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Pobreza acecha detrás de acuerdo
comercial
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Periodistas escapan para no ser asesinados
Por Yadira Ferrer
Bogota, Colombia, 8 de abril (IPS) Un grupo de 14 periodistas colombianos
huyeron del oriental departamento de Arauca tras ser declarados objetivos
militares por guerrilleros de izquierda y paramilitares de derecha.
Su comunidad quedó desinformada por la censura de los violentos.
Esos periodistas se trasladaron a Bogotá hace una semana sin sus
familias, tras saber que figuraban en listas de condenados a muerte de
las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y las Autodefensas
Unidas de Colombia (AUC), y luego de que dos colegas fueran asesinados
desde mediados de 2002.
Los 14 trabajaban en medios de comunicación de la ciudad de Arauca,
capital del departamento, o de localidades vecinas. Otros dos comunicadores
también amenazados, de la localidad de Saravena, aún no
han escapado de ella por temor a una emboscada.
Arauca, con cerca de 300.000 habitantes, es una región estratégica
por sus recursos petroleros para las FARC, el también izquierdista
Ejército de Liberación Nacional y las paramilitares AUC.
En septiembre, el presidente Alvaro Uribe transformó a ese departamento
en una de las llamadas zonas especiales de rehabilitación o de
seguridad, bajo control de las Fuerzas Armadas, al amparo del estado de
excepción vigente desde el 12 de agosto, pero eso no puso fin a
la violencia.
Un habitante de Arauca que pidió anonimato por razones de seguridad
dijo a IPS que desde entonces explotaron nueve coches- bomba, que mataron
a por lo menos 10 personas, el comercio decayó en las ciudades,
y los asesinatos selectivos aumentaron, al igual que las renuncias de
funcionarios amenazados por grupos armados.
Las amenazas para silenciar a periodistas comenzaron a mediados del año
pasado, y desde entonces se materializaron dos asesinatos.
La primera víctima, en junio de 2002, fue Efraín Varela,
director de la emisora Meridiano 70, y la segunda, el 18 de marzo, Luis
Alfonso, director del noticiero de la misma emisora y colaborador del
diario El Tiempo, único de circulación nacional.
El asesinato de Alfonso causó enérgicas condenas de la organización
no gubermamental Reporteros sin Fronteras, con sede en Francia, y de la
Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que cuestionaron la efectividad
del gubernamental programa de protección para periodistas.
Angel León, director del noticiero de la emisora Radio DIC, dijo
a IPS que tras la muerte de Varela llegó a ese medio de comunicación
un correo electrónico del bloque de las AUC en Arauca, con amenazas
a todos los periodistas, a los presentadores de telenoticieros locales,
a los gerentes de las emisoras y a los dueños de los medios de
comunicación.
La situación se agravó el 28 de marzo, cuando el corresponsal
en Arauca de la radioemisora Caracol, Rodrigo Avila, dio a conocer dos
listas de periodistas condenados a muerte, una de las AUC con 10 nombres,
que incluía a los asesinados Alfonso y Varela, marcados con una
cruz, y otra de las FARC con ocho nombres.
Un periodista que pidió no ser identificado por razones de seguridad
dijo a IPS que la declaratoria de Arauca como zona de rehabilitación
aumentó los problemas de los reporteros, porque a las presiones
de grupos armados ilegales se sumaron las de algunos miembros de fuerzas
de seguridad.
Según la fuente, los periodistas se exponen a represalias si no
difunden por completo los comunicados que reciben de guerrilleros y paramilitares.
Pero los funcionarios de seguridad también se molestan cuando un
periodista omite de los boletines oficiales términos como narcoterroristas,
narcoguerrilleros, o delincuentes, usados por
el gobierno para referirse a los grupos armados ilegales.
Uribe pide resultados a los militares en todo el país, y especialmente
en las zonas de rehabilitación.
Eso a veces lleva a que miembros de las Fuerzas Armadas quieran utilizar
a los periodistas para enviar mensajes de operativos supuestamente exitosos,
y presionen para lograrlo, indicó el presidente del Círculo
de Periodistas de Bogotá (CPB), César Velásquez.
Pero la prensa no puede ser la caja de resonancia de las partes,
para agrandar o achicar los hechos según sus intereses, o para
quedarse callados frente a algunos hechos, aseveró.
Según el vicepresidente Francisco Santos, el gobierno se interesó
por la situación de los periodistas de Arauca, y ofreció
trasladar a Bogotá a los que quisieron abandonar ese departamento,
pero la mayoría lo hizo por sus propios medios.
Santos dijo que ha sostenido varias reuniones con periodistas, organizaciones
gremiales y miembros de los ministerios de Defensa y del Interior, para
discutir con qué garantías de seguridad podrían regresar
a Arauca los periodistas que huyeron, y que se ha planteado un cronograma
de actividades para ese retorno.
Los periodistas deben comprender que en una región tan difícil,
que estuvo olvidada durante décadas por el Estado, cuando
el gobierno empieza a intervenir de modo muy directo, obviamente
los guerrilleros y paramilitares que la habían controlado quieren
demostrar, mediante la intimidación, que la recuperación
está fracasando, alegó.
Las presiones en Arauca hicieron primero que los periodistas de Arauca
practicaran la autocensura, y en la actualidad ese departamento no
sólo es un sitio peligroso, sino que es un sitio sin periodistas,
señaló Ignacio Gómez, de la Fundación para
la Libertad de Prensa.
Si no se aplican correctivos, los colombianos tendrán que
acostumbrarse a (contar sólo con) los boletines que emiten el Ejército
y los actores violentos, añadió.
Según organizaciones internacionales, en los últimos 14
años fueron asesinados en Colombia unos 115 periodistas, y eso
ha convertido al país en uno de los más peligrosos para
ejercer la profesión.
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Pobreza acecha detrás de acuerdo
comercial
Por Emad Mekay
Washington, DC, 10 de abril (IPS) Estados Unidos y cinco países
de América Central no deben apresurarse a firmar un acuerdo de
libre comercio, que hundirá a agricultores y otros grupos vulnerables
en una pobreza mayor de la que ya sufren, advirtieron 63 organizaciones
de la sociedad civil.
Sindicatos y organizaciones de fomento al desarrollo y a la agricultura,
de derechos humanos y de solidaridad con países centroamericanos,
la mayoría estadounidenses, firmaron una carta dirigida al presidente
George W. Bush, quien se reunió este jueves con sus pares de los
cinco países centroamericanos.
El tratado comercial ocasionará grandes perjuicios a los agricultores,
trabajadores, y gobiernos locales de Costa Rica, El Salvador, Guatemala,
Honduras, y Nicaragua, según la carta.
Bush recibió este jueves en Washington a los presidentes Abel Pacheco,
de Costa Rica; Francisco Flores; de El Salvador, Alfonso Portillo; de
Guatemala; Ricardo Maduro; de Honduras; y Enrique Bolaños, de Nicaragua.
El representante comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick, y otros
funcionarios del gobierno promocionan el acuerdo como mecanismo para acabar
con la pobreza y promover el desarrollo en América Central.
Por su parte, los cinco presidentes de la región latinoamericana
argumentan que el tratado reducirá las barreras comerciales estadounidenses
a sus productos agrícolas.
El acuerdo abrirá América Central a las exportaciones estadounidenses
de maquinarias y equipos, productos químicos, plasticos y textiles,
manzanas, maíz, trigo, arroz, y alimentos procesados. Mientras,
los países centroamericanos podrán vender a Estados Unidos
caña de azúcar, café, y pescado.
La agricultura representa un tercio de la fuerza de trabajo de la región,
según la Organización Internacional del Trabajo.
Las exportaciones de Estados Unidos a América Central crecieron
42 por ciento entre 1996 y 2002, año en que ascendieron a 9.000
millones de dólares, cifra y equivalente a las ventas sumadas a
Rusia, India, e Indonesia.
Mientras, las importaciones de productos centroamericanos a Estados Unidos
sumaron 11.000 millones de dólares, 74 por ciento libres de aranceles.
Pero los activistas manifestaron en su carta a Bush, cuya copia fue enviada
también a los cinco presidentes centroamericanos, grandes preocupaciones
por la participación de la sociedad civil y la transparencia
en el proceso de negociaciones.
El diálogo contó, hasta ahora, con limitada participación
de la sociedad civil, aparte del sector empresarial, según la carta,
que describe el plan de realizar audiencias públicas en los países
involucrados como insignificante.
Faltan siete meses para el plazo fijado para terminar el texto del
acuerdo, y hasta ahora no se estableció un proceso significativo
para la participación de la sociedad civil de América Central,
advierte.
El texto en negociación aún no está disponible al
público, lo que sí sucede con los dos proyectos para el
Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), difundidos parcialmente
en el sitio de las negociaciones en la red informática mundial
Internet.
Para que cualquier acuerdo comercial sea legítimo, el plazo
debe extenderse, el texto debe publicarse y deben crearse mecanismos para
la participación en los procesos de negociación e implementación
del acuerdo, dijo la activista Vicki Gass, de la no gubernamental
Oficina de Washington para América Latina (WOLA).
Muchas de las organizaciones firmantes de la carta manifiestan preocupación
sobre asuntos concretos de las negociaciones, como agricultura y desarrollo
sustentable, derechos laborales, normas de inversión, protección
de los conocimientos tradicionales, acceso a las medicinas, y garantías
para los servicios públicos esenciales.
Algunos activistas temen que los sindicatos centroamericanos no participen
en las negociaciones previstas para mayo.
La actual política comercial estadounidense llama, en principio,
al respeto de principios internacionales sobre derechos laborales. Eso
obligó a Guatemala a reformar sus leyes laborales, elevar el salario
mínimo y aumentar las sanciones a las violaciones de esos derechos.
Pero el tratado comercial en negociaciones no incluye medidas al respecto.
Se aceptan las actuales leyes laborales, que en América Latina
están, con frecuencia, por debajo de las normas internacionales,
dijo el activista Stephen Coats, del estadounidense Proyecto de Educación
Sindical de las Américas.
El acuerdo en ciernes significará un retroceso en los compromisos
asumidos en las últimas dos décadas por Estados Unidos de
proteger los derechos de los trabajadores, agregó.
Los activistas también manifestaron preocupación por la
posibilidad de que el acuerdo incluya una cláusula presente en
el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y en
los borradores del ALCA, según la cual los inversores extranjeros
tendrán el derecho a querellar a gobiernos por leyes que reduzcan
sus beneficios.
La cláusula se aplicó para permitir la instalación
en una localidad de México de un basurero de residuos tóxicos,
contra la ley que vetó en el sudoccidental estado estadounidense
de California el uso de un aditivo de combustible carcinogénico
y para eliminar los subsidios al sistema postal de Canadá.
Es un mecanismo antidemocrático y injusto que no debería
repetirse en el acuerdo con América Central o en otros, pero todo
evidencia que es exactamente lo que los negociadores estadounidenses intentan
hacer, dijo la coordinadora del programa comercial de la organización
no gubernamental The Development GAP, Karen Hansen-Kuhn.
Algunos agricultores estadounidenses también se oponen al acuerdo.
Desde la firma del TLCAN en 1993, las importaciones de Estados Unidos
desde Canadá y México crecieron con demasiada rapidez, lo
cual originó un exceso de oferta que redujo los precios en los
tres países, afirmaron.
Nuevos tratados comerciales significarán menos agricultores
trabajando, dijo la activista de la Coalición Nacional de
la Familia Granjera Dena Hoff. Si la intención es mantener
a los campesinos en la tierra y que prosperen, deben tener precios por
encima del costo de producción, agregó.
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