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Francia-EEUU, enésimo round
Por Julio Godoy
Paris, Francia, 23 de diciembre (IPS) La tensión
diplomática surgida entre Estados Unidos y Francia a raíz
de la invasión a Iraq se calmó en los últimos meses,
pero está lejos de haber terminado.
Muchos ven el fantasma de Iraq en varias diferencias entre los dos países
relativamente pequeñas salidas a la luz en las últimas semanas.
Estados Unidos vetó la semana pasada la selección del instituto
francés Cadarache francesa para la instalación del Reactor
Experimental Internacional Tokamak (ITER), un importante experimento sobre
energía nuclear.
A su vez, Francia reabrió investigaciones sobre los negocios de
Halliburton, la empresa de servicios petroleros otrora presidida por el
vicepresidente estadounidense Dick Cheney y hoy beneficiaria de jugosos
contratos para en el Iraq ocupado.
En el medio, Washington informó que las empresas de países
que no participaron en la coalición que invadió Iraq en
marzo no serían contratadas para tareas de reconstrucción
del país árabe, un negocio de 18.600 millones de dólares.
Así, Alemania, Francia y Rusia quedaron fuera de la lista de beneficiados,
en la que figuran Estados Unidos, Gran Bretaña, el propio Iraq
y otros 60 países.
El ITER es un programa internacional de desarrollo tecnológico
para la fusión nuclear a temperaturas extremadamente elevadas,
dirigido a la producción de grandes cantidades de energía.
El sitio alternativo al instituto Cadarache es Rokkasho, en Japón.
El proyecto, a un costo previsto de 10.000 millones de dólares,
es financiado en conjunto por la Unión Europea, Canadá,
China, Corea del Sur, Japón y Rusia y Estados Unidos, que se había
retirado del programa en 1999 pero regresó en febrero dispuesto
a imponer toda su influencia.
La semana pasada, Washington se aseguró el apoyo de Seúl
para impedir la designación de Cadarache, que, para muchos científicos,
es el mejor lugar para desarrollar el programa. El instituto, con 4.300
científicos, está a la vanguardia de la investigación
tecnológica y energética.
El gobierno de Estados Unidos quiere castigar a Francia por su posición
ante la crisis en Iraq, dijo el diputado francés Pierre Lellouche,
un dirigente muy cercano al presidente Jacques Chiraq. Antes de la guerra,
Lellouche le había recomendado al mandatario no oponerse a ella.
George (W.) Bush castiga a Francia, dice la portada del semanario
Le Journal du Dimonche. Estados Unidos dirigió la oposición
a Cadarache en la negociación sobre el ITER. A los ojos de Washington,
no es bueno ser francés, escribió el director de la
revista, Jean-Claude Maurice.
La reapertura de una investigación judicial sobre las actividades
de Halliburton durante la última dictadura de Nigeria es leída
como un contraataque francés.
La investigación, que había estado dormida por dos años,
ganó impulso de repente en las últimas semanas.
Los fiscales citaron a declarar a funcionarios del gobierno de Nigeria
y a antiguos ejecutivos de Technip, empresa francesa aliada con la subsidiaria
de Halliburton Kellog Brown & Root en el campo gasífero nigeriano
de Bonny Island.
El fiscal Renaud Van Ruymbeke, que ha investigado actos de corrupción
en la actividad petrolera francesa en Africa, investiga un pago de 180
millones de dólares entre 1994 y 2001 a Jeffrey Tesler, abogado
de Londres muy vinculado con Halliburton y con Cheney.
En 1993, el régimen nigeriano concedió derechos de explotación
en Bonny Island, en el delta del río Níger, a un consorcio
formado por Kellog Brown & Root, la británico-holandesa Shell,
la francesa TotalFina y la italiana Agip.
Oficialmente, los 180 millones de dólares fueron pagados como comisión
a una compañía de Gibraltar, Tri Star, que, según
los fiscales franceses, era testaferro de Tesler. Los magistrados afirman
que el pago no corresponde a ninguna tarea de asesoramiento, como se alegó
entonces.
Los fiscales aseguraron también que Halliburton impuso a sus socios
el reclutamiento de Tesler, y que éste primero solicitó
que le depositaran el dinero en una cuenta bancaria en Ginebra.
Luego, el abogado británico cambió la cuenta a otra en Mónaco
cuando las autoridades suizas iniciaron una investigación sobre
los depósitos del ex dictador nigeriano Sani Abacha, quien murió
en 1998 pero estaba en el gobierno cuando se implementó la concesión.
El ex ministro de Petróleo de Nigeria, Dan Etete, dijo a los fiscales
que no entendía la función de Tesler.
Shell y Kellog Brown & Root tienen vínculos directos
con nuestro gobierno y no necesitaba asesoramiento alguno, dijo
el ex funcionario este mes.
Van Ruymbeke considera acusar a Cheney por mal uso de propiedades
públicos.
Acuerdo ambiental, una década de
claroscuros
Por Diego Cevallos
Ciudad de Mexico, Mexico, 23 de diciembre (Tierramérica)
El Acuerdo de Cooperación Ambiental de América del Norte
(ACAAN), único en el mundo que acompaña un tratado de libre
comercio, celebra 10 años de vanguardismo y apertura a la sociedad,
pero muestra flancos débiles frente a un intercambio comercial
arrasador.
El ACCAN es sometido ahora a un análisis para definir su futuro,
en el que participan expertos independientes y organizaciones sociales.
Aunque los resultados se conocerán al finalizar el primer semestre
de 2004, ya hay quienes le dan baja nota y le auguran perspectivas sombrías.
El ACAAN y su brazo ejecutivo, la Comisión para Cooperación
Ambiental de América del Norte (CCA), son expuestos como ejemplos
de lo que podrían abarcar negociaciones comerciales hoy en marcha
en las que lo verde brilla por su ausencia, como las del Área de
Libre Comercio de las Américas.
Quienes quieran beneficiarse de la experiencia de América del Norte
pueden hacerlo, y eso incluye a los negociadores comerciales
de otras latitudes, dijo a Tierramérica el director ejecutivo de
la CCA, William Kennedy.
El ACCAN -paralelo al Tratado de Libre Comercio de América del
Norte (TLCAN) integrado por Canadá, Estados Unidos y México-
acumuló en una década un expediente de claroscuros.
La CCA expone como logros muchos estudios e iniciativas para medir los
impactos del libre comercio en el ambiente que, según diversos
diagnósticos, van de moderados a casi desastrosos.
Las investigaciones disponibles, varias realizadas por la CCA, indican
que el intenso flujo de mercancías entre los socios del TLCAN agravó
problemas en la calidad aire y disparó la acumulación de
desechos tóxicos.
Además, contribuyó al empobrecimiento del agro de México,
donde la otrora famosa producción de maíz resultó
contaminada con semillas transgénicas exportadas por Estados Unidos.
Según cifras oficiales, debido a la escasa competitividad agrícola
mexicana, 1.000 campesinos se mudan por día a las ciudades.
En la CCA, cuya misión es contribuir a prevenir posibles
conflictos ambientales derivados de la relación comercial
y velar por el cumplimiento del ACAAN, existen hoy problemas financieros
que ponen en duda su futuro.
Mientras el intercambio dentro del bloque se elevó desde 1993 hasta
superar los 620.000 millones de dólares en 2002, la CCA mantuvo
congelado su presupuesto anual de nueve millones de dólares, financiado
en partes iguales por Canadá, Estados Unidos y México.
El ACAAN será lo que quieran sus socios, señaló Kennedy
tras confirmar que el presupuesto de la comisión va en franca caída
debido a procesos inflacionarios y la devaluación del dólar.
En términos reales, el presupuesto para 2004 de la CCA será
de unos 2,2 millones de dólares menor al de 2003. Esto significa
que deberemos ajustarnos los cinturones y vigilar nuestros gastos para
ser efectivos, señaló Kennedy.
Además, su registro de acciones indica apenas 42 denuncias ciudadanas
sobre violaciones a normativas ambientales y ninguna querella entre los
gobiernos socios.
Gustavo Alanis, presidente de turno del Comité Consultivo Público
Conjunto que apoya a la CCA, cree que al acuerdo ambiental y a su brazo
ejecutivo les faltó asumir una postura de fuerza para así
lograr un mayor impacto y un renovado apoyo financiero de los gobiernos.
Hay que reconocer que los instrumentos ambientales paralelos al
TLCAN son poco conocidos en los tres países, lo que impidió
sacarles mejor provecho, señaló a Tierramérica.
El ACAAN y la CCA no han podido contener los daños ambientales
del incremento del comercio y los intereses de las grandes corporaciones,
opinó Alejandro Calvillo, director de Greenpeace en México,
que abrió sus oficinas en 1993 con mira en las denuncias de los
posibles efectos del tratado comercial.
Pero esos instrumentos son preferibles a no tener nada, pues ejercen
algún un peso político, reconoció. Nos
preocupa el futuro de la CCA, pues además de problemas financieros,
recibe muchas presiones de los gobiernos, especialmente del estadounidense
que quiere quitarle más fondos y fuerza, dijo Calvillo a
Tierramérica.
No hay absolutamente ninguna presión en la CCA, replicó
Kennedy. Tenemos tres socios igualitarios que contribuyen equitativamente,
expresó.
Con todo, la CCA tiene sus puntos fuertes. Es un instrumento de
vanguardia en el ámbito internacional que debería
promoverse más, pues apuesta por la transparencia y la apertura
social, opinó Alanis.
El acuerdo ambiental norteamericano prevé que individuos y grupos
presenten denuncias a la CCA contra sus gobiernos por incumplimiento de
normas ambientales. Los procesos pueden concluir con un expediente de
hechos, usualmente crítico, pero que no conlleva sanciones.
En las 42 denuncias registradas se abordaron cuestiones de diversidad
biológica, tala descontrolada, contaminación de aguas, almacenamiento
de residuos e instalación de infraestructuras dañinas para
el ambiente, entre otras.
Quizá son pocas para una década. Esperamos en los
próximos años ser más eficaces en nuestro contacto
con el público, declaró Kennedy.
De momento, apenas nueve de esas denuncias terminaron en la difusión
pública de sus expedientes, aunque próximamente se sumarán
tres más, dijo el director ejecutivo de la CCA.
El resto de los casos, la mayoría presentados por organizaciones
o personas de México, quedaron por el camino debido a incumplimientos
de requisitos formales o por decisión de los socios del TLCAN.
Una norma del ACAAN, duramente criticada por los ambientalistas, estipula
que los gobiernos acusados pueden acordar de forma irrevocable que no
se procese tal o cual denuncia o que no se haga público el expediente
resultante de la investigación.
Además, la parte denunciante no tiene derecho a replicar los argumentos
con que el acusado se defiende de los cargos.
El director de Greenpeace espera que la CCA demuestre que le queda
fortaleza cuando informe sobre su actual estudio de los efectos
del comercio de maíz transgénico estadounidense, que se
vende al amparo del TLCAN.
La organización ecologista desea que el informe final, que podría
difundirse en marzo, incluya la recomendación de frenar la venta
de la variedad modificada, un extremo nada seguro.
Sugerimos que a futuro se hagan reformas para que el Acuerdo de
Cooperación Ambiental de América del Norte sea más
afectivo y para que su vanguardismo se traduzca en un ejemplo de efectividad,
exhortó Alanis.
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