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Edward Said, la lúcida voz de un
pueblo
Por Varsha Gupta dSouza
Nueva York, Nueva York, 25 de septiembre (IPS) Edward Said, uno
de los intelectuales más encumbrados de la causa palestina, murió
este miércoles en Nueva York luego de un decenio de lucha contra
la leucemia. Tenía 67 años.
La pérdida de Edward Said será sentida por millones
de personas. Para los palestinos, cuya tragedia y cuya historia él
contribuyó tan elocuentemente a explicar al público mundial,
ha caído un árbol, dijo el director ejecutivo de la
organización Musulmanes Estadounidenses por Jerusalén, Khalid
Turaani.
Pero los intensos escritos de Edward Said y su apasionado espíritu
seguirán viviendo como un poderoso legado y un llamado a la acción
para las generaciones venideras, agregó.
El polifacético Said era crítico literario y musical, profesor
de literatura inglesa y comparada en la neoyorquina Universidad de Columbia,
autor de 15 libros, experto en ópera, pianista y, con seguridad,
el portavoz más elocuente de la causa palestina en Occidente.
Ganador de muchos premios, incluido el Owais por logros culturales y el
primer Spinoza holandés, Said también fue profesor visitante
en grandes universidades estadounidenses como Yale, Havard y Johns Hopkins.
La situación de los palestinos es la de víctima. Son
los desposeídos, y lo que hacen por medio de la violencia y del
terrorismo es comprensible, dijo en 1989, entrevistado por la revista
New York.
Pero lo que hacen los israelíes al matar palestinos a una
escala mucho mayor es una continuación de la horripilante e injusta
desposesión del pueblo palestino, agregó entonces.
Repudio totalmente el terrorismo, en todas sus formas. No sólo
el terrorismo palestino: también estoy en contra del israelí,
del bombardeo de campamentos de refugiados, dijo.
Said desató en 2000 una controversia cuando arrojó una piedra
a un guardia israelí en la frontera libanesa. La Universidad de
Columbia no lo censuró, pues sostuvo que su profesor no dirigió
la piedra contra nadie, no violó ley alguna y estaba amparado por
la libertad de cátedra en ese tipo de acciones.
Hace dos años escribió, luego de visitar Jerusalén
y Cisjordania, que los esfuerzos israelíes hacia la exclusividad
y la xenofobia contra los árabes habían fortalecido
la determinación palestina por sus legítimas causas.
Palestina y los palestinos resisten, a pesar de los esfuerzos de
Israel para deshacerse de ellos o de restringirlos hasta la ineficacia,
observó Said en una columna para la revista egipcia Al-Ahram.
Cuando el hoy presidente palestino Yasser Arafat firmó en 1993
los acuerdos de paz de Oslo con el entonces primer ministro Isaac Rabin,
Said remó contra la corriente al afirmar que dos estados separados,
uno palestino y otro judío, serían inviables, y postuló,
en cambio, la creación de un estado binacional único.
No veo otro camino que comenzar a hablar ahora sobre compartir la
tierra que nos ha encontrado juntos, y compartirla de un modo verdaderamente
democrático, con derechos iguales para cada ciudadano, anotó
en un texto publicado por el diario The New York Times.
No podrá haber reconciliación a menos que ambos pueblos,
ambas sufridas comunidades, resuelvan que su existencia es un hecho secular
y que debe ser afrontada como tal, advirtió.
Said integró el parlamento en el exilio durante 14 años,
hasta su renuncia en 1991.
Nacido en 1935 en Jerusalén, entonces dominada por Gran Bretaña,
y educado en instituciones de Palestina y El Cairo, Said se radicó
en Estados Unidos a comienzos de los años 50. Se graduó
en la Universidad de Princeton en 1957 y obtuvo en Harvard la maestría,
en 1960, y el doctorado, en 1964.
Luego de acumular una abultada obra escrita, Said se dedicó a redactar
sus memorias luego de saber que sufría leucemia. Decidí
que era posible vivir con una espada de Damocles encima de tu cabeza.
Se puede, por acto de la voluntad, no pensar en ello. Es afue, creo, mi
mayor victoria. No pienso en la muerte, dijo.
Agricultura-Brasil: Ilegalidad oficializada
en los transgénicos
Por Mario Osava
Rio de Janeiro, Brasil, 26 de septiembre (IPS) La soja transgénica
se impone en Brasil por una vía ilegal oficializada por el mismo
gobierno, que adoptó este año dos medidas excepcionales
para acomodar hechos consumados, en medio de polémicas jurídicas
y agrícolas.
La autorización a sembrar soja genéticamente modificada
para la próxima temporada fue publicada este viernes, pese a la
opinión de la ministra del Medio Ambiente, Marina Silva, del Consejo
Nacional de Medio Ambiente, órgano normativo oficial, de numerosas
organizaciones no gubernamentales (ONG) y hasta de la Conferencia Episcopal
de la Iglesia Católica.
La Asociación de Jueces Federales anunció que cuestionaría
la medida en la Suprema Corte de Justicia, por considerarla inconstitucional,
ya que está en vigencia un fallo judicial de 2000, que prohíbe
la siembra de transgénicos sin un estudio previo de impacto ambiental.
Se creó así un cuadro de crisis institucional, con el Poder
Ejecutivo atropellando al Judicial, ya que el fallo sólo puede
ser revocado por otra decisión judicial y no por una medida provisional,
sostuvo el magistrado Paulo Domingues, presidente de la Asociación.
La medida provisional, creada por la Constitución de 1988 en sustitución
del decreto-ley, permite al jefe de gobierno legislar de forma inmediata
en casos urgentes. El Congreso legislativo debe ratificarla o rechazarla
en los 60 días siguientes.
El vicepresidente José Alencar, en ejercicio de la presidencia,
dudó durante tres días antes de firmar la medida en la noche
del jueves, por reconocer que ella contraría la legislación.
Sucesivas reuniones con ministros y parlamentarios desnudaron la división
del gobierno en ese tema.
Alencar dejó en claro que firmó la medida provisional a
disgusto, cumpliendo una determinación del presidente Luiz Inácio
Lula da Silva, de visita esta semana a la sede de la Organización
de las Naciones Unidas (ONU), México y Cuba.
Es la segunda vez que el gobierno recurre a una medida provisional para
responder a situaciones creadas por la siembra ilegal de soja transgénica
en Río Grande del Sur, con semillas contrabandeadas desde Argentina.
En marzo, una medida similar autorizó la comercialización
de la legumbre que ya se había cosechado o estaba por cosecharse
en el estado más meridional del país. Pero fijaba un plazo
hasta el 31 de enero para las ventas y mantenía la prohibición
de nuevas siembras.
Setenta por ciento de la soja plantada en aquel estado era transgénica,
se estimaba entonces. La destrucción de casi seis millones de toneladas
cosechadas hubiera provocado un colapso agrícola y una crisis social,
y con este argumento se impuso la medida excepcional.
Los opositores intentaron sin éxito limitar la venta al mercado
externo.
Pero ahora se libera la siembra, es decir una producción futura,
destacó a IPS el diputado y abogado Orlando Desconsi, del gobernante
Partido de los Trabajadores (PT).
Los jueces tienen razón, la medida viola un artículo
de la Constitución que exige estudios certificando que no se dañará
el ambiente, observó Desconsi, afirmando que la mayoría
de sus pares del PT rechazan la medida, pero podrían aprobarla
por razones de gobierno.
Yo votaré en contra, anunció.
Su esperanza es que la Suprema Corte anule la medida, en respuesta a la
acción anunciada por los jueces federales, el Partido Verde y posiblemente
el procurador general de la República, Claudio Fonteles.
Según Lula, el paso del Poder Ejecutivo responde a una realidad
concreta de emergencia, porque los agricultores del sur alegan disponer
sólo de semillas transgénicas y advierten que las usarán
de cualquier manera en la siembra que empieza la próxima semana.
La legalización de esa realidad irreversible fue reclamada
también por el ministro de Agricultura, Roberto Rodrigues, autoridades
riograndenses y organizaciones empresariales.
La medida es necesaria para que los agricultores puedan optar libremente
entre alternativas disponibles, arguyó el diputado Francisco Turra,
del conservador Partido Progresista de Río Grande del Sur, en entrevista
con IPS.
El consumidor también podrá elegir lo que quiere comprar,
acotó.
En opinión de Turra, también abogado, la medida excepcional
no crea un conflicto con la justicia, porque el fallo mencionado fue sometido
a una instancia superior que aún no emitió sentencia sobre
el mérito de la cuestión.
Con todo, el gobierno trató de prevenir derrotas judiciales, imponiendo
varias restricciones. La soja transgénica podrá ser sembrada
y vendida solo hasta 31 de diciembre de 2004, después será
incinerada.
Y los agricultores tendrán que firmar un compromiso asumiendo los
cargos de potenciales daños ambientales y a la salud humana.
Como la medida es válida para todo el territorio, no sólo
para Río Grande del Sur como la anterior, las semillas no pueden
ser transferidas de un estado a otro, buscando evitar la expansión
del problema. Una discriminación territorial haría más
vulnerable al decreto.
Además, la siembra transgénica queda prohibida en áreas
de protección ambiental y conservación de biodiversidad,
para reducir el riesgo de contaminación.
Silva, ministra del Medio Ambiente, se resiste a los transgénicos
sobre la base del principio de precaución consagrado en el Protocolo
de Cartagena, en vigor desde este mes.
Los estudios realizados hasta ahora sobre la variedad en cuestión,
la Roundup Ready de la corporación estadounidense Monsanto, se
realizaron en países de poca diversidad biológica y por
tanto no sirven a la rica realidad brasileña en la materia, arguye
Silva.
Toda la confusión fue provocada por el gobierno, que además
de atropellar a la justicia, las leyes ambientales y los derechos
del consumidor, incumplió sus promesas de poner fin a situaciones
excepcionales con una legislación amplia y definitiva sobre transgénicos,
sostuvo Marilena Lazzarini, coordinadora del Instituto Brasileño
de Defensa del Consumidor (IDEC).
No existen estudios concluyentes sobre la inocuidad ambiental o sanitaria
de los organismos modificados en laboratorio mediante la introducción
de genes de otras especies, con fines de mejorar su rendimiento o resistencia.
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