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No. 232, June 26-July 4, 2003

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Desarrollo: Un nuevo héroe para el movimiento antiglobalización

Argentina: Diez años de privatizaciones bajo la lupa



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Desarrollo: Un nuevo héroe para el movimiento antiglobalización

Por Julio Godoy

Paris, France 23 jun (IPS)— El arresto en Francia del líder agricultor José Bové, conocido por sus métodos radicales contra la globalización, hará más daño al gobierno que al propio activista, advirtieron simpatizantes y grupos de la sociedad civil.

Bové, que lidera movimientos contra los productos transgénicos, la llamada comida chatarra y los aranceles comerciales de Estados Unidos, pasará 10 meses en la cárcel por haber ayudado a destruir campos de cultivos transgénicos.

Su detención provocó una ola de protestas en toda Francia. Agricultores y sindicalistas se manifestaron en la meridional ciudad de Montpellier frente al centro de reclusión adonde fue llevado Bové en helicóptero.

También hubo protestas en París y en otras ciudades, y la Confederación Campesina, el sindicato izquierdista de pequeños agricultores fundado por Bové, anunció que en los próximos días organizará protestas frente a todas las prisiones de Francia y ante campos de cultivo de productos modificados genéticamente.

“Chirac a prisión, libertad para Bové”, reclamaba un grupo de manifestantes en París. La pancarta hacía referencia a las acusaciones de corrupción contra el presidente Jacques Chirac, que tiene inmunidad mientras sea jefe de Estado.

Bové fue detenido en la mañana del domingo en su granja en la meridional localidad de Millau, por numerosos policías acompañados de perros que derribaron la puerta de la casa, mientras un helicóptero sobrevolaba la zona.

La policía actuó para ejecutar una sentencia a 10 meses de prisión que incluye una condena de seis meses por haber arruinado un cultivo de arroz transgénico en Montpellier, en 1999, y otra de cuatro meses por haber destruido una reserva de semillas de maíz transgénico de la compañía multinacional Novartis en 1998.

Líderes de oposición y grupos de derechos humanos consideraron que la acción policial fue una señal de autoritarismo del gobierno. El diario Libération la calificó de “un nuevo golpe del gobierno contra los sindicatos de Francia”.

El analista político Jean-Michel Thenard destacó en Libération que la oposición de Bové a los organismos manipulados genéticamente fue decisiva en la política francesa hacia esos productos.

“Si Francia se opone actualmente a los transgénicos, tanto en Europa como en la Organización Mundial del Comercio (OMC), es precisamente porque Bové creó conciencia popular sobre sus peligros”, escribió Thenard este lunes.

La Unión Europea suspendió las importaciones de productos transgénicos en 1999, tras una serie de protestas de agricultores y asociaciones de consumidores. Esto causó un enfrentamiento en la OMC con Estados Unidos, el principal productor de transgénicos.

Actualmente, el bloque europeo considera el levantamiento del embargo.

Desde mediados de los años 90, Bové se convirtió en un icono del movimiento globalifóbico y ha estado presente en toda reunión internacional que atrae a grupos de activistas, como las del FMI y el Banco Mundial, el Grupo de los Ocho, conferencias ministeriales de la OMC y el Foro Social Mundial de Porto Alegre.

Bové, cuya consigna es “El mundo no es una mercancía”, alegó que la destrucción de plantaciones de cultivos transgénicos es un acto de protección a los consumidores y al ambiente.

La justicia le ofreció una sentencia reducida, pero él insistió en nada menos que el perdón presidencial. Su solicitud fue respaldada por unas 600.000 cartas de sindicalistas y pequeños agricultores.

Pocos esperaban que su arresto se produjera de esta forma. “La fuerza policial fue absolutamente desmedida contra un líder agricultor conocido por su no violencia. José no es un criminal peligroso”, declaró su abogado, François Roux.

Funcionarios judiciales también consideraron que la acción policial fue excesiva y motivada políticamente.

“El gobierno usa su aparato represivo contra el movimiento popular”, dijo a IPS Evelyne Sire-Martin, líder de la unión de magistrados.

Jean-Claude Amara, portavoz del grupo de derechos humanos Droits Devant!, afirmó que el gobierno “exhumó” una ley de la década de 1940 para perseguir activistas.

“Esa ley fue inspirada directamente por el gobierno neofascista que colaboró con los nazis” y “el actual gobierno copió párrafos enteros de ella”, dijo Amara a IPS. Ahora, los nuevos enemigos son los líderes sindicales, los activistas de los derechos humanos y los inmigrantes, señaló.

Por otra parte, el ministro de Justicia Dominique Perben defendió la acción policial contra Bové como una medida preventiva.

“Bové demostró que no cooperaría con la policía, y nosotros intentamos evitar la violencia”, declaró el ministro en una conferencia de prensa ofrecida en la tarde del domingo.

Perben dijo que Chirac consideraría si Bové merece una amnistía presidencial, en una señal de las dificultades que atraviesa el gobierno por causa del líder agricultor.

“Para Chirac, el caso Bové es un verdadero dolor de cabeza”, comentó Thenard.

Cientos de agricultores se declararon cómplices de la destrucción de plantaciones de transgénicos alentada por Bové.

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Argentina: Diez años de privatizaciones bajo la lupa

Por Viviana Alonso

Buenos Aires, jun (IPS)— La decisión del gobierno argentino de revisar los contratos de empresas y servicios privatizados en los años 90 equivale a abrir la caja de Pandora: toda suerte de vicios e ilegalidades podría escapar de ella.

El proceso de venta comenzó en 1989 y en 10 años el Estado transfirió al sector privado, entre otras, las empresas de gas, petróleo, telecomunicaciones, electricidad, provisión de agua y servicios sanitarios, ferrocarriles y trenes subterráneos, aeropuertos y terminales portuarias.

A lo largo de esa década, los ingresos fiscales por las privatizaciones ascendieron a 23.849 millones de dólares, de los cuales 19.422 millones (81 por ciento) correspondieron al Estado nacional y 4.427 millones (19 por ciento) a las provincias, según datos del Ministerio de Economía.

En el mismo periodo la venta de empresas y servicios públicos reportó a México 31.749 millones de dólares, y a Brasil 71.129 millones de dólares, de acuerdo al informe Global Development Finance 2001, del Banco Mundial.

Entre 1990 y 1999, ingresaron a América Latina y el Caribe 177.839 millones de dólares por el pasaje de manos públicas a privadas de empresas y servicios.

En Argentina, la mayor parte del programa se llevó a cabo entre 1990 y 1994, dato que indica la celeridad con que se realizaron las operaciones.

En medio de una crisis económica marcada por la hiperinflación, la ciudadanía argentina presenció una frenética oferta de empresas públicas, la mayoría ineficientes o mal administradas.

Ahora, la decisión del nuevo gobierno argentino encabezado por Néstor Kirchner se hace eco de reiterados reclamos de consumidores y políticos opositores para que el Estado revise contratos y controle en forma más estricta los servicios que prestan las compañías.

“Una vez que se difundan los resultados de las revisiones y las conclusiones de la Comisión Renegociadora” de los contratos, los argentinos tendrán una visión más ajustada de las consecuencias económicas y sociales del proceso, dijo a IPS Néstor Litter, integrante del Foro de Consumidores.

Esa comisión, integrada por representantes de los ministerios de Economía y Planificación, de los entes reguladores de las empresas privatizadas y del Foro que agrupa a asociaciones de consumidores, “no se reúne desde diciembre de 2002”, aclaró Litter, asesor del opositor bloque parlamentario Argentinos por una República de Iguales (ARI).

“Está bien que se haga un balance del incumplimiento de los concesionarios y propietarios de empresas que fueron estatales y que, posteriormente, se defina su futuro”, comentó a IPS el economista del Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), Claudio Lozano.

“Existen muchas irregularidades e ilegalidades en esos procesos y en el desempeño de las privatizadas. Eso le otorga un poder efectivo al Estado y le da margen de maniobra”, aseguró.

Aunque los servicios que prestaban muchas empresas estatales eran malos, la ciudadanía reaccionó con recelo a su venta. Ese sentimiento se sintetizó en la frase “se están vendiendo las joyas de la abuela”, en otras palabras, una herencia común que no sería fácil recuperar.

A fines de los años 80, Argentina sufría una crisis económica arrastrada desde la dictadura militar (1976-1983) y agudizada en 1988, cuando el país dejó de pagar los intereses de deuda externa.

En 1989, el gobierno de Raúl Alfonsín era presionado por acreedores externos y grupos económicos locales, que querían recuperar beneficios recibidos en años anteriores.

El ex presidente Carlos Menem (1989-1999), quien asumió en julio de ese año en un contexto hiperinflacionario y de convulsión social, buscó el respaldo de sectores económicos nacionales y de la banca acreedora internacional, interesada en capitalizar las deudas a través de la venta de empresas públicas.

Era una política que recomendaban con énfasis a los países en desarrollo el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), los que prestaron su asistencia técnica y financiera al programa de privatizaciones.

Para superar la crisis, el gobierno reclamó herramientas excepcionales al Poder Legislativo, que sancionó sin dilaciones las leyes de reforma del Estado.

Esa reforma autorizaba la venta o concesión de empresas estatales y contemplaba el sistema de capitalización de la deuda como forma de pago.

A su vez, la ley de Emergencia Económica permitió al Poder Ejecutivo legislar por decreto, sin tener que recurrir al parlamento.

Pero antes de traspasar las empresas públicas al sector privado, el gobierno elevó considerablemente las tarifas y transfirió al Estado sus pasivos, unos 20.000 millones de dólares que representaron un enorme egreso fiscal.

Según un estudio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), las privatizaciones en Argentina se caracterizaron por beneficiar al mismo sector que consolidó su poder económico durante la dictadura, aunque ahora aparecían como socios la banca extranjera y compañías trasnacionales.

Otro rasgo distintivo, apunta FLACSO, fue el control de resortes jurídicos e institucionales necesarios para la instrumentación del proyecto, lo que implicó subordinar facultades de los poderes Legislativo y Judicial.

Los marcados aumentos de precios de los servicios, sumados a marcos regulatorios débiles y a una permanente renegociación de contratos, favorecieron a las empresas prestatarias, según indica el trabajo de FLACSO.

En ese sentido, apuntó Lozano, “la revisión debe abarcar las tarifas de las (compañías) privatizadas y el uso que hacen de los recursos naturales, en particular de aquellos que no son renovables”.

Entre 1993 y 2000, las 200 mayores empresas de Argentina obtuvieron ganancias de 28.441 millones de dólares, de los cuales 56,8 por ciento correspondió a las privatizadas, 26,3 por ciento a firmas vinculadas a éstas y 16,9 por ciento a otras compañías.

“El traslado a las tarifas que pagan los usuarios de las variaciones de precios de Estados Unidos les permitió a las (empresas) privatizadas apropiarse de unos 9.000 millones de dólares hasta fines de 2000”, afirma un estudio de ARI.

En los años 90 la inflación casi desapareció en Argentina, sin embargo las tarifas de los servicios se incrementaron según el ritmo inflacionario en Estados Unidos, constituyendo una fuente adicional de ganancias para las empresas prestatarias.

Además, “las privatizadas enviaron 70 por ciento de sus utilidades al exterior”, al tiempo que no cumplían con las inversiones y el pago de cánones al Estado, previstos en los contratos.

Asimismo, las compañías realizaban fuertes importaciones de insumos y bienes producidos por firmas asociadas, por lo cual contrajeron grandes deudas en dólares e infringieron la ley que las obligaba a dar prioridad a productos argentinos en sus compras.

Poco después de asumir la presidencia el 25 de mayo, Kirchner anunció que no renovaría los contratos a los concesionarios de peajes en carreteras nacionales, por no haber cumplido con 65 por ciento de las obras e inversiones comprometidas en los convenios.

Además, decidió dejar sin efecto la renegociación que, apenas días antes, había acordado su antecesor Eduardo Duhalde con el grupo Aeropuertos Argentina 2000 (AA2000).

Los propietarios de AA2000 son el empresario argentino Eduardo Eurnekian, la panameña Corporación América Sudamericana y el Estado italiano, a través de SEA-Aeropuerto de Milán, con 28 por ciento de las acciones.

Tras ganar una licitación en febrero de 1998, AA2000 se había comprometido a abonar un canon anual equivalente a 171 millones de dólares, y a invertir 562 millones de dólares en los primeros cuatro años.

A través de un decreto, Duhalde estableció en 2002 la dolarización de las tasas que pagan pasajeros y compañías aéreas a los aeropuertos, medida rechazada por asociaciones de consumidores y organismos de control, y sobre la que está pendiente un fallo judicial.

A fines del año pasado, los concesionarios debían el equivalente a 102 millones de dólares, ya que sólo habían cumplido con el canon del primer año, y tampoco habían completado las inversiones pactadas.

Pero Duhalde decidió rebajar el canon anual a unos 23,5 millones de dólares y eximir al grupo de la obligación de trasladar el aeroparque Jorge Newbery fuera de la ciudad de Buenos Aires, una exigencia del contrato fundada en razones de seguridad.

En agosto de 1999, 15 meses después de que AA2000 se hiciera cargo de las terminales aéreas, un avión se salió de la corta pista del aeroparque, enclavado en una zona densamente poblada, y mató a 67 personas, destrozó avenidas, automóviles y un campo deportivo repleto de jugadores.

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