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Washington separa lo que Dios une
Por Haider Rizvi
Nueva York, 22 de agosto (IPS) Mírelo. No entiendo
por qué lo castigan así, dijo la pakistaní
Rukhsana Saeed. Un niño lloraba en su regazo, con un biberón
en las pequeñas manos. Ella también lloraba. Su marido está
en Pakistán, tras la expulsión de Estados Unidos.
Mohammed Saeed llegó a esta tierra de oportunidades antes que su
esposa e hijos. La familia se reunió años después.
Pero volvieron a separarse en marzo, cuando las autoridades ordenaron
la inmediata deportación de Mohammed Saeed por tener documentación
falsa.
Registraron nuestro apartamento en la mañana. Mi marido me
despertó. Estaba llorando. Me dijo: Por favor, protégeme.
Me están llevando a la cárcel, dijo, sin dejar
de llorar.
¿Cómo podría protegerte?, le dije.
Solo lloré y lloré. Los niños también lloraban,
pero igual se lo llevaron, recordó.
Mohammed Saeed no es un criminal ni tiene vínculos con organizaciones
terroristas. Es, simplemente, uno de los millones de inmigrantes económicos
que llegan a Estados Unidos soñando con la prosperidad y con un
futuro decente para sus hijos. Así lo afirman sus vecinos y abogados.
Sentada en un apartamento que activistas por los derechos de los inmigrantes
han convertido en lo que denominan una clínica legal,
ubicada en un vecindario de clase trabajadora en Nueva York, Rukhsana
Saeed admitió que su marido vivía con documentos falsos.
Pero, agregó, trabajaba duro, y es un buen padre.
Activistas de derechos humanos afirman que Saeed, de 43 años, estuvo
detenido más de un mes antes de su deportación a Pakistán.
Los oficiales migratorios habían desenterrado su archivo, que juntaba
polvo desde hacía 10 años. Cuando estuvo entre rejas, no
se le permitió hablar por teléfono con su esposa.
Esto es una clara violación de la Constitución de
Estados Unidos, una discriminación contra inmigrantes árabes
y musulmanes que no tienen nada que ver con los atentados del 11 de septiembre
de 2001, dijo Bobby Khan, del Proyecto Coney Island, que brinda
asesoramiento legal a familias de inmigrantes detenidos o en proceso de
deportación.
El Departamento de Seguridad Interna ha convocado desde el año
pasado a hombres adultos de 24 países árabes y musulmanes
(y de Corea del Norte) para registrar sus huellas digitales y fotografías
y para interrogarlos.
Quienes no concurrieran deberían afrontar deportación o
acusación penal, advirtieron las autoridades. Los convocados proceden
de Afganistán, Arabia Saudita, Argelia, Bangladesh, Egipto, Indonesia,
Irán, Iraq, Jordania, Kuwait, Pakistán y Siria.
Miles de personas fueron detenidas, y muchas de ellas mantenidas en celdas
superpobladas. También hubo casos de presos a los que se negó
alimentos, sueño y medicinas. Entre los detenidos hubo gran cantidad
de extranjeros que habían solicitado visa pero esperaban la respuesta
de las autoridades.
Muchos de ellos habían apelado a la cláusula de abrigo
seguro, programa diseñado para reunir a las familias que
había contado con el fuerte apoyo del presidente George W. Bush,
dijo un abogado de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU),
la más antigua organización de derechos civiles de Estados
Unidos.
Funcionarios de migraciones calcularon que más de 13.000 hombres
(16 por ciento de los cuales fueron convocados a llenar el registro
especial) son pasibles de deportación, pero apenas un puñado
fueron vinculados con el terrorismo, admitieron.
El aumento dramático de las deportaciones es un efecto secundario
del programa de registro, no uno de sus objetivos, dijo el portavoz
del Departamento de Seguridad Interior Bill Srassberger en julio al diario
The Washington Post.
Siempre que los funcionarios de migraciones entren en contacto con
alguien que ingresó ilegalmente en el país, tienen la responsabilidad
de iniciar los procedimientos de deportación, advirtió
Srassberger.
Este proceso es una trampa para los inmigrantes, advirtieron activistas.
Esto está causando mucho temor y aprensión, una sensación
de sitio, dijo el portavoz del Consejo de Relaciones Estadounidense-Islámicas
Ibrahim Hooper.
Me temo que me deportarán en octubre. He esperado el permiso
de empleo los últimos dos años, pero hasta ahora no hubo
ni una palabra del Departamento de Trabajo. No sé qué hacer,
dijo la pakistaní Mian Ahmed, de 48 años, trabajadora en
un almacén del área metropolitana de Nueva York.
Sentado junto a Rukhsana Saeed está un joven pakistaní tan
frustrado y temeroso como ella. Tiene 26 años y reside en Estados
Unidos desde hace 18, si bien su autorización está pendiente
desde los últimos años 80. Ahora recibió la orden
de deportación.
Unas 13.000 personas de países árabes y musulmanes eran
deportados cada año hasta el 11 de septiembre de 2001, y el ritmo
se duplicó desde entonces, según cifras oficiales. El diario
The Philadelphia Inquirer indicó que más de 5.000 pakistaníes
huyeron de Estados Unidos a Canadá desde los atentados.
Khan dijo que su grupo entró en contacto con familiares de unos
300 detenidos y de más de 200 deportados. Muchos de ellos
cayeron en la trampa de las autoridades migratorias, que no les informaron
adecuadamente sobre los procedimientos, indicó.
Rukhsana Saeed dijo que le resulta cada vez más difícil
alimentar y vestir a sus hijos desde la deportación de su esposo.
Dos de los niños, que asisten a una escuela pública local,
aún preguntan cuándo regresará su padre. No
sé qué decirles. Solo les hice promesas falsas, afirmó.
El casero de Saeed le entregó la orden de desalojo. Ella y sus
hijos viven en un apartamento de una habitación, y no ha podido
pagar el alquiler. Tampoco tuvo posibilidades de llamar a su esposo en
Pakistán. Tengo que elegir entre una llamada de larga distancia
y el alimento de los niños.
Rukhsana Saeed no ve futuro para sus hijos en Pakistán. El menor
es ciudadano estadounidense. Hay pobreza, armas y violencia religiosa
en la ciudad de donde vengo. Solo sueño, solo pido a Dios que un
día Saeed regrese con nosotros. No entiendo por qué nos
separaron.
EUU bloquea garantías a trabajadores
de ONU
Por Thalif Deen
Naciones Unidas, 25 de agosto (IPS) Estados Unidos contradice
a los restantes 14 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, al negarse
a someter eventuales ataques contra trabajadores del foro mundial a la
flamante Corte Penal Internacional (CPI) para crímenes de guerra
y genocidio.
La votación del proyecto de resolución, presentado por México
y copatrocinado por Alemania, Bulgaria, Francia, Rusia y Siria, estaba
prevista para este lunes, pero Estados Unidos pidió una postergación.
La iniciativa indica que los 191 países de la ONU (Organización
de las Naciones Unidas) deberían adoptar leyes sobre garantías
de seguridad para los trabajadores del foro mundial, y califica los futuros
ataques contra ellos de crímenes de guerra.
Los defensores de la CPI afirman que la intención de Washington
es ejercer presión sobre el resto del Consejo de Seguridad.
El secretario de Estado (canciller) estadounidense Colin Powell pidió
a México que borrara del proyecto la atribución de los ataques
contra trabajadores de la ONU a la jurisdiccción de la CPI, según
un informe periodístico.
Estados Unidos coincide con la necesidad de proteger a los funcionarios
de la ONU, afirmó este lunes el portavoz del Departamento de Estado
(cancilería), Philip Reeker. Pero nos preocupa parte del
lenguaje del proyecto mexicano, particularmente las referencias
a la CPI, agregó.
El órgano judicial internacional está en funciones desde
marzo. Washington se opuso a su creación y se ha negado a ratificar
el Estatuto de Roma, que lo constituyó, porque teme que soldados
y altos funcionarios estadounidenses sean llevados ante el tribunal por
crímenes cometidos en conflictos militares.
Dado que Estados Unidos no es parte del tratado, los militares estadounidenses
participantes en la guerra contra Iraq iniciada el 20 de marzo y concluida
el 1 de mayo no podrán ser acusados de crímenes de guerra
ante la CPI.
El Estatuto de Roma considera los ataques contra trabajadores humanitarios
como crímenes de guerra, sin importar la oposición ideológica
de la administración de (el presidente estadounidense George W.)
Bush, dijo este lunes el activista Bill Pace, de la Coalición
por la CPI.
El tratado internacional contiene elementos disuasivos así como
de protección para quienes asumen la tarea de asegurar la paz,
como los funcionarios de la ONU muertos en Bagdad la semana pasada en
un atentado con coche-bomba, sostuvo Pace.
Por su parte, David Donat-Cattin, del Programa de Derecho Internacional
de la organización Parlamentarios para la Acción Mundial,
dijo: La oposición de Estados Unidos a una resolución
que proteja a los trabajadores humanitarios es inaceptable, en especial
considerando la gravedad de los crímenes de guerra de la semana
pasada en Bagdad.
La detonación del coche bomba en el hotel Canal de Bagdad, donde
tenía sus oficinas la representación de la ONU en Iraq,
mató a 24 personas, entre ellas varios altos funcionarios del foro
mundial a cargo del programa humanitario.
Uno de ellos era el subsecretario general del foro mundial, alto comisionado
para los Derechos Humanos y representante especial de la Secretaría
General para Iraq, Sergio Vieira de Mello.
Después del atentado, la oposición de Estados Unidos
a la propuesta de resolución es desgraciada, dijo el director
del Programa de Justicia Internacional de la organización de derechos
humanos Human Rights Watch (HRW), Richard Dicker.
El gobierno de Bush no debería dejar que su cruzada contra la CPI
ponga en peligro los esfuerzos para proteger a los trabajadores humanitarios,
sostuvo Dicker.
El proyecto mexicano expresaría, de ser aprobado, el compromiso
del Consejo de Seguridad con la protección del personal humanitario,
añadió.
HRW sostuvo en una declaración emitida este lunes que las cláusulas
de la resolución cuestionadas por Estados Unidos se limitan a estipular
que los ataques contra personal humanitario y de las fuerzas de mantenimiento
de la paz son un crimen de guerra de acuerdo con el Estatuto de Roma.
La oposición de Estados Unidos a la iniciativa mexicana refleja
una objeción totalmente irracional a la CPI, agregó la organización
con sede en Nueva York.
En los últimos meses, el gobierno de Bush continuó socavando
la autoridad de la CPI mediante sus intervenciones en el Consejo de Seguridad,
entre ellas su propuesta luego aceptada de que las fuerzas
internacionales de paz en Liberia tuvieran inmunidad ante el órgano
judicial.
Esta disposición socava el Estatuto de Roma y otros aspectos
importantes del derecho internacional. Los miembros del Consejo de Seguridad
fueron obligados a elegir entre desplegar fuerzas de mantenimiento de
paz en Liberia y sostener principios establecidos de derecho, indicó
HRW.
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