No. 253, Nov. 20-26, 2003

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Un pánico espeso como la sangre

Serbia: abstencionismo amenaza la democracia

 







Un pánico espeso como la sangre

Por Jim Lobe

Washington, DC, 12 de noviembre (IPS)— El gobierno de Estados Unidos da muestras de creciente vergüenza y pánico ante la ráfaga incesante de malas noticias procedentes de Iraq.

Los inesperados cónclaves en la Casa Blanca de L. Paul Bremer, procónsul de Estados Unidos en Bagdad, y la filtración a la prensa de un informe pesimista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sobre el estado de la opinión pública iraquí dejaron en evidencia el desequilibrio reinante en Washington.

La noticia de que al menos 15 soldados italianos y otras 10 personas murieron este miércoles en un ataque suicida en un cuartel de la hasta entonces pacífica ciudad meridional de Nasiriya sólo subrayó en Washington la sensación de que la resistencia iraquí está creciendo y saliéndose de madre.

“Es una situación dura”, dijo Bremer, jefe de la Autoridad Provisional de Coalición este miércoles en la Casa Blanca.

“Dije repetidas veces durante seis meses, tanto en público como en privado, que soy optimista y tengo plena confianza en nuestros logros en Iraq, pero afrontamos días difíciles, como hoy”, añadió.

Cuando un periodista le formuló una pregunta sobre el informe de la CIA, que destaca la creciente desilusión iraquí con la ocupación estadounidense, Bremer contestó: “Creo que la situación del público iraquí es, francamente, difícil de cuantificar.” Fue una respuesta inuualmente insegura viniendo de este funcionario.

Cada vez más iraquíes creen que la ocupación puede ser derrotada y apoyan a los insurgentes, según el informe del jefe de estación de la CIA en Bagdad publicado por el diario The Philadelphia Inquirer.

El documento fue entregado a altos funcionarios el lunes, pero parte de sus conclusiones fueron seleccionadas y filtradas a varios periodistas, en un intento, según The Philadelphia Inquirer, de “asegurarse de que el mensaje llegue a (el presidente George W.) Bush”.

La fuente del periódico manifestó frustración hacia el ala más conservadora del gobierno, incluido el vicepresidente Dick Cheney y las autoridades civiles del Departamento (ministerio) de Defensa, cuyas declaraciones de optimismo alimentaron los análisis más sombríos en la Casa Blanca.

Según el documento publicado por el diario, en Iraq reina un elevado escepticismo acerca de las intenciones reales de Estados Unidos, estimación corroborada por la empresa encuestadora Gallup en Bagdad.

Por otra parte, el Consejo de Gobierno, integrado por iraquíes a los que designó la Autoridad Provisoria de la Coalición, carece virtualmente de apoyo popular, agregó el jefe de la misión de la CIA.

El informe advierte también que aumentan las fricciones entre los ocupantes y la comunidad chiita musulmana, tanto en Bagdad como en el sur iraquí, y que la situación podría desembocar en hostilidades abiertas. Esa eventualidad constituye la peor pesadilla de Washington desde la invasión lanzada el 20 de marzo.

Los chiitas constituyen al menos 60 por ciento de la población iraquí, mientras la zona de predominio sunita, en el centro del país, es el principal foco de los “terroristas” del partido secular y socialista Baath, leales al depuesto presidente Saddam Hussein, que se desvaneció ante la invasión.

El informe de la CIA fue anterior al ataque contra los italianos de este miércoles y del incidente en que un soldado estadounidense mató el domingo de un disparo al alcalde del distrito chiita bagdadí de Sadr, designado por Washington.

El gobierno de Bush describió la visita de dos días de Bremer a Washington como rutinaria, pero las meras circunstancias que la rodearon eximen de mayores explicaciones.

Por asistir a cónclaves en la capital estadounidense, Bremer debió cancelar una largamente planificada reunión en Bagdad con el primer ministro polaco Leszek Miller, quien desafió a la opinión pública de su país al contribuir a la ocupación con más tropas que ningún otro, excepto Estados Unidos y Gran Bretaña.

Un soldado polaco murió en un atentado iraquí la semana pasada.

Bremer se reunió el martes y este miércoles con Bush, Cheney y otros altos funcionarios. Los principales asuntos de la agenda fueron cómo responder a la creciente frecuencia y letalidad de los ataques y cómo acelerar la transición hacia la entrega de la soberanía a un gobierno iraquí.

En el frente militar, el promedio diario de ataques contra las fuerzas de ocupación supera hoy los 30, más del doble que hace tres meses, con más de 40 soldados estadounidenses muertos en las pasadas dos semanas, informó el comandante de las fuerzas del país norteamericano en el terreno, general Ricardo Sanchez.

Al parecer, las fuerzas estadounidenses decidieron responder a la creciente resistencia con tácticas mucho más agresivas, lo que quedó de manifiesto el domingo, con un bombardeo aéreo sin precedentes sobre escondites y arsenales cerca de Tikrit, ciudad natal y bastión político de Saddam Hussein.

También este miércoles, las dos docenas de explosiones escuchadas en la noche bagdadí fueron, según informaron las fuerzas de ocupación, ataques contra supuestos refugios guerrilleros.

Pero una mayor agresividad puede ser contraproducente, según el informe de la CIA. También lo advirtió el fin de semana en una columna para el diario The New York Times el encargado de la asistencia estadounidense a la guerrilla que luchó en los años 80 contra la ocupación soviética en Afganistán, Milton Bearden. “Por cada mujaidín (combatiente islámico) muerto o atrapado por los soviéticos en Afganistán, quizás media docena de miembros de su familia tomaban las armas para vengarse. Por desgracia, la misma norma probablemente se aplique en Iraq”, escribió Bearden.

El frente político es tan resbaloso como el militar. El gobierno de Bush pretende acelerar el proceso para poner un “rostro iraquí” en el gobierno del país árabe, pero Bremer parece haber perdido la confianza en Consejo de Gobierno Interino, e incluso en el favorito de Cheney, Ahmed Chalabi.

El 15 de diciembre vence el plazo para que el Consejo eleve al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) un plan de elaboración de una nueva constitución, pero no parece haber tomado el asunto con seriedad.

Y Washington teme que eso dilate aun más sus planes de instalar un gobierno elegido en las urnas antes de las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre de 2004.

Para colmo, no aparece un candidato obvio para que encabece sin necesidad de elecciones un gobierno provisional, como sí surgió tras el derrocamiento en Afganistán del régimen islámico de Talibán en la figura del presidente Hamid Karzai.

El gobierno de Bush también podría aceptar la propuesta de las autoridades chiitas de la ciudad de Najaf, que llamaron a elecciones para una convención constitucional.

Pero esa posibilidad originaría problemas en la población sunita, pues, seguramente, los chiitas dominarían ese proceso.

Serbia: abstencionismo amenaza la democracia

Por Vesna Peric Zimonjic

Belgrado, Serbia, 17 de noviembre (IPS)-- La frágil democracia de Serbia está en peligro, advirtieron observadores tras el tercer fracaso consecutivo de las elecciones presidenciales, que no lograron la participación requerida por la ley y registraron un avance del ultranacionalismo.

Sólo 38,6 por ciento de los 6,5 millones de votantes habilitados concurrieron a las urnas el domingo, pero la ley exige una participación mínima de 50 por ciento.

Los dos comicios anteriores, celebrados en octubre y diciembre de 2002, también habían sido invalidados por el mismo motivo, pero el del domingo fue el que tuvo la menor participación.

Analistas atribuyeron la baja concurrencia al boicot convocado por algunos grupos opositores y al desencanto de la ciudadanía con los políticos, debido a una serie de escándalos de corrupción.

Las elecciones presidenciales intentan llenar el vacío que se creó con la finalización del mandato del presidente Milan Milutinovic, el pasado diciembre. Ningún presidente ocupó el cargo por elección democrática desde la caída del gobierno de Slobodan Milosevic, en octubre de 2000.

“El fracaso de las elecciones es el fracaso de la democracia”, dijo a IPS el analista Vladimir Goati.

Además, “Serbia está profundamente dividida entre el reformismo y el ultranacionalismo de la década de Milosevic”, agregó.

El candidato más votado fue el ultranacionalista Tomislav Nikolic, del opositor Partido Radical Serbio (SRS), que obtuvo 46,3 por ciento de los votos. Le siguió Dragoljub Micunovic, de la gobernante Oposición Democrática de Serbia (DOS), con 35,4 por ciento.

El partido de Nikolic era un estrecho aliado de Milosevic en los años 90, cuando la antigua Yugoslavia se desintegró mediante sangrientas guerras.

Los líderes del SRS alentaron el odio nacionalista contra los no serbios y juntaron voluntarios para pelear en las guerras de Croacia y Bosnia, entre 1991 y 1995.

El líder del SRS, Vojislav Seselj, fue procesado por crímenes de guerra por el Tribunal Internacional para la Ex Yugoslavia, con sede en La Haya.

Ese partido, que muchos consideran fascista, ha ganado apoyo popular debido a la falta de avance de las fuerzas democráticas que en 2000 derrocaron a Milosevic, que se negaba a entregar la presidencia al vencedor de las elecciones celebradas en septiembre de ese año, Vojislav Kostunica.

La transición hacia la economía de mercado dejó a decenas de miles de serbios sin empleo, y el aumento del nivel de vida ha sido muy lento.

La extradición de Milosevic a La Haya en junio de 2001, para ser juzgado por crímenes de guerra hirió profundamente los sentimientos nacionalistas de muchos serbios.

“La gran cantidad de votos que recibió Nikolic es un fuerte mensaje para las fuerzas prodemocráticas”, que “están pagando el precio por su ineficiencia, sus intrigas políticas y su arrogancia”, dijo a IPS el analista Srdjan Bogosavljevic.

Varios escándalos de corrupción sacudieron al actual gobierno, igual que al antiguo régimen.

La coalición DOS que derrocó a Milosevic en 2000 se dividió en varios grupos. Algunos antiguos socios se unieron a partidos de oposición en las últimas semanas para reclamar un voto de censura al gobierno, y pidieron a sus partidarios que boicotearan las elecciones del domingo.

El boicot provocó la participación electoral más baja de una elección presidencial en Serbia. “Fue una gran derrota política para los defensores de la democracia y las reformas, porque los nacionalistas demostraron lo que pueden lograr”, dijo a IPS el analista Zoran Lucic.

El gobierno disolvió el parlamento el 13 de noviembre y llamó a nuevos comicios parlamentarios para el 28 de diciembre. Estas elecciones sí parecen concitar el interés público.

Actualmente, Serbia es entonces un país sin presidente, con un parlamento disuelto y con un gobierno que sólo durará hasta el mes próximo.

“Serbia atraviesa una profunda crisis”, reconoció el domingo por la noche el canciller Goran Svilanovic.

Esto podría obstaculizar ”nuestros esfuerzos por acercarnos a la Unión Europea y a la Asociación para la Paz de la OTAN” (Organización del Tratado del Atlántico Norte), advirtió.

Atravesamos “una peligrosa fase de inestabilidad”, añadió el viceprimer ministro Zarko Korac.