No. 263, Jan. 29-Feb. 4, 2004

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EEUU-Iraq: El horror

Myrna Mack descansa en paz

Explotación minera en el
ojo del huracán






EEUU-Iraq: El horror

Análisis de Jim Lobe

Washington, DC, 24 de enero (IPS)— El general retirado estadounidense Anthony Zinni advirtió ya en 1998 que procurar el desalojo del entonces presidente iraquí Saddam Hussein del poder amenazaría con desestabilizar todo Medio Oriente.

Zinni, un infante de Marina veterano de Vietnam y luego de su retiro enviado especial del presidente Bill Clinton (1993-2001) a Medio Oriente, comandaba por esos días el Comando Central de Estados Unidos.

Su llamado de alerta de hace cinco años fue lanzado ante el Congreso legislativo, al cuestionar la Ley de Liberación de Iraq que convertiría el “cambio de régimen” del país árabe en política oficial de Washington.

Y en octubre de 2002, cuando faltaban seis meses para la invasión concretada en marzo pasado, sentenció ante la Conferencia Anual Fletcher sobre Estrategia de Seguridad Nacional: “Estamos a punto de encender una mecha en esta región y nos arrepentiremos desde ese mismo día.”

Todo indica que Zinni no estaba equivocado, aunque el presidente George W. Bush intentó, en su discurso del Estado de la Unión la semana pasada, insuflar una sensación de confianza y control respecto de Iraq y de Medio Oriente en general.

La posibilidad de una guerra civil en Iraq llegó a las portadas de la prensa estadounidense, que también informa que algunos elementos del gobierno de Bush impulsan, por primera vez desde mediados del año pasado, ataques contra el Partido de Dios (Hizbola) en Líbano y ciertos objetivos en Siria.

Al mismo tiempo, al no mencionar el conflicto árabe-israelí en su discurso, Bush dejó en evidencia su falta de interés en presionar por un cese de fuego bilateral, para no hablar de conversaciones de paz dirigidas a la creación de un estado palestino.

En otras palabras, las perspectivas del territorio que abarca desde las costas orientales del mar Mediterráneo hasta Irán son más turbulentas — posiblemente muchísimo más — que hace 10 meses, cuando los soldados estadounidenses avanzaron sobre Iraq desde Kuwait.

Desde entonces, los kurdos del norte de Iraq han demandado autonomía total, incluida la retención de su propia fuerza militar, en el marco de una federación, lo cual despertó alarma en las vecinas Turquía, Irán y Siria, países con gran población kurda.

Grandes protestas convocadas por el máximo clérigo del Islam chiita iraquí, el ayatolá Alí al-Husseini al-Sistani, rechazaron la semana pasada el plan estadounidense de transferir la soberanía de Iraq a un gobierno de transición sin que la ciudadanía del país lo elija directamente en las urnas.

Esas manifestaciones dejaron en evidencia una gran organización, convocatoria y disciplina, y despertaron en Estados Unidos la sensación de que, cualquiera sea el avance de Washington contra la insurgencia en el Iraq central sunnita, esa meta no se cumplirá tan rápido.

“Los agentes de la Agencia Central de Inteligencia [CIA] en Iraq advierten que el país puede estar encaminándose a una guerra civil”, indicaba, en el primer párrafo de un informe de portada, el diario Philadelphia Inquirer la semana pasada.

Los autores del artículo, periodistas duchos en desvelar secretos del gobierno de Bush, consideran que el fracaso de convocar elecciones directas en Iraq podría desatar un levantamiento en la amistosa población chiita, que representa 60 por ciento de los 24 millones de iraquíes.

Si los chiitas se vuelven contra la coalición militar estadounidense equivaldría a “la pérdida de apoyo de los budistas en Vietnam”, dijo el experto en asuntos de Medio Oriente en el conservador Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) Antony Cordesman.

“Significaría perder la guerra”, agregó, como si faltara más aclaración en la alusión a la guerra de Vietnam que concluyó en 1974 con grandes pérdidas para Estados Unidos.

De todos modos, las elecciones directas también encerrarían un peligro.

“No podemos, simplemente, retirarnos y dejar a los chiitas dando forma al nuevo gobierno, porque eso desataría una guerra civil”, dijo el subsecretario (viceministro) de Defensa del gobierno de Bill Clinton (1993-2001) John Hamre.

Hamre, quien en su carácter de presidente del CSIS visitó Iraq en agosto para analizar la situación en el terreno a pedido del secretario de Defensa Donald Rumsfeld, consideró que el gobierno está “atrapado en una caja”.

Una caja con bordes afilados. Sistani y sus seguidores han aclarado que los chiitas, al igual que los sunitas, se oponen a un sistema federal que daría a los kurdos la autonomía que procuran para las áreas petroleras alrededor de Kirkuk.

Choques violentos y mortales entre combatientes kurdos y sus rivales turcomanos y árabes residentes en Kirkuk y en el área sunita han sido una constante desde el fin de la guerra, aunque poco divulgada por la prensa.

El hecho de que Estados Unidos haya permitido a los kurdos conservar sus armas no ayuda a aplacar los ánimos.

Mientras, la tensión entre chiitas y sunitas — que dominaron el gobierno iraquí desde la independencia — aumenta desde diciembre, cuando tres sunitas murieron en un atentado con explosivos en una mezquita de Bagdad.

Los representantes del gobierno estadounidense aseguran estar de acuerdo con los reclamos de elecciones directas formulados por Sistani.

Pero insisten en que no hay tiempo suficiente para organizarlas antes del 30 de junio, una fecha decidida más para no entorpecer la reelección de Bush que como compromiso para construir instituciones democráticas y viables en Iraq.

Si no llegara a funcionar el complicado sistema de voto en asambleas locales que Washington propone en para las elecciones, la opción sería crear un Consejo de Gobierno ampliado que funcionaría como autoridad de transición, aunque no hay acuerdo en cómo se integraría.

El gobierno estadounidense confía en la disposición a negociar de Sistani, quien se manifestó dispuesto a seguir lo que recomienden los expertos electorales de la Organización de las Naciones Unidas.

Myrna Mack descansa en paz

Por Jim Lobe

Washington, DC, 22 de enero (IPS)— Organizaciones de derechos humanos de todo el mundo aplauden el restablecimiento en Guatemala de la condena a un coronel por el asesinato de la antropóloga Myrna Mack, dispuesto por la Corte Suprema de Justicia.

Es el primer caso en que un alto militar acusado de violaciones de derechos humanos cometidas en los 36 años de guerra civil en Guatemala — en este caso, el coronel retirado Luis Valencia, autor intelectual del asesinato de Mack — fracasa en su intento de eludir el castigo penal.

El Comité de Abogados por los Derechos Humanos (LCHR) y la Oficina de Washington sobre América Latina (WOLA), ambos de Estados Unidos, así como el Centro de Justicia y Derecho Internacional (CJIL), afirmaron que se treta de un triunfo para quienes luchan contra la impunidad en Guatemala.

“Confiamos en que esta decisión marque el comienzo de un nuevo periodo en que los violadores de derechos humanos en Guatemala sean responsabilizados por sus acciones, sin importar su ubicación en anteriores estructuras de poder”, dijo Neil Hicks, director del Programa de Defensores de Derechos Humanos de LCHR.

La Corte Suprema tomó su decisión un mes después de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó al gobierno guatemalteco pagar más de 600.000 dólares a la familia de Mack y establecer una beca académica con su nombre, entre otras medidas.

Fue la compensación más elevada decidida en la historia de la Corte Interamericana, para la cual el gobierno ignoró varias disposiciones de la Convención Americana de Derechos Humanos al considerar el asesinato.

El fallo de la Corte Suprema guatemalteca fue conocido menos de dos semanas después de la investidura del nuevo presidente, Oscar Berger.

En la campaña electoral, Berger prometió tomar medidas enérgicas contra los organismos de seguridad sospechosos de cometer violaciones de derechos humanos o de encubrirlos durante y después la guerra civil que concluyó con un acuerdo patrocinado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1996.

Sorpresivamente, el mandatario dio muestras de pretender cumplir con sus promesas cuando anunció su intención de designar a la activista indígena y premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú en un puesto oficial a cargo de controlar la implementación de los acuerdos de paz.

Además, designó a varios activistas de derechos humanos en una comisión presidencial especializada en la materia. El vicepresidente Eduardo Stein es considerado un defensor de los derechos civiles e indígenas.

“Se cree que Berger representa una verdadera apertura”, dijo la experta en Guatemala de WOLA, Adriana Beltrán, quien se manifestó sorprendida y complacida por el fallo de la Corte Suprema a 13 años del asesinato de Mack, guatemalteca graduada en Estados Unidos.

Investigaciones, informes, testimonios y sentencias judiciales establecieron que la antropóloga fue asesinada el 11 de septiembre de 1990, frente a su oficina, por el sargento del ejército Noel de Jesús Beteta, quien le propinó 27 puñaladas.

Mack investigaba entonces la destrucción y masacres de comunidades indígenas enteras entre los años 70 y 80.

La policía informó inicialmente a la familia que había muerto en un accidente de tránsito, y luego censuró un informe de 60 páginas, redactado por sus propios investigadores, según el cual se trataba de un asesinato político ordenado por una unidad militar llamada Estado Mayor Presidencial.

Mack, que había logrado renombre internacional por sus estudios sobre el impacto de la guerra en comunidades indígenas mayas de su país, se convirtió así en una de las 200.000 víctimas del conflicto armado ocurrido de 1960 a 1996.

Beteta fue condenado a 25 años de cárcel en 1993 por el Poder Judicial guatemalteco, y en la actualidad está recluido en la prisión de El Boquerón. Valencia han sido señalado como autor intelectual del asesinato, junto con el general Edgar Godoy y el coronel Guillermo Oliva.

Tras años de un tortuoso proceso judicial, Valencia fue condenado en octubre de 2002 a 30 años de prisión, y absuelto en mayo pasado. Godoy y Oliva resultaron absueltos en primera instancia por falta de pruebas.

Explotación minera en el ojo del huracán

Por Thelma Mejía

Tegucigalpa, Honduras, 10 de enero (Tierramérica)— La concesión de licencias ambientales para expandir la explotación minera en Honduras moviliza a poblaciones afectadas, grupos ecologistas y alcaldías, al comprobarse debilidades de la Ley de Minería, que pueden agravar la destrucción ambiental y la pobreza.

La primera señal fue de los pobladores del Valle de Siria, en el central departamento de Francisco Morazán, donde extrae oro la compañía transnacional Entremares, de origen estadounidense.

Un reciente estudio de impacto en la salud atribuye a métodos inapropiados de explotación la aparición de enfermedades en la piel y de calvicie en los pobladores del valle de Siria.

Según el médico Juan Almendares, director de la no gubernamental organización Madre Tierra quien encabezó estudios efectuados a 23 familias, muchos recién nacidos presentan problemas cutáneos, y niñas y niños en edad escolar “están perdiendo el cabello sin explicación”.

Los trabajos de Entremares despertaron rechazo del cardenal católico Oscar Andrés Rodríguez, quien dos años atrás encabezó una marcha de protesta con los pobladores, sin resultado alguno, pues la minera continúa extrayendo oro.

Los ejecutivos de la firma niegan que exista contaminación y atribuyen las denuncias a una campaña de desprestigio que busca frenar el desarrollo.

Juan Carlos Elvir, alcalde de Santa Rosa de Copán, dijo a Tierramérica que la movilización contra de las empresas mineras es tan firme que “hasta amenazas a muerte hemos recibido”.

Los pobladores condenan el método de extracción a cielo abierto, pues requiere cortar todos los árboles y la vegetación de la zona, para después excavar hasta llegar a la veta donde se encuentra el mineral buscado.

Una vez extraídas las rocas, se mezclan con ingredientes como cianuro para liberar los metales. Esta técnica, según expertos, es aplicable en zonas desérticas, pero en Honduras se ha practicado en valles de vegetación frondosa.

“Ellos [las empresas] cortan de tajo un bosque o un cerro sin medir las consecuencias ambientales. Están agotando nuestros recursos naturales y las consecuencias las vamos a pagar quienes vivimos en la zona o regiones aledañas”, enfatizó el alcalde.

Por su parte, Joaquín Agüero, asesor del Ministerio del Ambiente, manifestó que el problema obedece a que la Ley de Minería, aprobada por el Congreso tres años atrás, dio demasiadas facultades a la Defomin.

Es un ente “totalmente desconcentrado de la Secretaría del Ambiente y nadie lo regula ni controla”, dijo Agüero a Tierramérica.