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Myrna Mack vuelve a morir
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ChevronTexaco asediada por
jueces de dos países
Por Jim Lobe
Washington, DC, 8 de mayo (IPS) Treinta mil indígenas
demandaron en Ecuador a la corporación petrolera ChevronTexaco
por daños ambientales. Si ganan, la justicia de Estados Unidos
se encargará de que la compañía pague la compensación
de hasta 1.000 millones de dólares.
Se trata de un caso cuyo resultado podría elevar en gran medida
el poder de los tribunales de los países en desarrollo en las demandas
contra corporaciones multinacionales.
La querella fue introducida en un tribunal del poblado petrolero de Lago
Agrio. Los indígenas acusaron a ChevronTexaco de destruir sistemáticamente
el ambiente de sus tierras selváticas ancestrales al arrojar miles
de millones de litros de desechos y crudo entre 1971 y 1972.
Los querellantes también indicaron que la compañía
abrió 350 vertederos de basura a pocos metros de sus viviendas,
y que con esas actividades enfermaron y mataron a cientos de personas
y de animales en las últimas tres décadas.
El caso fue analizado por tribunales estadounidenses en la última
década, pero ahora se presentó en el marco de una nueva
ley ecuatoriana que obliga a las compañías explotadoras
de recursos minerales que actúen en el país a pagar por
el costo de limpiar la contaminación que causen sus operaciones.
ChevronTexaco, con sede en el sudoccidental estado de California, insistió
en que cumplió con todas las obligaciones que establece la ley
ecuatoriana al pagar unos 40 millones de dólares en las tareas
de limpieza que concluyeron en 1998.
No hemos visto la demanda, por lo que no podemos comentarla. De
todos modos, creemos que las declaraciones de los abogados demandantes
son atroces e irresponsables y carecen de base, dijo el portavoz
de la empresa Chris Gidez.
Desde que iniciaron sus acciones legales hace un decenio, los querellantes
no presentaron ninguna evidencia creíble e independientemente sustanciada
para respaldar sus alegatos, agregó Gidez.
En agosto, un tribunal federal de apelaciones estadounidense decidió
que el caso debería ser procesado en Ecuador, pero que el fallo
definitivo y el castigo financiero que eventualmente se imponga en el
país latinoamericano tendrían fuerza legal también
en Estados Unidos.
Además, si los querellantes no tuvieran éxito en Ecuador,
podrían proseguir con su demanda en tribunales estadounidenses,
agrega el fallo.
Esta decisión sin precedentes parece diseñada para impedir
que las empresas multinacionales se aprovechen de la debilidad de los
sistemas judiciales de los países en desarrollo, donde los procedimientos
se prolongan.
Por otra parte, en los casos en que el fallo no es del agrado de las compañías,
éstas suelen afirmar que no gozaron de debido proceso y se niegan
a pagar las indemnizaciones fijadas.
Pero al retener su jurisdicción los tribunales estadounidenses,
las empresas verán muy reducido su margen de maniobra.
Este caso podría establecer nuevas normas de responsabilidad
para las compañías petroleras estadounidenses que creen
poder operar en el extranjero sin asumir prácticas ambientales
adecuadas, dijo el principal abogado del equipo querellante, Cristóbal
Bonifaz.
Esta es una batalla de David contra Goliath. Pero el
tribunal federal estadounidense niveló el campo de juego al indicar
que un pequeño tribunal en un poblado de Ecuador tiene el mismo
poder que una corte federal en Manhattan en un caso contra una corporación
multinacional de 99.000 millones de dólares. Eso, por sí
solo, ya es un avance, dijo Bonifaz.
Empresas de petróleo, gas y mineras de Estados Unidos son muy criticadas
por el daño social y ambiental que ocasionan sus operaciones en
América Latina, como el oleoducto OCP en Ecuador y el proyecto
gasífero Camisea en Perú.
Un tribunal nicaragüense ordenó en enero a la compañía
petrolera británico-holandesa Shell Oil, a la firma agrícola
estadounidense Dole Food y a la química Dow Chemical el pago de
500 millones de dólares a 450 trabajadores que fueron expuestos
a un pesticida que los dejó impotentes.
Las firmas se negaron hasta ahora a pagar la indemnización.
Trabajadores y comunidades de toda América Latina introdujeron
demandas judiciales contra grandes corporaciones como Dole Food, Shell,
Dow Chemical, Occidental Chemical, Del Monte Fresh Produce y Chiquita
Brands International.
Según los querellantes, ChevronTexaco arrojó durante 20
años 500 millones de barriles de agua sucia que contenía
petróleo y metales pesados cancerígenos.
Lo hecho por ChevronTexaco en la selva ecuatoriana no fue solo negligencia,
sino conducta temeraria, sostuvo otro abogado de la demanda.
Tres comunidades indígenas las cofan, secoya y siona
fueron sumamente golpeadas por las actividades de la petrolera. Muchos
indígenas contrajeron cáncer y murieron, y la mayoría
de los ríos están tan contaminados que la población
cofan se redujo de 15.000 a menos de 300 desde 1971.
Mientras, ChevronTexaco alega que su subsidiaria Texaco Petroleum Company
era socia minoritaria en un consorcio conducido por la estatal PetroEcuador.
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Myrna Mack vuelve a morir
Por Néfer Muñoz
San Jose, Costa Rica, 8 de mayo (IPS) La absolución
en Guatemala de tres altos militares acusados de ordenar en 1990 el asesinato
de la antropóloga Myrna Mack, vulneró la credibilidad del
sistema judicial y el proceso de paz en ese país.
Funcionarios de la ONU, diplomáticos y activistas humanitarios
están consternados por el sorpresivo fallo de la Sala Cuarta de
Apelaciones, que eximió el miércoles de toda culpa al coronel
retirado Juan Valencia, al general retirado Edgar Godoy y al coronel retirado
Juan Oliva.
Estamos desconcertados. Ha sido un golpe muy duro, no sólo
para mi familia, sino para todos los guatemaltecos, dijo en entrevista
con IPS la activista Hellen Mack, hermana de la víctima.
Nos hemos dado cuenta de una cosa: la Constitución política
dice una mentira, porque ahora queda demostrado que los guatemaltecos
no somos iguales, el poder militar está por encima de la ley,
agregó la activista, convertida en símbolo del combate a
la impunidad en América Latina.
Mack estimó que el ejército conserva un enorme poder en
Guatemala y está entorpeciendo la transición hacia la democracia.
A su juicio, este fallo demuestra el fracaso del proceso de paz iniciado
en Guatemala en 1996, cuando se firmaron acuerdos que pusieron fin a 36
años de guerra civil.
El fallo del tribunal de apelaciones revocó una sentencia de octubre
de 2002, que había condenado a Valencia a 30 años de prisión,
y absuelto a Godoy y Oliva por falta de pruebas en un proceso que los
inculpaba como autores intelectuales del asesinato.
En el fallo del miércoles se ordenó asimismo la libertad
de Valencia.
La Sala Cuarta de Apelaciones reconoció en sus argumentos que Valencia
había dado la orden de asesinar a la antropóloga, pero sin
voluntad de matarla, pues cumplía órdenes impartidas por
un superior.
No tengo pruebas por el momento, pero estoy segura que en este fallo
hubo dinero y corrupción de por medio, manifestó Mack,
al recordar las evidencias contundentes esgrimidas en el proceso.
Por ejemplo, el testimonio del autor material del crimen, el sargento
mayor Noel de Jesús Beteta, quien admitió haber asestado
27 puñaladas a Mack el 11 de septiembre de 1990, suguiendo órdenes
de Valencia, emitidas desde el Estado Mayor Presidencial (EMP).
También se habían presentado pruebas documentales y otros
testimonios que confirmaban la participación de los militares en
el crimen.
Myrna Mack fue una de las 200.000 personas muertas en el conflicto armado
guatemalteco (1960-1996). En medio de la guerra fría, sucesivos
gobiernos militares o tutelados por las Fuerzas Armadas y guerrillas rurales
izquierdistas se disputaron el control del país.
Mack había logrado renombre internacional por sus estudios sobre
el impacto de la guerra en las comunidades indígenas mayas cuando
fue asesinada por Beteta en la calle, frente a su oficina.
Pese a las 27 puñaladas, el primer informe policial atribuyó
su muerte a un accidente de tránsito. Luego, las autoridades eliminaron
un reporte de 60 páginas escrito por sus propios investigadores-
que señalaba el móvil político del crimen y lo vinculaba
al ejército.
En 1993, Beteta fue condenado por la justicia civil a 25 años de
cárcel, pena que cumple en la prisión de El Boquerón.
Pero quienes ordenaron la muerte continuaban libres.
Otra vez se da la impunidad en un caso paradigmático, ocurrido
durante el conflicto armado. Ningún país que pretende construir
el Estado de Derecho, puede darse el lujo de permitir que un caso trascendental
como éste quede impune, señaló en un pronunciamiento
la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala
(Minugua).
Es lamentable que años después de cometido el crimen, la
justicia guatemalteca no haya identificado y castigado a los autores intelectuales
del asesinato, agrega el comunicado de la misión, encargada de
verificar el cumplimiento de los acuerdos de paz.
Cada día que este caso sigue sin resolverse, se confirma
la idea de que la justicia es imposible en Guatemala y que hay sectores
de la sociedad que están sobre la ley, añadió.
Por su parte, el embajador de Estados Unidos en Guatemala, John Hamilton,
estimó que la absolución de los militares demuestra que
en el país centroamericano no hay justicia y constituye
un retroceso en la transición hacia la paz.
El asesinato de Mack fue atribuido al EMP, el nervio central de los escuadrones
de la muerte que actuaban durante el conflicto.
El EMP, órgano concebido para la protección personal del
presidente y vicepresidente, aún existe y su presupuesto y cantidad
de integrantes son secretos de gobierno, pese a que su disolución
fue uno de los compromisos de los acuerdos de paz.
Activistas de derechos humanos han denunciado insistentemente que el aparato
de represión del EMP todavía funciona como en la época
de guerra.
La sociedad guatemalteca y la comunidad internacional convertieron al
caso de Myrna Mack en emblema del esclarecimiento de la suerte corrida
por las víctimas de la violencia política.
Este caso era para muchos nuestro resarcimiento moral y ético.
Ahora nos hemos quedado sin nada, aseguró a IPS la congresista
Ninette Montenegro, diputada por la minoritaria Alianza Nueva Nación.
Hace casi dos décadas Montenegro perdió a su esposo, Edgar
Fernando García, estudiante de 26 años que concluía
su carrera de ingeniería, cuando fue capturado, torturado y desaparecido,
presuntamente por miembros del ejército.
Este nuevo fallo es injusto y cargado de parcialidad. Demuestra
que los jueces siguen temerosos del ejército y la absolutoria limita
la reconciliación en Guatemala, afirmó la legisladora.
Los abogados denunciantes tienen ahora dos semanas para apelar la resolución
y acudir a la instancia superior del Tribunal de Casación.
La pregunta que se hacen algunos analistas políticos es si, tras
tantos años de impunidad, algún día podrá
establecerse la responsabilidad de muchos asesinatos.
El caso de Mack fue llevado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos,
que sesionó en febrero en Costa Rica para escuchar los testimonios
de las partes y recibir las pruebas. Se estima que en julio podría
emitir su fallo.
Confieso que sobre el sistema judicial guatemalteco siento una gran
incertidumbre, pero confío que en la Corte Interamericana sí
se haga justicia, concluyó Hellen Mack.
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