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EEUU-IRAQ: Interrogando al antiguo amigo
Por Jim Lobe
Washington, DC, 15 de diciembre (IPS) Mientras el derrocado
presidente iraquí Saddam Hussein es interrogado por sus captores
estadounidenses, pocos recuerdan que hace 20 años el actual secretario
de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, se encontraba en Bagdad
cultivando relaciones con el dictador.
Como enviado especial del entonces presidente Ronald Reagan, Rumsfeld
aseguró a su anfitrión que Estados Unidos consideraría
cualquier revés de Iraq como una derrota estratégica
para Occidente, de acuerdo con la directiva secreta de seguridad
nacional que había recibido.
Así comenzó la reanudación de las relaciones entre
Bagdad y Washington, que se habían cortado durante la guerra árabe-israelí
de 1967.
En el plazo de un año, Estados Unidos normalizó totalmente
los vínculos con el régimen de Saddam Hussein e incluso
sugirió que el presidente iraquí se había transformado
en un árabe moderado dispuesto a hacer la paz con Israel.
Por supuesto, la razón de la reaproximación fue el curso
que estaba tomando la guerra entre Irán e Iraq. La victoria de
Teherán parecía inminente, y esto amenazaba los intereses
de Washington en el Golfo, entre ellos el acceso al petróleo de
la región.
Había que elegir el menor de dos males, explicó Howard Teicher,
quien trabajó en asuntos iraquíes en el Consejo de Seguridad
Nacional durante la presidencia de Reagan (1981-1989).
Es necesario comprender el contexto geoestratégico, muy diferente
al de hoy. La realpolitik ordenaba que actuáramos para
impedir que la situación empeorase, dijo Teicher al diario
The Washington Post.
Quizá fue también la realpolitik lo que persuadió
a Rumsfeld de no mencionar siquiera el uso de armas químicas en
su primera reunión con Saddam Hussein, el 20 de diciembre de 1983,
aunque Washington estaba en pleno conocimiento de esa práctica.
En los cinco años siguientes, Estados Unidos se aseguró
de que el gobierno iraquí recibiera todos los equipos militares
que precisaba para evitar su derrota, incluso precursores químicos
que luego serían utilizados contra soldados iraníes y civiles
kurdos iraquíes.
No es que Washington respaldara el uso de armas químicas, en especial
contra civiles. Pero la administración Reagan era muy renuente
a condenar su uso por Iraq, al menos en ese entonces.
Saddam Hussein también fue un beneficiario de la Agencia Central
de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, mucho antes de la visita de Rumsfeld.
Según un informe de Richard Sale, de la agencia de noticias United
Press International (UPI) publicado el pasado abril, los primeros contactos
entre ambas partes se remontan a 1959, cuando la CIA respaldó un
plan para asesinar al entonces primer ministro iraquí general Abd
al-Karim Qasim, en el que participó Saddam Hussein.
El año anterior, Qasim había derrocado a la monarquía
respaldada por Occidente. Igual que en 1982, en ese entonces Iraq era
considerado un activo estratégico por Estados Unidos, que consideraba
una amenaza el acercamiento de Qasim a Rusia.
Saddam Hussein, entonces un joven dirigente del partido Baas, fue contratado
para la CIA por un agente local y un agregado militar egipcio, que lo
estableció en un apartamento vecino a la oficina de Qasim, relató
Adel Darwish, autor de Babilonia profana: La historia secreta de
la guerra de Saddam, en una historia confirmada a UPI por funcionarios
estadounidenses.
Sin embargo, el atentado se frustró porque Saddam Hussein perdió
valor, según otra fuente de UPI.
Con la ayuda de la CIA y agentes egipcios, Saddam Hussein escapó
a Tikrit (cerca de donde fue capturado el sábado) y de allí
a Beirut, donde la CIA le pagó su apartamento, le ofreció
un curso de entrenamiento y lo ayudó a trasladarse a El Cairo,
de acuerdo con las fuentes de UPI.
En la capital egipcia, se transformó en un visitante frecuente
de funcionarios de la CIA en la embajada de Estados Unidos, que incluso
lo ayudaron a obtener un aumento en la asignación mensual que le
pagaba el servicio de inteligencia de Egipto.
Qasim fue finalmente derrocado en un golpe del Baas. No está claro
si la CIA respaldó ese golpe, aunque el entonces secretario general
del Baas declaró: Llegamos al poder en un tren de la CIA.
Saddam Hussein regresó como jefe de los servicios secretos de inteligencia
del partido, y según Darwish, comandaba escuadrones de la Guardia
Nacional Iraquí que buscaban y ejecutaban a supuestos comunistas
que figuraban en listas suministradas por... la CIA.
El posterior corte de relaciones diplomáticas por la guerra árabe-israelí,
en 1967, claramente distanció a Saddam Hussein de Washington. Esa
distancia aumentó luego del ahorcamiento público de judíos
iraquíes en Bagdad, después de la guerra. A principios de
la década de 1970, el entonces presidente estadounidense Richard
Nixon se volcó definitivamente hacia el régimen del sha
de Irán como principal protector de los intereses de Washington
en el Golfo.
Sólo en 1979, cuando el sha Reza Palevi fue derrocado por la Revolución
Islámica y Saddam Hussein asumió la presidencia de Iraq,
Washington comenzó a interesarse nuevamente en los asuntos internos
de Bagdad.
En el mundo árabe se especula con que Estados Unidos y/o Israel
estimularon de alguna forma a Saddam Hussein para que lanzara la guerra
contra Iraq en 1980, pero no existen pruebas que sustenten esta hipótesis.
La distancia entre Washington y Bagdad se acortó cuando la administración
de Reagan advirtió, a fines de 1981, que Iraq podía perder
la guerra con Irán, con consecuencias potencialmente desastrosas
para los intereses de Estados Unidos en la región.
A comienzos de 1982, el Departamento de Estado (cancillería) estadounidense
eliminó a Iraq de la lista de patrocinadores del terrorismo, haciéndolo
elegible para créditos agrícolas de miles de millones de
dólares y para la venta de equipos de uso tanto civil como militar,
entre ellos precursores químicos, avanzados equipos de comunicaciones
y tecnología útil en programas militares.
A medida que los iraníes volcaban a su favor el equilibrio estratégico,
la situación se volvía más apremiante para Washington.
El 26 de noviembre de 1983, Reagan firmó la directiva de seguridad
nacional 114, que permanece clasificada, para estrechar las relaciones
con Bagdad, aunque la CIA sabía que ese gobierno usaba armas químicas
contra las fuerzas iraníes.
Pronto, Rumsfeld fue enviado a Bagdad. Para 1985, el gobierno iraquí
comenzaba a recibir 1.500 millones en tecnología y equipos militares,
en muchos casos aplicables al programa de armas biológicas o nucleares
de Saddam Hussein, como cepas de ántrax y pesticidas.
Al mismo tiempo, la CIA se aseguró de que a Bagdad no le faltaran
armas ni datos de inteligencia para derrotar a las fuerzas iraníes.
Entre otros elementos, el entonces director de la agencia, William Casey,
proveyó a Iraq bombas de racimo.
Además de créditos, equipos y asistencia militar encubierta,
Saddam Hussein obtuvo ayuda diplomática de Washington en la Organización
de las Naciones Unidas para evitar condenas internacionales al uso de
armas prohibidas por Bagdad y frustrar iniciativas del Congreso legislativo
para cortarle la ayuda.
Reagan apenas si pestañeó luego de que misiles iraquíes
dieron accidentalmente en la fragata USS Stark en el Golfo y mataron a
37 de sus tripulantes, e incluso reforzó las patrullas navales
en la región.
La CIA todavía ofrecía datos de inteligencia y otros tipos
de ayuda al régimen de Saddam Hussein cuando éste utilizó
gas venenoso para matar a unos 5.000 civiles en la localidad de Halabja,
en marzo de 1988, como parte de una campaña para eliminar a la
población kurda del norte iraquí.
Sin embargo, probablemente esa matanza sea uno de los principales cargos
contra Saddam Hussein en un eventual juicio contra el ex dictador, junto
con otras atrocidades que Washington conocía bien cuando le brindaba
ayuda.
Todo el apoyo estadounidense a Iraq terminó en 1990, cuando Saddam
Hussein invadió Kuwait, confiado quizá en que una vez más
tendría el apoyo de Estados Unidos. Algunos observadores creen
que Washington incluso lo alentó a invadir a ese país vecino,
para después lanzar la primera guerra del Golfo.
Seguramente, Saddam Hussein recordó la visita de Rumsfeld cuando
planeaba la invasión de Kuwait. Es probable que la vuelva a recordar
este sábado, en el vigésimo aniversario de esa reunion.
Israel-Palestinia: Colonos judíos
se sienten
cada vez más aislados
Por Ferry Biedermann
Netzarim, Palestina, diciembre (IPS) Los habitantes de los
asentamientos judíos en los territorios ocupados se sienten olvidados
por sus líderes, que advirtieron con evacuar las colonias más
aisladas para poner fin a los enfrentamientos con los palestinos.
Hemos oído esos rumores de evacuación muchas veces,
pero todavía seguimos aquí, afirmó un colono
judío de Netzarim, un aislado puesto en el centro de Gaza rodeado
por cientos de miles de palestinos.
Funcionarios de gobierno israelí advirtieron en varias oportunidades
que ordenarán una evacuación de las colonias judías
más aisladas en los territorios palestinos por razones de
seguridad.
Tanto el primer ministro, Ariel Sharon, como el viceprimer ministro, Ehud
Olmert, comenzaron a evaluar esa posibilidad si el proceso de paz con
Palestina continúa estancado.
El líder de los colonos judíos en Gaza, Avner Shimoni, dijo
sentirse traicionado por los dos líderes, a los que consideraba
sus máximos aliados.
Estamos muy desilusionados, en especial de Sharon, porque no parece
apreciar la contribución de estos asentamientos a la seguridad
de Israel, afirmó Shimoni.
Los colonos judíos, para su seguridad, instalaron un total de 61
puestos de control en colinas Cisjordania y Gaza desde que el primer ministro
Ariel Sharon asumió la jefatura del gobierno en marzo de 2001.
Se trata de construcciones precarias, hechas con madera y palos, donde
se instala esporádicamente un grupo de vigilancia para prevenir
ataques palestinos. La mayoría de los puestos están deshabitados
y no están autorizados por el gobierno de Israel.
En la carretera por la que se ingresa a Netzarim, sobre la frontera de
Gaza, hay una fuerte vigilancia militar, que incluye la presencia de soldados
y una cerca electrificada, así como el servicio diario de un ómnibus
blindado para transportar a los colonos.
En mayo, combatientes palestinos perpetraron un atentado con bomba contra
uno de esos ómnibus. Es un milagro que nadie haya muerto,
dijo un colono.
Justo frente a la puerta fortificada del asentamiento están las
ruinas de lo que fue un edificio de apartamentos destruido por el ejército
israelí luego de que un combatiente palestino ingresó a
la colonia y mató a tres soldados y dos mujeres civiles israelíes.
Este incidente desató la última polémica sobre el
futuro de los asentamientos. Muchos israelíes ven a las colonias
aisladas, en especial a la de Netzarim, como una carga que ya no están
dispuestos a llevar, ni en términos económicos ni en términos
de pérdida de vidas.
Actualmente, hay unos 400 soldados estacionados en la colonia para proteger
a un igual número de colonos.
Los residentes, que en su mayoría pertenecen a la derecha religiosa
nacionalista, dicen que tienen derecho a vivir en cualquier parte
de la tierra de Israel y consideran que ayudan a la seguridad de
su país.
La carretera que da a Netzarim corta, a su vez, la principal ruta que
va del norte al sur de Gaza.
La tristemente célebre intercepción de Netzarim
ha sido varias veces escenario de enfrentamientos entre israelíes
y palestinos desde que comenzó la segunda intifada (insurrección
popular contra la ocupación) en septiembre de 2000.
La organización israelí de derechos humanos BTselem
asegura que al menos 44 palestinos han sido asesinados cerca de Netzarim
en más de tres años de intifada. La mayoría de ellos
no estaban armados ni vinculados a atentados contra Israel.
El cruce de Netzarim muchas veces está cerrado, y los automóviles
palestinos deben buscar otra vía. El tránsito entre el sur
y el norte de Gaza muchas veces se hace imposible.
Los colonos se ven a ellos mismos en la primera línea de la lucha
contra el terrorismo.
Pero somos como un niño conteniendo un dique con su dedo,
dijo el portavoz de los colonos, Eran Sternberg, quien descarta de plano
la posibilidad de aceptar una evacuación.
En 1942, muchos judíos en Europa subieron a los trenes voluntariamente
porque se les dijo que iban a ser evacuados, afirmó, en referencia
a los judíos que fueron llevados a las cámaras de gas engañados
durante la segunda guerra mundial (1939-1945).
La población palestina en Gaza supera los 1,2 millones, y la mayoría
de ellos viven en la pobreza. Unos 7.000 colonos judíos viven en
enclaves fortificados que ocupan 20 por ciento del territorio.
Dina Abamson, de 21 años, vino a Netzarim hace tres años,
apenas estalló la segunda intifada. Creció en Beit El, un
asentamiento cerca de la central ciudad cisjordana de Ramalá, y
de gran importancia religiosa para los judíos.
Vine aquí para estar en el frente de batalla, dijo Abramson,
quien considera a Netzarim más importante que Beit El. Todos
hablan de Netzarim, pero nadie sobre Beit El señaló.
Orly Ifrah vive en Netzarim desde 1982 y recuerda cuando ella y su esposo
todavía podían ir a comprar en comercios palestinos de la
ciudad de Gaza. Como muchos otros colonos, critica a los acuerdos de paz
de Oslo, de 1993, que permitieron la creación de la Autoridad Nacional
Palestina.
Estamos aislados sólo porque el ejército se retiró
y nos dejó. Antes de Oslo, podíamos ir a todos lados y no
teníamos ningún tipo de problemas con los árabes,
dijo Ifrah, una maestra de escuela.
Ifrah lamenta que el gobierno los abandone, y advierte que no dejará
el asentamiento. Si nos evacuan, tenderán que evacuar antes
a Tel Aviv, señala.
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