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Washington se libra de diplomático
molesto
Por Diego Cevallos
Ciudad de Mexico, Mexico, 21 de noviembre (IPS) La renuncia de
Adolfo Aguilar a la representación de México en la ONU libra
al presidente Vicente Fox del último alfil de la izquierda en su
gobierno, y a Estados Unidos de un diplomático decidido a borrar
los aires de subordinación con ese país.
Salió de escena un diplomático que ya no tiene cabida en
el perfil del gobierno, dijo a IPS el investigador del Centro de Investigación
y Docencia Económicas, Jorge Chabat, al referirse a la renuncia
de Aguilar.
El diplomático de 54 años que incomodaba a Washington por
sus posiciones y propuestas anunció el jueves que dejaba el cargo
ante el Consejo de Seguridad de la ONU (Organización de las Naciones
Unidas) de forma inmediata y no en diciembre como lo dispuso la cancillería.
En una carta abierta a Fox, con quien colaboró desde 1994 cuando
el ahora mandatario apenas soñaba con llegar a la presidencia,
Aguilar consideró injusto el trato de su gobierno por haber declarado
que la clase política e intelectual de Estados Unidos
ve a México en la condición genérica de patio
trasero.
Me sorprendieron las reacciones por decir algo que me pareció
obvio, algo que se sabe, señaló este viernes el ahora
ex diplomático en entrevista con el noticiero matutino de la radiodifusora
Red.
Aguilar, quien había dicho en agosto a IPS que trabajaba para establecer
con Estados Unidos una relación sin rasgos de subordinación,
madura y no prostituida, fue la cara más visible de
la diplomacia mexicana en la oposición frontal de este país
a la guerra de Washington contra Iraq.
Los últimos conceptos de Aguilar sobre Estados Unidos, hechos a
mediados de mes en una conferencia ante estudiantes universitarios, despertaron
una tolvanera de reacciones.
Los desmentidos vinieron primero de Washington, a través del secretario
de Estado (canciller) Colin Powell quien aseguró que México
es un socio y no el patio trasero de su país. Luego reaccionó
Fox, considerando lo dicho por Aguilar como una ofensa para México.
La relación con Estados Unidos corresponde a la de socios y amigos,
aseguró el mandatario.
Te equivocas, Vicente, tus declaraciones son injustas (conmigo).
Soy un patriota, y no he sido yo quien ha ofendido a los mexicanos. No
soy yo quien ve y trata a México como patio trasero, señaló
Aguilar en su carta al mandatario.
El ahora ex colaborador de Fox afirmó que mientras fui representante
de México en el Consejo de Seguridad, el país no
ha sido ahí el traspatio de nadie.
La semana pasada el gobierno aclaró que no compartía los
puntos de vista de su embajador y anunció que Aguilar dejaría
el cargo en diciembre, cuando terminan los dos años del período
de México como miembro no permanente del Consejo de Seguridad del
foro mundial.
Es evidente que el gobierno de Fox quiere borrar cualquier tensión
con Estados Unidos para tratar de conseguir avances en un acuerdo migratorio
con ese país, hasta ahora esquivo, dijo Chabat.
El gobierno mexicano retomó el 12 de noviembre el diálogo
diplomático con Estados Unidos, luego de un largo distanciamiento
a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York
y Washington y la guerra que ese país inició contra Iraq
en marzo, y que Fox no apoyó.
Con la renuncia de Aguilar, Fox, del conservador Partido Acción
Nacional, se quedó sin colaboradores destacados que provengan de
una militancia de izquierda. El otro funcionario de ese origen era el
canciller Jorge Castañeda, quien renunció en enero.
Aguilar fue diputado del opositor e izquierdista Partido Revolucionario
Democrático entre 1994 y 1997 y senador independiente entre 1997
y 2000. Fue catedrático e investigador en relaciones internacionales
y política exterior.
Aguilar y Castañeda formaron parte central del equipo político
que llevó a Fox a la presidencia en las elecciones de julio de
2000.
Además, fueron piezas clave en el diseño de la política
internacional de su gobierno, el primero que no pertenece al Partido Revolucionario
Institucional en siete décadas.
Nosotros buscamos una relación de iguales con Estados Unidos,
sin subordinación de ninguna clase. Trabajamos por una relación
madura en la que se pueda discrepar sin problema, declaró
Aguilar a IPS en agosto.
México y Estados Unidos comparten una frontera de 3.200 kilómetros,
por la que cada año intentan cruzar un millón de emigrantes
indocumentados. Los dos países tienen una compleja relación
marcada por diferencias de idioma y cultura.
México concentra la mayoría de su comercio con Estados Unidos,
país donde viven más de 20 millones de mexicanos por ascendencia
y nacimiento, que sufren discriminación y maltratos.
Muchas de nuestras diferencias con Estados Unidos nacen de agravios
históricos, otras son el resultado de nuestra situación
de vecindad y desigualdad. No es fácil vivir al lado de una gran
potencia, escribió en 1986 el escritor mexicano Octavio Paz,
premio Nobel de Literatura.
En nuestras relaciones con ellos abundan los roces. Los equívocos
y las suspicacias. Nos quejamos, con razón, de un trato injusto
y desigual, señaló el escritor fallecido en 1998.
En su carta a Fox, Aguilar reconoce que quizá los conceptos que
expuso para referirse a Estados Unidos constituyen una transgresión
de las pautas de la discreción diplomática. Así lo
piensan muchos (...) y por ello quizá debí ser amonestado.
Soy un diplomático poco diplomático, qué duda
cabe. En Naciones Unidas he conocido a muchos otros. En esta época
y frente a los acontecimientos de los que nos ha tocado ser partícipes,
la diplomacia no puede ser ya el arte de mentir, escribió
Aguilar.
Para hacer la paz en el mundo no hay que mentir, no hay que ocultar
ni pretender realidades ficticias, continuó.
Mi actuación en la ONU incomodó a Estados Unidos,
que ejerce su poder por encima de los entendimientos colectivos y del
derecho internacional, sostuvo el ex embajador.
Tú sabes (Fox) que lo que está en juego es la independencia
del país, su prestigio, su credibilidad, su capacidad de negociación
y, ciertamente también, la posibilidad de que México no
sea visto nunca más como patio trasero, añadió.
Lula baja presión campesina
Por Mario Osava
Rio De Janeiro, Brasil, 21 de noviembre (IPS) El presidente de
Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, prometió entregar tierras
para trabajar a 400.000 familias en sus próximos cuatro años
de gobierno, logrando convencer a los campesinos que reclamaban esa medida
para un millón hasta 2006.
El gobierno anunció este viernes su Plan Nacional de Reforma Agraria,
ante la presión de más de 3.000 manifestantes reunidos en
Brasilia esta semana, movilizados por el Movimiento de los Sin Tierra
(MST) y la Confederación Nacional de Trabajadores en la Agricultura
(Contag).
Los militantes del MST llegaron el miércoles a la capital brasileña,
después de caminar 210 kilómetros de carretera desde el
10 de noviembre, cuando salieron de Goiania, capital del céntrico
estado de Goiás.
Paciencia, pidió Lula, al hablar ante los campesinos,
indicando que la reforma agraria se hará sin atropellos, dentro
de las posibilidades del país.
Su gobierno no cometerá errores del pasado, por eso además
de asentar las familias en las parcelas estimulará la organización
de cooperativas y creará mecanismos para ofrecerles tecnología
y crédito a los nuevos agricultores, destacó.
El plan anunciado por el Ministerio de Desarrollo Agrario prevé
el asentamiento de 35.000 familias este año y cantidades superiores
luego hasta completar casi 400.000 en los próximos tres años.
Además indica que 500.000 familias serán beneficiadas por
la legalización de la propiedad de las tierras que ya trabajan
y otras 127.500 podrán adquirir parcelas por medio del sistema
de crédito a la explotación rural.
Ese proceso y la expansión de la agricultura empresarial generarán
2,75 millones de nuevos empleos rurales, asegura el plan.
Es un avance en relación al gobierno anterior, del presidente Fernando
Henrique Cardoso (1995-2003), pues ahora la tarea es ayudar a las autoridades
a cumplir su programa, opinó el presidente de la Contag, Manuel
José dos Santos.
Sin embargo, los líderes del MST resaltaron que no forma parte
de la reforma agraria formalizar la posesión de tierras ya ocupadas
ni financiar compras que serán pagadas más tarde. Lo que
cuentan son los asentamientos nuevos en propiedades improductivas expropiadas.
El movimiento esperará hasta junio próximo por el cumplimiento
de las promesas gubernamentales y seguirá movilizado por una verdadera
reforma agraria, dijo Joao Paulo Rodrigues, uno de los coordinadores del
MST que actúa en Brasilia.
Otro coordinador e ideólogo del MST, Joao Pedro Stédile,
saludó el gesto del presidente Lula de visitar este viernes el
campamento de los manifestantes de los trabajadores sin tierra levantado
en un parque de Brasilia y hablarles directamente. Esto indica que la
reforma agraria ahora va, afirmó.
En la víspera, Stédile había dicho que sólo
la presión popular, con ocupaciones de grandes haciendas y otras
movilizaciones, podrá promover la redistribución de las
tierras en Brasil, concentradas en las manos de pocos miles de latifundistas.
El gobierno poco puede hacer por sí sólo, sostuvo.
El MST, la Contag y la Comisión Pastoral de la Tierra, órgano
de la Iglesia Católica brasileña, reclamaban la aprobación
del programa propuesto por un grupo de expertos, encabezados por Plinio
de Arruda Sampaio, que prevé el asentamiento de un millón
de familias durante el gobierno de Lula, siendo 200.000 por año
entre 2003 y 2005 y 400.000 en 2006.
Esa es una meta no factible por razones fiscales y operacionales,
evaluó para IPS Antonio Buainain, profesor de la Universidad de
Campinas, especializado en economía agrícola.
El gobierno no dispone de recursos para asentar tanta gente, mientras
hace un esfuerzo para equilibrar las cuentas públicas, con fuerte
reducción de gastos. Además, tal meta exigiría cambiar
el modelo de asentamientos y las instituciones responsables, hoy incapaces
de acelerar su ritmo, según el economista.
La intervención en la realidad de las haciendas tiene reglas
y plazos que obligan a cierta lentitud y este gobierno ya
perdió prácticamente un año, argumentó.
En su opinión será incluso difícil acercarse a las
metas fijadas por las propias autoridades.
El presidente del gobernante e izquierdista Partido de los Trabajadores
(PT), José Genoino, señaló que no basta convencer
el Poder Ejecutivo de la necesidad de acelerar la transformación
de la propiedad de tierra del país, que enfrenta resistencias en
el parlamento y trabas en la justicia.
Pero sin el asentamiento de un millón de familias no se altera
la estructura rural brasileña como sería deseable para ampliar
el mercado interno de consumo y estancar el éxodo campesino, según
los movimientos de trabajadores y expertos que elaboraron la propuesta
apoyada por el MST.
El triunfo de Lula en las elecciones presidenciales de octubre de 2002
generó expectativas de avances en la reforma agraria, ya que era
una bandera del PT, un partido aliado al MST y a la Contag.
Pero la demora del gobierno en elaborar el Plan Nacional provocó
una intensificación de las invasiones de predios improductivos
y las protestas del MST en los últimos meses, culminando con la
marcha desde Goiania y los campamentos campesinos de esta semana en Brasilia
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