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No. 225, May 8-14, 2003

Pobreza frena progreso de las mujeres
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Alternativa al neoliberalismo se busca

Por Marcela Valente

Buenos Aires, Argentina, 2 de mayo (IPS)— Líderes de iglesias cristianas evangélicas de América Latina, cansados de paliar males sociales que atribuyen a las políticas económicas neoliberales, decidieron sugerir sus propuestas de cambio a gobiernos y organismos financieros internacionales.

Ese fue el propósito del encuentro “Globalización de la vida plena”, celebrado entre el 28 de abril y el 1 de mayo en Buenos Aires con la presencia de varios centenares de delegados religiosos, convocado por el Consejo Latinoemaricano de Iglesias (CLAI) y con el auspicio del Consejo Mundial de Iglesias.

Representantes de la región y varios delegados de Estados Unidos, Africa y Asia discutieron el documento “Las iglesias evangélicas dicen basta”, con severas críticas al modelo económico imperante en muchos países de América Latina.

Ese texto es una propuesta en transformación, pues recibirá aportes y modificaciones en los próximos meses.

Las iglesias, que dicen representar entre 15 y 20 por ciento de la población latinoamericana, sugieren la creación de “instituciones públicas globales” para fiscalizar el rumbo de la globalización, y mejorar la regulación bancaria y el flujo de capitales.

También plantean “reactualizar la misión de (la Organización de) las Naciones Unidas” y propiciar un cambio en los organismos multilaterales de crédito, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, cuyas recomendaciones son determinantes en las políticas económicas de los países endeudados.

“Los organismos no cumplen con sus cometidos originales y más bien colaboran para instaurar un modelo económico injusto”, remarcaron.

A modo de “agenda mínima para un proyecto de país”, los representantes evangélicos se atrevieron a proponer que el Estado no debería ser paternalista, burocrático, ni “desertor”. En todo caso, un “Estado social de derecho” en el que participen actores de la sociedad civil.

En diálogo con IPS, el pastor puertorriqueño Angel Rivera, coordinador del Programa Fe, Economía y Sociedad del CLAI, señaló que las iglesias tienen una total presencia junto a los más pobres y están permanentemente paliando la pobreza mediante comedores, hogares para niños y jubilados, o centros educativos.

Las iglesias ponen al servicio de la labor comunitaria con los sectores más pobres los saberes de profesionales laicos, como ingenieros, sociólogos, educadores o psicólogos, añadió.

“No podemos seguir siendo la mano de obra barata del sistema o poniendo vendas a un esquema que fomenta la injusticia”, remarcó Rivera. Y añadió: “La idea en cambio es que nosotros podamos transformar el sistema, es decir, ser elementos de cambio a través de una tarea que tenga otra intencionalidad”.

En su labor junto a comunidades que viven grandes necesidades, muchas veces los religiosos caen en el asistencialismo, que no soluciona los problemas.

“Estamos discutiendo una nueva teoría acerca de qué hemos estado haciendo, cómo lo hicimos y qué errores cometimos”, admitió el pastor.

En los últimos años, estas iglesias han acompañado protestas y reclamos de movimientos sociales.

En ese contexto, la elaboración del documento persigue el propósito de convertirlo en un instrumento “de denuncia y de diálogo” con gobiernos y organismos financieros multilaterales.

Las críticas a la globalización neoliberal comenzaron a expresarse en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, Brasil, pero, advierte el documento, los grupos que se oponen a ese proceso “tienen que llevar propuestas bien fundadas que no repitan aquellas que correspondieron a luchas sociales en períodos anteriores”.

“Hay que dotarse de instrumentos políticos que no son exclusivamente partidarios”, recomiendan los religiosos.

Cuando concluya la elaboración colectiva de la propuesta, en la segunda mitad de este año, un grupo de delegados de las iglesias se reunirá con el primer ministro de Canadá, Jean Chrétien, con legisladores estadounidenses y con funcionarios de entidades financieras internacionales.

La versión actual del documento asevera que los religiosos admiten sentirse en ocasiones “cómplices” del modelo económico neoliberal que genera pobreza, desigualdad y violencia, y reconocen que su tarea fundamental como iglesia debería ser la de “ayudar al ser humano a transformar su existencia”.

“Es como dice el conocido proverbio: no demos el pescado, enseñemos a pescar”, sintetizó para IPS el premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel, tras una exposición muy crítica sobre los efectos que tendría, a su juicio, el avance del proyecto del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

El proceso de integración regional más criticado fue el ALCA, que Estados Unidos negocia con 34 países del continente, excepto Cuba, y que debería entrar en vigor en 2005.

“No estamos contra los procesos en sí, sino contra los proyectos de integración que no favorecen a las mayorías sino a las grandes transnacionales, generando acuerdos de competencia entre desiguales y mayor sometimiento”, afirma el texto.

El documento de más de 20 páginas, elaborado por un grupo de sociólogos evangélicos —religiosos y laicos—, señala además que el modelo de ajuste económico con alto endeudamiento, privatizaciones y apertura comercial y de capitales causó “una profunda crisis humana”.

“Más de la mitad de la población latinoamericana es pobre, hay desempleo, inestabilidad laboral y las pequeñas empresas quebraron”, describe.

Las iglesias admiten que no se deben ignorar las contribuciones del liberalismo, como el apego a las libertades individuales o la oposición a un Estado burocrático e ineficiente.

Pero al mismo tiempo señalan que “si se quiere ser fiel al Evangelio debemos denunciar este proyecto económico mundial”.

El documento asegura que en períodos de crecimiento económico la pobreza declina levemente, pero no la desigualdad, dicen. “La teoría del derrame fracasó, debemos llamar a nuestros gobiernos a la desobediencia económica respecto de las recomendaciones de los organismos multilaterales de crédito”.

En materia de deuda externa, las iglesias evangélicas plantean un postura inflexible.

“América Latina pagó 1,4 billones de dólares en los últimos 20 años, que es cinco veces su deuda original. Pedimos la condonación de esa deuda y que los gobiernos de la región unidos tengan el coraje y la voluntad política de no pagarla”, concluye el documento.

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Pobreza frena progreso de las mujeres

Por Thalif Deen

Naciones Unidas, 30 de abril (IPS)— Argentina, Costa Rica y Sudáfrica fueron los únicos países en desarrollo donde se registraron avances significativos hacia la equidad de género en 2002, advirtió el Unifem en su último informe.

Los autores de “El Progreso del Mundo de las Mujeres 2002” atribuyeron la falta de avances a la pobreza, el proceso de globalización económica, el analfabetismo y el no cumplimiento del compromiso asumido por la comunidad internacional de asistir a los países en desarrollo.

“La pobreza es un obstáculo crítico al acceso de las mujeres a la educación, al fortalecimiento económico y a la participación política”, dijo a IPS la directora ejecutiva de Unifem (Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer), Noeleen Heyzer.

La feminización de la pobreza en el mundo globalizado impide continuamente el avance de los 133 países en desarrollo en todos los aspectos, incluida la equidad de género, afirmó Heyzer.

“A medida que los gobiernos se ven obligados a recortar gastos en servicios como la educación, la salud y el transporte, en pro del ajuste estructural y de la liberalización de mercado, son las mujeres las que llevan la carga como trabajadoras del hogar sin salario”, agregó.

Jefes de Estado y de gobierno que asistieron a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en septiembre de 2000 se comprometieron a “eliminar la disparidad de género en la educación primaria y secundaria, preferiblemente para 2005, y a todos los niveles para 2015”.

Pero para alcanzar esta meta, entre otras referidas a la equidad de género, “todas las naciones deben hacerse responsables, y no solo los países en desarrollo”, dijo Heyzer.

“Es claro que en los países más pobres las mujeres necesitarán el respaldo de un sistema internacional más justo para alcanzar la equidad de género”, indica el informe de Unifem.

La globalización económica, la fragmentación de los países, los conflictos militares y problemas sanitarios como el sida “tienen grandes consecuencias en la vida de las mujeres”, advirtió Heyzer.

Siete países de Europa septentrional fueron, tanto en 2000 como este año, los que alcanzaron mayores logros en materia de equidad de género: Suecia, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Islandia, Holanda y Alemania.

La buena situación de estas siete naciones es atribuida, en primer término, a la fuerte voluntad política manifestada por sucesivos gobiernos por la paridad de género, así como al gran desarrollo educativo y económico.

Argentina y Costa Rica se unieron a Sudáfrica, el país en desarrollo que gozaba de mejor situación en 2000, debido, en gran parte, al gran aumento de la proporción de mujeres en el parlamento en esas dos naciones.

Doce por ciento de los parlamentarios de Estados Unidos y 11,8 por ciento de los de Francia son mujeres. Pero 38 de los 133 países en desarrollo tienen una mayor proporción de escaños femeninos, entre ellos Ruanda, con 25,7 por ciento, y Nicaragua, con 20,7.

Pero la crisis financiera de Argentina afectó especialmente a las mujeres, indica el estudio de Unifem. “Sus salarios cayeron, su desempleo aumentó y su pobreza se profundizó”, según el informe.

A pesar de los numerosos compromisos asumidos por los países en varias conferencias de la ONU desde 1992, las mujeres avanzaron poco en los países más pobres, advirtieron los autores del estudio.

“Las mayores mejoras ocurrieron en la proporción de mujeres en los parlamentos, pues eso puede cambiar con rapidez”, explicaron.

En cuanto a la alfabetización, la educación y el empleo, las mejoras raramente son tan notorias en el mismo lapso de tiempo, pues requieren grandes cambios en las estructuras económicas y sociales, agregaron.

A partir de la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, los gobiernos se comprometieron a erradicar la pobreza y la degradación del ambiente, frenar el avance del sida, asegurar la educación universal y promover los derechos humanos y reproductivos.

Pero “los progresos fueron lentos e inconstantes”, especialmente “en los sectores más pobres y marginalizados de la sociedad”, agrega el estudio.

En el mundo hay 146 millones de analfabetos jóvenes, y entre ellos 86 millones son mujeres.

“El reconocimiento por parte de los gobiernos del valor del trabajo femenino es esencial para la eliminación de la pobreza femenina y para el avance de la equidad de género”, dijo Heyzer.

La buena noticia es que la mayoría de los países alcanzaron la equidad de género en la enseñanza secundaria, e incluso en muchos las niñas son mayoría en las aulas.

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