácter de participante en las negociaciones internacionales
para el control de armas.
Fue subsecretario de la Marina de Guerra en el gobierno de Jimmy Carter
(1977-1981), y en la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989) volvió
a colaborar en la negociación multilateral sobre armamento, tarea
en que también se desempeñó en el periodo del padre
del actual mandatario, George Bush (1989-1993).
Descontento con el realismo político del primer Bush, en especial
con su decisión de no prolongar la primera guerra del Golfo (1991)
hasta derrocar al presidente iraquí Saddam Hussein, apoyó
en 1992 la candidatura del demócrata Bill Clinton, quien estuvo
al frente del gobierno entre 1993 y 2001.
Sus amigos neoconservadores se entusiasmaron cuando Clinton designó
a Woolsey director de la CIA, pero renunció en 1995. Nunca pudo
establecer una relación estrecha con el presidente: se reunieron
solo en dos ocasiones. Clinton lo consideraba un fanfarrón,
dijo un ex alto funcionario del gobierno.
En el llano, Woolsey alimentó sus obsesiones contra Saddam Hussein.
En enero de 1998 firmó una carta dirigida a Clinton junto con otras
personalidades del entonces flamante Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense
(PNAC), en que reclamaba acciones para un cambio de régimen
en Iraq como principal objetivo de la política exterior de Washington.
El mismo año, ejerció fuerte presión al Congreso
legislativo por la aprobación de la Ley de Liberación de
Iraq, que significó la formalización del cambio de
régimen como política oficial estadounidense.
No menos importante, la ley asignaba 100 millones de dólares al
opositor Congreso Nacional Iraquí (CNI) del dirigente Ahmed Chalabi.
Los neoconservadores pisaron fuerte el acelerador luego de los atentados
de 2001. Pocos días después, Perle convocó a la junta
de asesores del Pentágono con el fin de pergeñar argumentos
para atacar Iraq, y Woolsey obtuvo el encargo de buscar en Europa evidencia
sobre vínculos entre Saddam Hussein y Al Qaeda.
Tras muchas semanas de investigación, el ex jefe del espionaje
estadounidense volvió al país con la versión según
la cual el jefe de los secuestradores de aviones que cometieron los ataques
contra Nueva York y Washington se había reunido con un agente iraquí
en Praga en abril de 2001.
La historia, atribuida a un informante anónimo de los organismos
de seguridad de República Checa, fue calificada de inverosímil
por agencias de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia
e Israel.
Pero eso no impidió que la versión se convirtiera en la
base de una campaña de propaganda a favor de la guerra en Iraq,
y fue repetida como verdad comprobada por Woolsey y otros neoconservadores
en los diarios y en la televisión estadounidense cuando aún
no había terminado la operación militar en Afganistán.
Woolsey llegó a sugerir que Saddam Hussein estuvo detrás
del primer atentado a las torres gemelas del World Trade Center de Nueva
York, en 1993, por el cual ya había incluso procesados en Estados
Unidos, y de los envíos por correo de esporas de ántrax
(carbunco) en 2001.
El abogado llegó, incluso, a atribuir el fracaso de las agencias
de espionaje en la tarea de confirmar la conexión entre Saddam
Hussein y Al Qaeda a su falta de imaginación.
La campaña dio frutos. A fines del año pasado, más
de la mitad de los entrevistados para una encuesta nacional dijeron creer
que el presidente iraquí estaba, de algún modo, vinculado
con los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Woolsey fue, también, uno de los que pronosticó que la población
iraquí daría la bienvenida a los soldados invasores estadounidenses
y que, si Washington lanzaba la guerra, sus aliados en Europa, a la postre,
lo apoyarían.
Necesitamos a Turquía, pero realmente no necesitamos a los
europeos. De todos modos, ellos serán los primeros en formar fila
para subirse a nuestras espaldas luego de nuestro éxito, y nos
dirán entonces que siempre estuvieron de nuestro lado, dijo
en diciembre de 2001 al diario The Washington Post.
Como otros neoconservadores, Woolsey también muestra cierta ambivalencia
al referirse a la revolución democrática que pretende para
el mundo árabe.
Sólo el temor restablecerá el respeto por Estados
Unidos, dijo a The Washington Post cuando se le preguntó
si las campañas agresivas en el mundo árabe no redundarían
en respaldo de los radicales islámicos, en especial de Al Qaeda.
Y cuando se le consultó si mantendría su entusiasmo por
la democracia en Medio Oriente si los partidos islámicos hostiles
a Estados Unidos ganaran mañana las elecciones, dijo: ueno,
quizás entonces las elecciones deban hacerse pasado mañana.
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Contaminación deja a 500.000 personas
sin agua en Brasil
Por Mario Osava
Rio de Janeiro, Brasil, 2 de abril (IPS) Estamos peor que
en Iraq, afirmó Joacy Ferreira Gonçalves, presidente
de la brasileña Colonia de Pescadores V-21, para destacar el efecto
de un desastre que dejó sin seres vivos ni agua potable a gran
parte de dos ríos del sudeste del país.
El drama empezó el sábado, cuando se rompió el estanque
de decantación de la Industria Cataguazes de Papel, en el municipio
de Sao Fidelis, en el estado de Minas Gerais, y por lo menos 20 millones
de litros de desechos químicos, entre ellos azufre, cloro activo
y sulfato de sodio, se derramaron en el río Pomba.
Esos venenos desembocaron en el río Paraíba del Sur, uno
de los más importantes del país, y quedaron sin agua potable
medio millón de habitantes de la región centroriental de
Minas Gerais y del norte del estado de Río de Janeiro.
La mortandad de peces en el agua enegrecida, con pésimo olor y
cubierta de espuma, es la señal más evidente de la catástrofe.
Sao Fidelis, una de casi 50 ciudades afectadas, era llamada la tierra
de la langosta, y ahora es la tierra de la destrucción, lamentó
Gonçalves, líder de los 600 pescadores de la Colonia V-21
(por el nombre del barrio en que viven), que ahora discuten cómo
sobrevivir mientras no haya vida en el tramo local del Paraíba.
Biólogos y técnicos ambientales prevén que la descontaminación
de los ríos puede llevar 10 años, ya que las sustancias
tóxicas impregnaron el lecho del río y se descomponen muy
lentamente. La salud de tres millones de personas está amenazada,
según ambientalistas del Movimiento Grito de las Aguas.
Los pescadores de Sao Fidelis repoblaban el río con
langostas y peces desde 1995 y todo eso está perdido,
se quejó indignado Gonçalves. Antes cada uno podía
pescar hasta cuatro kilogramos de langosta por día, señaló.
Los pescadores del barrio V-21 aún disponen de agua para beber,
cocinar y bañarse como gatos una semana, almacenada
apenas recibieron la noticia del accidente y antes de que la contaminación
llegara a Sao Fidelis, dijo el dirigente.
Pero otros municipios, río arriba, no pudieron prevenirse.
Santo Antonio de Padua, por ejemplo, está sin agua hace cuatro
días, y sus 35.000 habitantes viven el caos,
dijo por teléfono a IPS el alcalde de esa localidad, Luiz Fernando
Padilha.
El agua indispensable para que la población no muera del sed es
suministrada mediante camiones, y las calles están ocupadas por
mujeres y niños cargando sus cubos, en un triste espectáculo,
lamentó. El baño sólo es posible en poblados vecinos,
donde hay pozos artesianos.
Unos 300 pescadores de Santo Antonio de Padua perdieron su fuente de ingreso
por muchos años, y fueron destruidos proyectos de piscicultura
desarrollados en los 12 últimos años, informó Padilha.
Mas tarde pensaré qué hacer por esas personas. Por
ahora hay que buscar un mínimo de agua para la sobrevivencia de
todos, ya que la del río Pomba, que abastecía la ciudad,
estará envenenada por muchos días más, sostuvo.
Se ha puesto en marcha la captación de agua en pequeños
riachuelos cercanos y no contaminados, pero eso sólo puede cubrir
20 por ciento del abastecimiento normal, explicó el alcalde.
Además, el cierre de las escuelas de Santo Antonio dejó
sin clases a 15.000 estudiantes, y se han suspendido muchas actividades
económicas. La Compañía Paduana de Papeles, que tiene
450 empleados, paralizó su producción al igual que 30 empresas
de minería de piedras, que suman más de 1.000 trabajadores.
El temor de Padilha y otros alcaldes es que también deba detenerse
la agricultura ribereña. Campos, la mayor ciudad de la región,
con 400.000 habitantes y cerca de la desembocadura del Paraíba
del Sur en el Atlántico, mantuvo sus canales de irrigación
cerrados el martes, y el suministro de agua a la población interrumpido
este miércoles.
Las autoridades ambientales suspendieron la actividad de la Industria
Cataguazes y le aplicaron una multa de unos 15 millones de dólares.
La empresa es reincidente. Hace 16 años hubo protestas de varios
municipios porque echaba sus residuos directamente al río. Entonces
construyó el estanque para desechos que se rompió el sábado,
destacó Padilha.
La industria de papel y celulosa, así como la petrolera, provocaron
varios desastres ambientales en ríos y aguas marítimas de
Brasil en los últimos años. Falta fiscalización
del gobierno y vergüenza de los empresarios que sólo quieren
ganar dinero, acusó el alcalde de Santo Antonio de Padua.
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