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No. 223, Apr. 24-30, 2003

Soldados de EEUU dicen no a la guerra
al artículo

Aumenta presencia militar
de EEUU en America Latina

Por Jeremy Bigwood

Washington, DC, 18 de abril (IPS)— Estados Unidos aumentó su presencia militar en Colombia como parte de una estrategia tendiente a afianzar su control sobre América Latina mientras la atención mundial se concentra en Medio Oriente, según observadores.

Las operaciones militares abiertas y encubiertas de Estados Unidos se han expandido en la región andina. Sólo en Colombia, la presencia de uniformados estadounidenses, limitada a 300 por el Congreso legislativo en Washington, se acerca ya a 400.

Y esta cifra no incluye los “contratistas civiles” que, según activistas, participan en las acciones militares. Los últimos soldados que ingresaron en territorio colombiano tienen, supuestamente, la misión de rescatar a contratistas civiles secuestrados por insurgentes de izquierda.

El plan del gobierno de George W. Bush consiste “en eliminar económica y militarmente a los movimientos sociales e indígenas para obtener sus recursos y territorios”, dijo a IPS el legislador boliviano Evo Morales, segundo candidato más votado en las elecciones presidenciales de su país el año pasado.

El aumento de la presencia militar estadounidense en América Latina es considerada por expertos una renovación de la Doctrina Monroe, dictada en 1823 por el entonces presidente James Monroe (1758-1831).

La Doctrina Monroe reivindicaba a comienzos del siglo XIX el continente americano como esfera de influencia exclusiva de Estados Unidos. Sus lineamientos no pudieron implementarse, debido a la debilidad militar de este país, hasta la guerra con España de 1898.

A través de su Doctrina, el gobierno de Monroe advertía a las potencias europeas que cualquier intervención en los asuntos de América sería considerada por Washington una amenaza a “la paz y felicidad” de Estados Unidos.

Eso implica que Washington puede intervenir militarmente en otros países América. “En algún modo, la Doctrina Monroe puede ser interpretada para justificar el imperialismo yanqui en la región”, dijo a IPS el portavoz del Comando Sur de Estados Unidos, Steve Lucas.

América del Sur y Central —con excepción de las islas Malvinas y Georgias del Sur, bajo control de Gran Bretaña— son el área de responsabilidad del Comando Sur.

El programa “Nuevo Horizonte” consiste en ejercicios “en toda el área de responsabilidad: América Central, parte del Caribe, y América del Sur”, dijo Lucas desde su oficina en Miami. El programa involucra a reservistas estadounidenses y a la Fuerza Aérea, y se concentra en “acciones cívicas”, explicó.

Estas tareas incluyen “la construcción de carreteras, escuelas, pozos de agua” y otras obras de infraestructura, agregó Lucas.

Para Morales, en cambio, “bajo la cubierta de la ‘acción cívica’, un grupo de militares estadounidenses vinieron a Bolivia, pero no a hacer trabajos sociales sino estudios de inteligencia”.

La investigadora GeorgeAnn Potter, de la Universidad Católica de Bolivia, consideró que “nadie en América Latina y en el Caribe cree que los programas de acción cívica estadounidenses son más que una intervención”.

“Con la caída del muro de Berlín en 1989, Estados Unidos perdió el pretexto del ‘comunismo’ para intervenir en América Latina y en el Caribe —fuera de Cuba— y asumió la ‘guerra contra las drogas’ como excusa para su presencia militar. Luego del 11 de septiembre de 2001, el pretexto fue la ‘guerra contra el terrorismo’”, dijo Potter.

El programa “Tres más Uno” del Departamento de Estado (cancillería) estadounidense se instaló para vigilar “actividades de financistas de (el islámico Partido de Dios) Hizbolá y de (el Movimiento de Resistencia Islámica) Hamás en la triple frontera” entre Argentina, Brasil, y Paraguay, según el coordinador de acciones antiterroristas de la cartera, Cofer Black.

Poco más se conoce del programa. “Hasta donde yo sé, no hay actividades del ejército estadounidense en la triple frontera, al menos abiertas”, dijo Lucas a IPS.

Pero, según Morales, la guerra contra el terrorismo “es un mero pretexto inventado por Estados Unidos para intervenir y controlar”. “No creo que haya una amenaza terrorista allí”, agregó.

Mientras, se establecen más bases militares estadounidenses en la región, algunas de gran porte en Aruba, Curaçao, Ecudor, y El Salvador, hasta pequeños centros de vigilancia por radar para “control del narcotráfico”.

Otras actividades incluyen los ejercicios de entrenamiento conjunto como los programas Cabañas, para los ejércitos, Unitas para las armadas, y Aguila para las fuerzas aéreas.

“Si podemos entrenar y equipar a otros países para actuar en beneficio de lo que consideramos los intereses nacionales de Estados Unidos, bueno, ese es nuestro trabajo, por supuesto”, dijo Lucas.

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Soldados de EEUU dicen no a la guerra

Por Gabriel Packard

Nueva York, Nueva York, 16 de abril (IPS)— Cientos de soldados de Estados Unidos pidieron que las Fuerzas Armadas los reconozcan como objetores de conciencia a la guerra contra Iraq, según la organización Centro sobre Conciencia y Guerra (CCW).

Desde inicios de año, muchos soldados estadounidenses se dieron cuenta de que tendrían que luchar en la guerra contra Iraq. Y aumentó considerablemente la cantidad de efectivos que quieren ser considerados objetores, según CCW, que brinda asesoramiento a personal militar en la materia.

“Como mínimo son unos cientos, y esa cifra sólo incluye a aquellos que acuden a mi grupo y a otros similares con los que estamos relacionados. Unos cuantas más habrán optado por diferentes vías, y algunos lo hicieron por su cuenta”, dijo a IPS J.E. McNeil, de CCW.

El enrolamiento militar es voluntario en Estados Unidos, pero para muchos un contrato con las Fuerzas Armadas es un trabajo y un salario seguros, o un respaldo económico para cursar estudios superiores.

Para los inmigrantes, la carrera militar es un camino directo a la residencia legal.

Existen tres grupos de soldados que tuvieron este cambio de opinión, señaló McNeil.

El mayor lo integran jóvenes que se alistaron a los 18 o 19 años, con escas experiencia y que suelen ser pobres, con pocas oportunidades de empleo, o que buscan una manera de pagar sus estudios universitarios. Son sobre todo anglosajones pobres, hispanos o negros.

Como las Fuerzas Armadas estadounidenses procuran reclutar primordialmente a los jóvenes pobres de los centros urbanos, éste es el grupo de objetores más numeroso y de más rápido crecimiento, según Mc Neil.

El segundo grupo incluye a aquellos que “buscaron un crecimiento espiritual y llegaron a creer que Dios no quiere que participen en la guerra”, agregó McNeil.

El tercero lo integran quienes “ingresan al ejército comprendiendo la guerra y dispuestos a aceptarla. Pero algo sucede durante su servicio que les hace cambiar de opinión”, explicó.

Los principios del objetor de conciencia típico le prohíben tomar parte en la muerte organizada. Esta objeción se aplica a todos o algunos aspectos de la guerra.

Sólo un pequeño porcentaje de soldados que lo solicitan son licenciados como objetores de conciencia.

El número de objetores en la guerra contra Iraq no se conoce aún, ya que las estadísticas militares tardan un año en publicarse y las solicitudes de los objetores se responden entre seis meses y un año después de presentadas, en promedio.

Las estadísticas militares tampoco cuentan las solicitudes de los soldados ausentes sin permiso, como Stephen Funk, un reservista de la armada que se declaró públicamente como objetor de conciencia antes de volver a reportarse a su base militar en San José, California, el 1 de este mes.

Funk, de 20 años, se percató de su rechazo a todo tipo de guerra durante su entrenamiento, que incluía el ataque con bayonetas a muñecos con forma humana al grito de “matar, matar”.

Funk se convirtió en un símbolo de resistencia en Estados Unidos y el mundo desde que declaró su rechazo a la guerra.

Aimee Allison es una objetora de conciencia de la primera guerra del Golfo (1991) que respalda a Funk. “Personas de Yesh Gvul (grupo de soldados israelíes que se niegan a combatir en los territorios ocupados en Palestina) se comunicaron conmigo para ofrecer su apoyo y solidaridad a Stephen”, dijo.

“La gente de otros países está orgullosa de que un estadounidense se oponga a la hegemonía y la violencia de la guerra en Iraq”, agregó.

Soldados de otros países, como Turquía, se negaron a combatir en la guerra contra Iraq. Tres soldados británicos fueron enviados a casa desde el Golfo luego de oponerse a la invasión del territorio iraquí.

Un legislador del Parlamento inglés, George Galloway, llamó a “las fuerzas británicas a negarse a obedecer las órdenes ilegales” de la guerra.

La licencia por objeción de conciencia es una vieja práctica de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y siempre aumenta en épocas de guerra.

CCW señaló que hubo unos 200.000 objetores hasta el fin de la guerra de Vietnam en 1975, 4.300 en la de Corea (1950-53), 37.000 en la segunda guerra mundial (1939-45), y 3.500 en la primera guerra mundial (1914-18).

En la primera guerra del Golfo, el ejército reconoció a 111 objetores antes de poner fin a la práctica, lo cual llevó a que 2.500 soldados fueran enviados a la cárcel, precisó Bill Gavlin, del CCW, citando un artículo del diario Boston Globe.

Varios objetores de esa guerra fueron “golpeados, acosados, y horriblemente maltratados” en la base LeJeune, en Carolina del Norte, aseguró Gavlin.

Algunos fueron enviados a combatir a Kuwait, a otros se les dijo que no podían solicitar el reconocimiento como objetores o que no podían hacerlo una vez que estaban en guerra.

Ese tipo de tratamiento no ha sucedido esta vez, según Gavlin, aunque algunos soldados fueron acosados por sus superiores. Una mujer fue amenazada con la corte marcial si solicitaba la calidad de objetora de conciencia, lo cual no es delito, explicó Gavlin.

Funk permanece en su campamento, con tareas restringidas, pero pronto será transferido a un campamento “remoto”, un procedimiento normal para los objetores, según Gavlin.

Allison recibió apoyo y condenas cuando se convirtió en objetora. “En privado recibí enorme apoyo personal de los demás miembros de mi unidad. Pero públicamente fui aislada de la unidad”, contó.

Funk, como muchos más, tuvo dificultades para hallar información acerca de la objeción de conciencia en las Fuerzas Armadas. “Le llevó seis o siete meses. Finalmente, en Internet, encontró el sitio G.I. Rights (derechos del soldado)”, señaló Allison.

G.I. Rights es una red de organizaciones no gubernamentales (ONG), a la cual pertenece CCW, que ayudan a los soldados a determinar si cumplen los requisitos necesarios para presentar una solicitud de objeción de conciencia.

El proceso incluye llenar un formulario de 22 preguntas, una entrevista con un capellán militar, un psicólogo y un oficial investigador.

Para conseguir el reconocimiento oficial, los soldados deben demostrar que modificaron sus creencias sobre la guerra desde que se alistaron.

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