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Ecuador-EEUU: Transnacionalización de la
justicia ambiental
Por Jim Lobe
Washington, DC, 23 de octubre (IPS) Las corporaciones estadounidenses
que se aprovechen de la debilidad de los poderes judiciales del mundo
pobre podrán ser condenadas por tribunales de este país,
si prospera en Ecuador una demanda de agricultores e indígenas.
Trescientos mil personas denunciaron a la empresa petrolera estadounidense
ChevronTexaco en Lago Agrio, en la oriental provincia ecuatoriana de Oriente,
por envenenar su ambiente y causarles enfermedades durante 21 años
desde 1971.
Se trata de una demanda que recorrió numerosos tribunales federales
estadounidenses en el pasado decenio, pero ahora recayó sobre la
justicia ecuatoriana en Lago Agrio.
Lo peculiar del caso es que, en un fallo sin precedentes, un tribunal
federal estadounidense, la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de
Nueva York, se comprometió en mayo a asegurarse de que ChevronTexaco
cumpla el fallo en caso de que la empresa sea hallada culpable.
La Corte advirtió, incluso, que remitiría la demanda a algún
otro tribunal estadounidense si constata que los querellantes no recibieron
un trato justo en Ecuador.
Los querellantes aseguraron que ChevronTexaco destruyó sistemáticamente
el ambiente de la localidad y dañaron la salud de los residentes
y del ganado a través del vertido masivo de fluidos tóxicos
y petróleo crudo hasta 1992.
No solo está en juego un reclamo de 1.000 millones de dólares
en compensaciones, sino el establecimiento de un criterio según
el cual las compañías petroleras estadounidenses deberán
ser ambientalmente responsables si quieren operar en el extranjero,
dijo el principal abogado de los demandantes, Cristóbal Bonifaz.
ChevronTexaco sostuvo en reiteradas oportunidades ante la justicia que
su subsidiaria Texaco Petroleum Company (TexPet) pagó 40 millones
de dólares en 1998 para limpiar los vertederos de residuos y otros
lugares contaminados que quedaron en Lago Agrio luego del fin de las operaciones
en 1992.
También afirmó que TexPet era socio minoritario en un consorcio
dirigido por la compañía estatal PetroEcuador, y que la
labor de limpieza fue declarada satisfactoria por el gobierno ecuatoriano
en 1998.
ChevronTexaco también argumentó que no violó ninguna
ley vigente en el periodo de operaciones, y que una nueva ley que
sirve de base a la demanda que obliga a las compañías
mineras a limpiar la contaminación que ocasionan no puede aplicarse
con retroactividad.
Pero desde la óptica de los abogados de la demanda, los antecedentes
de TexPet en la región son particularmente negativos.
En 21 años, la compañía arrojó casi 500 millones
de barriles de agua residual que contenía crudo y metales pesados
cancerígenos. También dejó casi 350 vertederos de
residuos a cielo abierto, algunos a pocos metros de la casa de los residentes,
que enfermaron y mataron personas y animals, según los querellantes.
Los basurales hoy cubren buena parte de la región de la Amazonia
septentrional ecuatoriana, y su contenido se ha filtrado en ríos
y napas subterráneas de los que depende la población, asegura
la demanda.
Los denunciantes también mencionaron un estudio realizado por la
Escuela de Epidemiología de Londres según el cual la incidencia
de cáncer había aumentado varias veces respecto de la tasa
histórica, y que el cáncer de laringe, en particular, es
sufrido 30 veces más que lo normal por los hombres.
Tres comunidades indígenas los cofan, los secoya y los siona
sufrieron especialmente los daños. Muchos de sus integrantes contrajeron
cáncer y murieron, y la mayoría de los ríos en sus
tierras ancestrals están tan contaminados que muchos de los sobrevivientes
debieron mudarse.
La población de los cofan cayó de 15.000 en 1971, cuando
comenzó la actividad petrolera del consorcio en sus tierras, a
menos de 300 en la actualidad.
Creemos que lo que ChevronTexaco hizo en la selva ecuatoriana no
fue solo negligente, sino temerario, dijo a IPS otro de los abogados
de la demanda, Joseph Kohn.
Cuba-EEUU: Bush pierde autoridad
Análisis de Jim Lobe
Washington, DC, 24 de octubre (IPS) El presidente George W. Bush
pierde autoridad ante los legisladores de su partido, como lo demuestra
la aprobación en el Senado, inesperada y por amplio margen, del
levantamiento de la prohibición de viajar a Cuba que rige para
los estadounidenses.
El Senado marcó con su decisión, por 59 votos a 36, una
creciente independencia del Poder Ejecutivo. La mayoría de la cámara
alta del Congreso legislativo es del gobernante Partido Republicano, 19
de cuyos senadores apoyaron la iniciativa.
La resolución del jueves, a la que siguió la inmediata amenaza
de veto de la Casa Blanca, fue posterior a una casi idéntica aprobada
por la Cámara de Representantes el 9 de septiembre.
A pesar de las grandes presiones del Partido Republicano, 53 de sus diputados
unieron entonces su voto a una fuerte mayoría de demócratas
para poner fin a las restricciones a los viajes.
Como ambas cámaras aprobaron textos muy similares, resultará
difícil enmendarlos en el Comité de Conferencia, organismo
interno a cargo de conciliar iniciativas legales similares antes de enviarlas
unificadas al presidente para su sanción.
Bush anunció hace dos semanas medidas en favor del advenimiento
de una Cuba nueva, libre y democrática, incluida la
aceptación de más inmigrantes desde la isla, la creación
de una comisión para planificar la transición del
estalinismo a una sociedad libre y abierta y nuevas restricciones
a los viajes.
Los senadores se desalinearon de la Casa Blanca un año antes de
las elecciones presidenciales y en momentos en que la aprobación
de Bush cayó a menos de 50 por ciento, tras haber alcanzado 80
por ciento durante la invasión a Iraq entre el 20 de marzo y el
1 de mayo.
Esto hubiera sido inconcebible hace seis meses. Pero resulta claro
que cada vez más republicanos están dispuestos a votar contra
el presidente, afirmó una fuente del Congreso sobre la votación
relativa a Cuba.
La línea dura de Bush contra el régimen de Fidel Castro
tiene el objetivo de asegurar los votos al Partido Republicano entre los
ciudadanos de origen cubano en el sudoriental estado de Florida, cuyo
gobernador es el hermano del presidente, Jeb Bush.
El Senado había mantenido en 1999, por 55 votos a 43, la prohibición
de viajar a Cuba. Trece senadores republicanos cambiaron de opinión
desde entonces y votaron lo contrario el jueves.
El amplio margen de la votación tomó a muchos por sorpresa,
y más aun porque varios republicanos, entre ellos el presidente
del Comité de Relaciones Exteriores Richard Lugar, dijeron estar
a favor del levantamiento de la prohibición, si bien no la votaron
por entender que éste no era el momento.
Además, cuatro senadores del opositor Partido Demócrata
que también estaban a favor de levantar la prohibición faltaron
a la sesión. Por lo tanto, los integrantes de la cámara
alta a favor de levantar la prohibición se acerca a los 66 necesarios
para levantar un eventual veto presidencial.
Funcionarios de la Casa Blanca dijeron confiar en que el veto permanecería
si el texto votado sobrevive a la consideración del Comité
de Conferencia.
La ley estadounidense permite los viajes a Cuba para reuniones familiares,
estudios e investigaciones, entre otros pocos motivos, pero esas
excepciones son utilizadas con demasiada frecuencia como cobertura de
negocios turísticos ilegales y para esquivar las restricciones
al ingreso de efectivo a Cuba, dijo Bush.
El turismo ilegal perpetúa la miseria del pueblo cubano,
advirtió el mandatario.
El Departamento del Tesoro ha aumentado los controles, inspecciones, investigaciones
y multas a quienes supuestamente viajaron a Cuba de manera ilegal.
Las sanciones unilaterales no sólo frenan el flujo de bienes,
sino el de ideas, dijo el senador republicano Michael Enzi. El
mejor enfoque para hacer frente a los países comunistas es el compromiso,
concluyó el demócrata Brian Dorgan.
Estados Unidos: Trabajadores de la zona
cero piden compensación
Por Katherine Stapp
Nueva York, Nueva York, 24 de octubre (IPS) Cientos de inmigrantes
contratados para limpiar los restos tóxicos de los atentados terroristas
del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York reclaman una compensación
por los graves problemas de salud que sufren desde entonces.
Dificultades respiratorias, erupciones en la piel, náuseas constantes,
depresión y ansiedad son algunos de los síntomas que padecen
miles que descendieron a la llamada zona cero para sacar los
escombros de las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York,
derrumbadas luego de que atacantes suicidas estrellaran dos aviones de
pasajeros contra ellas.
Ninguno de los 25 ex trabajadores de la zona cero que asistieron este
mes a un taller organizado por el Fondo para la Educación y Defensa
Legal de los Puertorriqueños dijo haber sido advertido sobre la
peligrosidad de los materiales que debían manejar, como amianto,
silicona y mercurio.
Ahora, dos grupos defensores de los derechos de los inmigrantes los ayudan
a exigir una compensación del Estado.
Estos fueron los trabajadores invisibles que estuvieron detrás
de la escena, esforzándose para hacer que las oficinas y los edificios
estuvieran limpios y así todos pudieran regresar a trabajar,
dijo Beverly Tillery, del Comité de Nueva York para la Seguridad
Laboral y de Salud (NYCOSH, por sus siglas en inglés).
La mayoría, si no todos, carecían de seguros médicos,
por eso la compensación es la única vía para que
puedan someterse a un tratamiento médico por la enfermedad que
contrajeron en la zona cero, añadió.
Muchos de ellos son examinados por los médicos del Centro Monte
Sinaí para Medicina Laboral y Ambiental en Manhattan, que recibió
algunos fondos del gobierno para ese fin.
Cerca de 80 por ciento de los trabajadores sufrieron algún síntoma
respiratorio atribuible a la limpieza de la zona cero, entre ellos úlceras
en la garganta, opresión en el pecho y tos frecuente, según
datos del Centro Monte Sinaí. La mitad todavía los padecía
un año después de los atentados.
Tres cuartas partes de los 150 trabajadores examinados en el Centro todavía
sufren algún problema respiratorio, informó Rafael de la
Hoz, el médico encargado del caso.
Otros padecen problemas musculares, de piel, y psicológicos, como
estrés y depresión.
Todavía vemos los efectos dos años después
de lo que ocurrió, lo que demuestra que se trata de problemas de
largo plazo. Otras enfermedades pueden tomar más tiempo en manifestarse.
El cáncer, por ejemplo, puede no mostrar ningún síntoma
durante 10 años, dijo De la Hoz a IPS.
NYCOSH y el no gubernamental Proyecto de Trabajadores Latinoamericanos
cooperan para ubicar y ayudar a los inmigrantes que participaron de la
limpieza de la zona cero.
Muchos de ellos todavía tienen empleos temporales de limpieza en
oficinas cercanas en el distrito financiero de Manhattan.
Una clínica móvil que fue instalada en la zona cero entre
enero y febrero de 2002 atendió a 416 trabajadores, la mayoría
de ellos de Colombia y Ecuador, y muchos sin permiso de residencia.
El director ejecutivo del Proyecto, Oscar Paredes, dijo a IPS que algunos
inmigrantes no tienen hogar y perdieron todo debido a que su enfermedad
les impidió seguir trabajando.
Sabemos que este tipo de enfermedades, y en especial la causada
por exposición al amianto, pueden afectarlos por el resto de su
vida. Yo soy optimista de la lucha que tenemos por delante, pero puede
tomar años, dijo Paredes.
El activista afirmó que los inmigrantes tienen derecho a una compensación
a pesar de que muchos de ellos no tenían permiso de residencia.
El Proyecto identificó a más de 600 inmigrantes que trabajaron
en la limpieza de la zona cero, y Paredes sostiene que, sumado a los números
que citan otras organizaciones, habría unos 3.000 en necesidad
de asistencia médica urgente.
De la Hoz sostuvo que las autoridades no advirtieron sobre los peligros
que implicaban los trabajos porque tenían gran urgencia para
volver a reanudar los negocios.
Fue una operación contrarreloj, y por eso se minimizaron
los riesgos que implicaba para los inmigrantes, que trabajaron por
60 dólares diarios, señaló.
Las compañías ganaban con la operación y querían
que el trabajo terminara lo más pronto posible, sin importarles
la protección de la salud de los trabajadores, añadió.
La Fiscalía Federal está investigando a las compañías
que participaron en las operaciones de limpieza, según trascendió.
Mientras, el gubernamental Instituto Nacional de Ciencias de la Salud
Ambiental destinó más de nueve millones de dólares
para seguir estudiando los efectos en la salud de los trabajadores de
la zona cero.
Muchos sostienen que el mayor problema es la vulnerabilidad que tienen
los inmigrantes, en especial los que están en forma ilegal.
El representante Luis Gutiérrez, del opositor Partido Demócrata,
presentó un proyecto de ley en el Congreso para expandir todo el
sistema de protección de los derechos de los trabajadores a aquellos
que tienen empleos temporales.
El proyecto había sido presentado hace dos años, pero no
contó con el respaldo esperado. Gutiérrez lo volvió
a presentar en agosto y está seguro de que ahora será diferente.
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