|
subier al principio
Derechos Humanos Indonesia: Otra vez, presos
políticos
Por Jim Lobe
Washington, 10 jul (IPS) -- Las cárceles de Indonesia vuelven
a albergar presos políticos cinco años después del
fin de la dictadura de Alí Suharto, advirtieron las organizaciones
de derechos humanos Amnistía Internacional y Human Rights Watch
(HRW).
En informes publicados por separado este jueves, ambas instituciones urgieron
a liberar a todos los prisioneros de conciencia, así como a derogar
la legislación empleada por Suharto en su época (1966-1998)
para encarcelar a activistas que se limitaban a expresar su oposición
al gobierno.
El encarcelamiento de políticos, sindicalistas y activistas
pacíficos socavan los avances hacia una mayor libertad política
y hacia el respeto por la libertad de expresión, dijo el
director de la división Asia de HRW, Brad Adams.
Cuando falta menos de un año para las primeras elecciones
presidenciales directas de Indonesia, encerrar a personas que critican
al gobierno es un acontecimiento alarmante, advirtió Adams.
Al menos 46 personas fueron encarceladas por expresar sus opiniones políticas
desde que cayó Suharto, 39 de ellas desde que la presidenta Megawati
Sukarnoputri asumió el cargo dos años atrás, según
los dos informes.
La creciente represión se desarrolla debajo de un barniz de gobierno
democrático y de mayor libertad que la existente durante el gobierno
de Suharto, lo cual dificulta la lucha contra los abusos, indicaron activistas
entrevistados por Amnistía y HRW.
Bajo Suharto, había miles de presos políticos y todos
lo sabían. Podíamos ir a las cárceles a visitarlos
y manifestarles nuestra solidaridad. Hoy, los presos políticos
son olvidados. Nadie sabe de ellos, dijo el abogado Habib Rachman,
entrevistado por HRW.
Pero la principal preocupación en materia de derechos humanos es
hoy la situación en la provincia de Aceh, donde las fuerzas armadas
lanzaron en mayo una operación contrainsurgente calificada de brutal
por los observadores.
Varias versiones periodísticas indican que cientos de personas
murieron, y que miles fueron detenidos y torturados.
Pero también debería prestarse atención a lo que
sucede con activistas políticos comunes acusados en Yakarta por
delitos tales como insultar al presidente o al vicepresidente,
que se castiga con hasta seis años de cárcel. También
constituye un delito sembrar odio contra el gobierno.
Desde fines de 1992, según Amnistía y HRW, al menos 14 activistas
políticos fueron condenados a cárcel y otros tres afrontan
juicios. En la mayoría de los casos, los acusados terminaron en
la prisión luego de participar en manifestaciones pacíficas.
La legislación represiva aplicada bajo el gobierno autoritario
del presidente Suharto no debería tener lugar en un país
que afirma estar en el camino hacia una democracia plena, dijo la
directora del programa de Asia y el Pacífico de Amnistía,
Ingrid Massage.
Los activistas Nanag y Muzakkir fueron condenados en octubre a un año
de cárcel luego de escribir leyendas en retratos de la presidenta
Sukarnoputri y del vicepresidente Hamzah Haz para manifestar su insatisfacción
con el ritmo de las reformas democráticas.
Nanag y Muzakkir no fueron los primeros ni los últimos acusados
por las leyes que datan de la época en que Indonesia era una colonia
francesa.
El dirigente de la Liga de Estudiantes Democráticos Ignatius Mahendra
y el sindicalista Yoyok Eko Widodo figuran entre los últimos en
ser encarcelados, acusados de insultar a miembros del gobierno. Ambos
fueron sentenciados a tres años de cárcel por quemar retratos
Sukarnoputri y Haz.
La semana pasada, el dirigente opositor Muhammed Nazar, de Aceh, fue sentenciado
a cinco años de prisión por difundir el odio contra
el gobierno, porque participó en reuniones de militantes
independentistas.
Leyes draconianas de la era colonial, que muchos indonesios creían
relegadas a la historia, son aplicadas para realizar persecuciones políticas
y como arma política para silenciar a los disidentes, indica
el informe de HRW. La tendencia es particularmente preocupante
dada la cercanía de las elecciones.
Cualquier norma que convierta en delito las actividades políticas
pacíficas debe ser derogada lo más pronto posible,
dijo Massage, quien exhortó a Sukarnoputri a comprometerse a ponerle
fin a esas acusaciones.
El informe de HRW, titulado ¿Un regreso al Nuevo Orden?
denominación oficial de la dictadura de Suharto, atribuye
la represión a la débil posición política
de la presidenta, cuyo mayor respaldo procede de las fuerzas armadas.
Su relación con los partidos islámicos que integran la coalición
de gobierno es tirante.
subier al principio
Iraq-EEUU:Demasiados errores o una gran
mentira
Análisis de Jim Lobe
Washington, 12 jul (IPS)-- ¿Cómo tanta gente tan inteligente
pudo equivocarse tanto?
Creo, realmente, que nos recibirán como libertadores,
decía ante las cámaras de televisión el vicepresidente
de Estados Unidos, Dick Cheney, mientras las tropas de su país
se aglomeraban entre Kuwait e Iraq en las vísperas del avance sobre
Bagdad.
Salvajemente distante de la realidad, había dicho antes
de la guerra en Iraq el subsecretario (viceministro) de Defensa, Paul
Wolfowitz, cuando respondía en un comité del Senado si la
fuerza ocupante requeriría más de 200.000 soldados, como
afirmaba el entonces jefe del Estado Mayor del ejército, Eric Shinseki.
Creo definitivamente más probable que improbable algún
grado de anuencia entre el régimen de Saddam Hussein y la
red radical islámica Al Qaeda para cometer los ataques del 11 de
septiembre de 2001 contra Estados Unidos, repetía antes de la guerra
en un tribunal el ex jefe de la CIA y asesor del Pentágono James
Woolsey.
Sabemos dónde están. Están en el área
alrededor de Tikrit y Bagdad, y en algún lugar al este, el oeste,
el sur y el norte, dijo a los televidentes el secretario (ministro)
de Defensa, Donald Rumsfeld, sobre la ubicación de las armas de
destrucción masiva que supuestamente poseía el régimen
de Saddam Hussein.
El gobierno británico se ha enterado de que Saddam Hussein
buscó recientemente cantidades importantes de uranio en Africa,
declaró el presidente George W. Bush en enero ante el Congreso
legislativo, en su discurso anual Estado de la Unión.
Sabemos que (Saddam Hussein) está tratando otra vez de producir
armas nucleares, y sabemos que él tiene una larga relación
con varios grupos terroristas, incluida la organización Al Qaeda,
aseguró el vicepresidente Cheney en las vísperas de la guerra.
Hoy, tres meses después de que las tropas estadounidenses consolidaron
su control sobre Iraq, la Casa Blanca admitió que ni ella ni Gran
Bretaña tuvieron jamás evidencia sólida ni genuina
de que Saddam Hussein intentaba comprar uranio en Africa.
Las fuerzas invasoras tampoco descubrieron armas de destrucción
masiva en Iraq.
Por otra parte, la posibilidad de que existiera un vínculo entre
el régimen secular de Saddam Hussein y la red radical islámica
Al Qaeda fue oficialmente desacreditada por un panel especial de la Organización
de las Naciones Unidas (ONU).
Y el público iraquí dista mucho de percibir a los soldados
invasores como una fuerza de liberación, según
afirman, incluso, los medios de prensa estadounidenses.
Ahora, el gobierno de Bush trata de asegurarse una fuerza significativamente
mayor de los actuales 145.000 soldados estadounidenses para asegurar el
control de Iraq, y por eso le pidió colaboración a no menos
de 70 países, que pondrían policías y militares.
Los contribuyentes estadounidenses, el dinero.
Todo ese despliegue para una ocupación sin plazo definido.
Mientras, legisladores estadounidenses, incluidos cada vez más
miembros del gobernante Partido Republicano, muestran creciente inquietud
por la situación en Iraq, en contradicción con los confiados
pronósticos anteriores a la guerra.
Las fuerzas invasoras sufren un promedio de 13 ataques cada día.
Bush declaró el fin de la operación militar el 1 de mayo,
pero todo indica que se desarrolla ahora una guerra de guerrillas.
El problema es que los estadounidenses estamos inseguros sobre el
futuro de nuestro involucramiento en Iraq, dijo el senador republicano
John McCain, un halcón antes de la guerra. Fue una
intervención gentil en una audiencia en el Senado a la que asistía
Rumsfeld, el miércoles.
El jefe del Pentágono se defendía entonces del acoso de
los senadores del opositor Partido Demócrata, que le exigían
tragarse su orgullo y pedir ayuda a la Organización del Tratado
del Atlántico Norte (OTAN) o a la ONU.
Lo que usted necesita, en mi opinión, es delinear un plan
concreto, le recomendó McCain a Rumsfeld.
La palabra empantanamiento para no mencionar la palabra
Vietnam ha vuelto a imprimirse en los periódicos estadounidenses.
Cada día muere atacado al menos un soldado de la fuerza ocupante,
mientras militares de todo rango dicen ante las cámaras de televisión
que carecen del poder necesario para imponer el orden en un país
del tamaño del sudoccidental estado de California.
La población iraquí aprecia cada día menos la presencia
de soldados estadounidenses. Y hay allí personas que los quieren
muertos. Analistas militares comparan la situación en Iraq a la
afrontada por la ocupación israelí en territorio palestino.
Algunos soldados frustrados escriben cartas a sus representantes
en el Congreso para pedir el retorno de sus unidades, informó
esta semana el diario Christian Science Monitor.
La mayoría de los soldados vaciarían su cuenta bancaria
sólo por un pasaje de avión hacia casa, dice una de
esas cartas, enviada por un soldado del ejército. Un oficial de
su misma división escribió: No se engañe, la
moral de la mayoría de los soldados que he visto ha tocado fondo.
Expertos en asuntos de Medio Oriente, en especial ex diplomáticos,
agentes de inteligencia y académicos, habían dicho durante
muchos meses que derrotar a Iraq sería fácil, pero no consolidar
el control sobre el país.
Pero se trataba de los mismos expertos que cuestionaban las afirmaciones
del gobierno de Bush sobre los vínculos de Bagdad con Al Qaeda,
sobre la reanudación del programa nuclear iraquí y sobre
la cantidad de armas químicas y biológicas en sus arsenales.
De todos modos, esas visiones que a la postre resultaron acertadas fueron
sistemáticamente ignoradas, incluso en el Congreso, donde la mayoría
de los demócratas se resistían a criticar a un presidente
popular y procuraban no mostrarse blandos ante la amenaza
de Saddam Hussein luego de los atentados del 1 de septiembre.
Numerosas evidencias que iban en sentido contrario al del gobierno fueron
desviadas. Aquellos expertos que realmente sabían algo sobre Medio
Oriente fueron excluidos de los círculos políticos ejecutivos.
Es francamente increíble que los civiles en el Pentágono
inhalen su propia propaganda sobre la bienvenida que las fuerzas estadounidenses
recibirían de los iraquíes, dijo el presidente del
Consejo de Políticas de Medio Oriente y diplomático retirado
Chas Freeman.
Nadie que sepa algo sobre la región hubiera comprado la idea
de que los soldados serían recibidos como libertadores. Pero nadie
que sepa algo sobre la región fue invitado a participar en las
discusiones políticas, sostuvo Freeman.
Como consecuencia, los ideólogos, en particular los que rodean
a Cheney y a Rumsfeld, simplemente se reforzaron las suposiciones unos
a otros y atacaron a cualquiera que discordara con ellos, includos los
verdaderos expertos.
Esos profesionales eran vistos por los halcones del gobierno como defensores
de dictadores árabes que odian a Israel y aman a Arabia Saudita,
cretinos útiles al servicio del Gran Petróleo, esclavos
del pensamiento tradicional.
El propio Rumsfeld definió tal actitud, pero para referirse a los
agentes de inteligencia que no reforzaban su visión: Tendemos
a oír lo que esperamos oír, sea malo o bueno. Así
es la naturaleza humana. A menos que algo nos sacuda, tendemos a seguir
nuestro camino y a reforzarlo, más que a modificarlo.
subier al principio
|