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No. 233, July 3-9, 2003

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Política migratoria es proterrorista

Argentina: Negociación con FMI para superar cese de pagos


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Política migratoria es proterrorista

Por Jim Lobe

Washington, DC, 26 de junio (IPS)— Las medidas tomadas por el gobierno de George W. Bush contra los inmigrantes árabes y musulmanes luego de los atentados terroristas de septiembre de 2001 aumentaron la vulnerabilidad de Estados Unidos, advirtieron ex funcionarios y expertos.

La detención de más de 1.200 inmigrantes tras los ataques fue particularmente abusiva, según el informe presentado este jueves por el Instituto de Políticas sobre Migración (MPI) con sede en la capital estadounidense, integrado por expertos del gobernante Partido Republicano y del opositor Partido Demócrata.

“Arrestar a una gran cantidad de no ciudadanos (...) solo da a la nación una falsa sensación de seguridad”, indica el estudio, titulado “El desafío de Estados Unidos: Seguridad doméstica, libertades civiles y unidad nacional después del 11 de septiembre”.

La pretensión del gobierno de calificar de terroristas a algunos de los detenidos eran simplemente erróneas, indica el informe de 165 páginas. “Las únicas acusaciones formalizadas contra (esos detenidos) fueron, en realidad, por violaciones (a normas) migratorias o por delitos comunes”, agrega.

“Muchas de las políticas adoptadas luego del 11 de septiembre (de 2001) son un intento de usar la inmigración” como tiro por elevación contra el terrorismo, dijo Vincent Cannistraro, jefe de Operaciones Antiterroristas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) durante el gobierno del republicano Ronald Reagan.

Cannistraro integra la junta asesora del MPI y colaboró con la redacción del informe.

“No hemos aprendido nada sobre prevención del terrorismo en Estados Unidos, pero hemos intimidado, antagonizado y alienado a muchas comunidades. Lo que tratan de hacer el FBI (Buró Federal de Investigaciones) y otras agencias es contraproducente”, agregó Cannistraro, experto en antiterrorismo.

El mayor daño ocasionado por la campaña antiterrorista del gobierno de Bush fueron las duras medidas tomadas contra comunidades árabes y musulmanas estadounidenses, según el informe.

Los programas consistentes en ordenar un registro especial a los hombres originarios de ciertos países implementados e año pasado desalentaron la cooperación de esas comunidades con las agencias de seguridad estadounidense.

Es que esas medidas no sirvieron para luchar contra el terrorismo, pero sí para atrapar a quienes han cometido pequeñas infracciones de las leyes migratorias, según los expertos del MPI.

Al mismo tiempo, el sentimiento de ajenidad y de persecución sentido por las comunidades árabes y musulmanas después del 11 de septiembre tuvieron efecto positivo —aunque no buscado— de reafirmar la identidad de esos grupos estadounidenses, indicó Muzaffar Chishti, experto del MPI y coautor del informe. “La experiencia de las comunidades musulmanes y árabes luego del 11 de septiembre es, de muchas maneras, la historia impresionante de una comunidad que primero se sintió intimidada, pero luego comenzó a afirmar su lugar en el cuerpo político estadounidense”, observó Chishti.

Los únicos avances en la identificación y arresto de terroristas de verdad fueron consecuencia de un trabajo policial y de inteligencia muy tradicional, así como de la cooperación con agencias extranjeras. Ninguna iniciativa contra los inmigrantes dio frutos en la guerra contra el terrorismo,s egún el estudio.

El informe presentado este jueves incluye la más completa compilación de individuos detenidos a raíz de los atentados del 11 de septiembre, así como sus experiencias.

Los nombres de los expertos que revistan en el MPI garantizan que el informe será tomado muy en serio por el gobierno de Bush.

En la junta asesora del instituto figuran los dos últimos comisionados del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS): James Ziglar, que participó en la actual administración, y Doris Meissner, la coautora del informe, quien encabezó la oficina en la presidencia de Bill Clinton (1993-2001).

Además de Cannistraro, participan en la junta del MPI Mary Jo White, ex fiscal del distrito federal del sur de Nueva York con fama ganada en varios casos contra terroristas.

El informe indica que la mayoría de los detenidos, al contrario que los secuestradores de los aviones con que se cometieron los atentados del 11 de septiembre de 2001, tenían importantes vínculos en Estados Unidos y estaban arraigados en las comunidades nacionales.

Casi la mitad de los arrestados que pudieron ser entrevistados por MPI para el informe habían vivido en Estados Unidos por al menos seis años y tenían familia en este país.

“Creemos que es posible usar las medidas migratorias con más eficacia para defendernos del terrorismo, al mismo tiempo que protegemos las libertades fundamentales que constituyen el cnetro de la identidad estadounidense”, afirmó Meissner.

Los últimos periodos en que se dispusieron fuertes medidas gubernamentales contra los inmigrantes en Estados Unidos coincidieron con supuestas crisis de seguridad nacional, como las campañas anticomunistas tras la primera guerra mundial y la de los años 50, conocida como maccarthismo.

En esos casos, como en el actual, se trató de seguir “el camino de menos resistencia”, explicó el profesor de Derecho David Cole, de la Universidad de Georgetown, quien también participó en el informe.

De todos modos, Cannistraro advirtió que las medidas contra los extranjeros tuvieron un efecto muy negativo en los países de origen de los inmigrantes.

“Pintamos un retrato de nosotros como una sociedad rígida y sesgada que realmente cree en el choque de civilizaciones”, y el fiscal general de Estados Unidos, John Ashcroft, es especialmente responsable, afirmó el ex funcionario.

“Nos sirve muy mal en el extranjero. Le suministró municiones a algunos de los fieros imanes (clérigos musulmanes) que alientan a los jóvenes a sacrificarse”, sostuvo.

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Argentina: Negociación con FMI para superar cese de pagos

Por Viviana Alonso

Buenos Aires, Argentina, 24 de junio (IPS)— Argentina comenzará a negociar con el FMI en las próximas semanas un acuerdo de mediano plazo, que le permita refinanciar su abultada deuda externa, se informó este martes al finalizar la visita al país de la plana mayor de ese organismo multilateral.

La presencia en Buenos Aires del director gerente del FMI (Fondo Monetario Internacional), Horst Koehler, y de otros ejecutivos, era esperada con expectativa por el gobierno de Néstor Kirchner, que asumió el 25 de mayo con una herencia de 142.000 millones de dólares de deuda.

Unos 60.000 millones de dólares de ese adeudo corresponden a acreedores privados, que no cobran desde fines diciembre de 2001, cuando el efímero gobierno de Adolfo Rodríguez Saá declaró el cese de pagos en momentos de asumir el cargo, tras la renuncia de Fernando de la Rúa a mitad de su mandato de cuatro años.

“Vine a escuchar, a conocer y debo admitir que el FMI tal vez ha subestimado la posibilidad de recuperación de la economía” de este país, dijo el titular del FMI en la conferencia de prensa que ofreció este martes junto al ministro argentino de Economía, Roberto Lavagna.

“Estamos muy felices de que la economía se haya recuperado con más velocidad y mejor de lo que habíamos previsto”, preciso Koehler, quien fue acompañado de otros funcionarios del FMI, como su director del Departamento de Hemisferio Occidental, Anoop Singh, el encargado del caso argentino, John Dodsworth, y el director de Relaciones Externas, Thomas Dawson.

Aunque reconoció que “existen razones para que el FMI revise su política, su enfoque frente a Argentina”, Koehler sostuvo que su objetivo no era buscar “chivos expiatorios” en el organismo que dirige porque, en su opinión, “los problemas medulares residen en el país”.

El FMI ya le había dado la semana pasada un voto de confianza a Argentina, al admitir que había cumplido con las metas pactadas el 24 de enero pasado, cuando Eduardo Duhalde todavía ocupaba la presidencia interina asumida el 1 de enero de 2002 luego de que renunciara Rodríguez Saá.

Argentina cumplió, contra los pronósticos de los expertos del FMI, con los límites previstos para la inflación y para la emisión monetaria, al tiempo que el producto interno bruto creció tres por ciento en lo que va del año, después de haber caído 11 por ciento en 2002.

Fuentes gubernamentales aseguraron que Kirchner, en los dos encuentros que mantuvo con Koehler, le insistió en que no estaba dispuesto a firmar un acuerdo que no pudiera cumplir, tanto en el aspecto financiero como por sus costos sociales.

Por su parte, Koehler respondió que el modelo que deben seguir los países de América del Sur es el que lleva adelante el gobierno brasileño de Luiz Inácio Lula da Silva.

En ese sentido, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, explicó que el gobierno del Partido Justicialista (peronista) busca implementar “un plan sustentable, que nos permita crecer, cumplir los compromisos externos, que Argentina no cierre sus fronteras y que se integre al mundo globalizado”.

En los dos días que permaneció la comitiva del FMI en Argentina debió eludir, en medio de un importante operativo de seguridad, varias marchas de repudio hacia ellos de agrupaciones de trabajadores desempleados y de comerciantes y pequeños empresarios.

El FMI es “la causa de cinco millones de desocupados, de miles de niños desnutridos, de la generalización de la pobreza y del avance de la indigencia”, coincidieron dirigentes de la Corriente Anibal Verón y de Teresa Rodríguez, dos de los llamados grupos “piqueteros” por su modalidad de protesta con cortes de ruta.

En las conversaciones entre Koehler y las autoridades argentinas se definió que Kirchner deberá resolver una serie de problemas antes de avanzar en la definición del acuerdo crediticio.

Entre esos asuntos figuran la reestructuración de la deuda con los acreedores privados, lograr un superávit fiscal y establecer compensaciones para los bancos que sean obligados por la justicia a devolver en moneda original los depósitos que fueron pasados a pesos argentinos por el gobierno de Duhalde.

Koehler se reunió el lunes con representantes de organizaciones industriales, financieras y sociales y con funcionarios de gobierno, Lavagna y el propio Kirchner, con quienes volvió a conversar este martes.

Los representantes del FMI les manifestaron a empresarios y banqueros la necesidad de tener un “Estado fuerte, pero no pesado”, como el que existió en Alemania tras la segunda guerra mundial. En ese sentido se puso de relieve la importancia de las obras públicas en la reactivación de la economía.

En tanto, Koehler y sus acompañantes señalaron frente a delegados de organizaciones sociales, como la católica Cáritas, el Centro de Estudios Legales y Sociales, Poder Ciudadano y Conciencia, que los “argentinos suelen buscar afuera las causas de sus problemas”.

El jefe del FMI “dijo algo así como que los argentinos deben indagar dentro de ellos mismos”, apuntó el obispo Jorge Casaretto, titular de Cáritas Argentina, uno de quienes participó del encuentro.

“Nosotros le dijimos que representamos a las víctimas de la corrupción” y que, “si bien tenemos responsabilidad de nuestros males, el pueblo es el que menos responsabilidad tiene”, relató Casaretto.

Por su parte, el representante en Argentina del Fondo de las Naciones Unidas para Infancia, Jorge Rivera Pizarro, le entregó una carta a la delegación visitante, en la que les pide que el futuro acuerdo incluya una “cláusula social” para contemplar la difícil situación social de millones de familias.

“Esta cláusula social busca proteger las inversiones sociales específicas dirigidas a programas prioritarios, que establezcan metas concretas y relacionadas con dos derechos fundamentales: que ningún niño tenga hambre y que todos ellos y adolescentes concurran a las escuelas”, señaló Rivera Pizarro.

Rivera Pizarro destacó que “siete de cada 10 niños argentinos sufren hoy en día la pobreza, una proporción que sin duda aumenta en las provincias más relegadas”.

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