|
Conspirador republicano busca
fallas de inteligencia
Por Jim Lobe
Washington, 9 feb (IPS)--- El presidente de Estados Unidos, George
W. Bush, eligió a un supuesto colaborador del Partido Republicano
en viejas operaciones encubiertas como conductor de la comisión
que investiga los datos de inteligencia usados para fundamentar la invasión
de Iraq.
El juez de apelaciones Laurence Silberman, quien copresidirá la
comisión con el senador demócrata Charles Robb, habría
jugado en 1980 u 1981 un papel clave para establecer contactos con el
gobierno islámico de Irán durante la llamada crisis
de los rehenes.
En noviembre de ese año, varios estudiantes iraníes simpatizantes
de la entonces flamante Revolución Islámica ocuparon la
embajada estadounidense en Teherán y tomaron como rehenes a sus
funcionarios.
La ocupación duró meses y puso en jaque la imagen del entonces
presidente Jimmy Carter (1977-1981), que peleaba por la reelección.
Según versiones insistentes, Silberman, miembro del equipo de campaña
del entonces candidato republicano Ronald Reagan, organizó en 1980
contactos secretos con iraníes para que la toma de rehenes continuara
hasta pasadas las elecciones de ese año, para perjudicar a Carter.
Reagan presidió luego Estados Unidos durante dos periodos, entre
1981 y 1989.
Luego de obtener su puesto en el Tribunal de Apelaciones, Silberman asesoró
en secreto a políticos de derecha que lanzaron una campaña
contra el ex presidente Bill Clinton (1992-2001) durante la polémica
por su relación con la becaria de la Casa Blanca Mónica
Lewinsky.
La comisión creada la semana pasada estará integrada además
por otros cinco hombres designados por Bush. Otros dos no han sido escogidos
aún.
Los cinco miembros ya designados son el senador republicano John McCain,
el ex asesor presidencial demócrata Lloyd Cutler, el presidente
de la Universidad de Yale, Richard Levin, el ex vicedirector de la Agencia
Central de Inteligencia (CIA) William Studeman, y el ex juez de apelaciones
Pat Wald.
El presidente Bush rechazó los pedidos de algunos congresistas
demócratas para que se abriera un debate sobre la integración
del cuerpo.
Además, aclaró que sólo se investigará si
la inteligencia estadounidense se equivocó al afirmar que el régimen
de Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva, el
argumento usado por Washington para invadir ese país árabe.
La comisión tendrá que presentar su informe final el 31
de marzo de 2005, es decir, luego de las elecciones presidenciales, previstas
para noviembre de este año.
La semana pasada, nuestro ex jefe inspector de armas David Kay señaló
que algunos de los datos de inteligencia usados por Estados Unidos y otros
países antes de la guerra no habían sido confirmados. Estamos
decididos a investigar por qué, señaló Bush
días atrás.
La mayoría de los congresistas demócratas objetan que la
comisión tiene un mandato limitado.
El presidente Bush no permite que se preste atención al creciente
número de preguntas que se hacen millones de estadounidenses sobre
las afirmaciones de su gobierno antes de la guerra en Iraq, dijo
el senador demócrata Tom Daschel.
Los demócratas señalan que la presión ejercida por
varias personalidades del gobierno, en especial por el vicepresidente
Dick Cheney, contribuyó a que los servicios de inteligencia cometieran
errores y se exagerara la supuesta amenaza iraquí.
Los congresistas opositores también quieren que la comisión
investigue las afirmaciones hechas por el gobierno de Bush antes de la
guerra sobre los supuestos vínculos de Saddam Hussein con la red
terrorista Al Qaeda, del líder saudita Osama bin Laden.
Sin embargo, ciertos demócratas valoran que Bush haya designado
a algunos hombres de distinta postura ideológica y con cierta reputación
de independencia.
Es una comisión mucho más equilibrada y mucho más
profesional de la que me esperaba, señaló el ex analista
de la CIA Mel Goodman, quien en más de una ocasión acusó
a Bush de exagerar la información de inteligencia sobre Iraq.
Parece que los pragmáticos en la Casa Blanca dijeron: Es
importante incluir buenos nombres para que no nos ataquen,
dijo Goodman.
La presencia de McCain, rival de Bush en las internas republicanas de
2000, es vista también por algunos como una garantía de
independencia de la comisión.
Studeman es bien respetado entre los analistas, y Cutler, ex asesor de
los presidentes Carter y Clinton, goza de una buena reputación
de independencia. Además, Wald es reconocido por haber formado
parte del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia.
La designación de Silberman y Wald es curiosa, dada la pública
enemistad entre ambos.
En su libro Blinded by the Right (Cegado por la derecha),
el periodista David Brock aseguró que Silberman le había
proporcionado información falsa sobre Wald porque lo
odiaba con pasión.
Brock señaló además que Silberman fue uno de los
principales impulsores de las campañas contra Clinton en los años
90, en las que se esgrimieron muchas acusaciones sin fundamento alguno.
El estaba detrás de escena como asesor de los editores del
periódico conservador The Wall Street Journal, y deleitaba a sus
lectores con ácidas críticas a la prensa liberal,
escribió Brock.
Pero su participación en los contactos secretos con Irán
en 1980 es sin duda lo más polémico de su pasado.
Silberman habría organizado una misteriosa reunión en Washington
el 2 de octubre de ese año, un mes antes de las elecciones, con
el asesor de política exterior de Reagan, Robert McFarlane, y al
menos un traficante de armas iraní.
Ese encuentro fue la culminación de una serie de conversaciones
secretas entre los jefes de campaña de Reagan y representantes
del líder religioso de la Revolución Islámica, ayatolá
Ruollá Jomeini.
En las reuniones se habría acordado mantener la toma de rehenes
en la embajada hasta después de los comicios. A cambio, Irán
recibiría armas estadounidenses a través de un intermediario
israelí.
Reagan y Silberman siempre negaron esta version.
Kissinger condenó a Allende de antemano
Por Jim Lobe
Washington, 4 feb (IPS) -- Faltaban solo dos días para
que el socialista Salvador Allende asumiera el gobierno en Chile, a fines
de 1970, cuando Henry Kissinger aconsejó al entonces presidente
estadounidense Richard Nixon que alentara un cambio de régimen
en el país sudamericano.
Le recomiendo oponernos a Allende con toda nuestra fuerza y hacer
todo lo posible para impedir que se consolide en el poder, teniendo cuidado
de que aparentemos estar reaccionando a sus movimientos, escribió
Kissinger en un documento reservado fechado el 5 de noviembre de 1970.
El documento de ocho páginas fechado el 5 de noviembre de 1970
revela también que, para el entonces consejero de Seguridad Nacional
de Nixon, Allende tenía capacidad para ampliar su popularidad en
las elecciones de 1976, que no llegaron a celebrarse.
La máxima preocupación del poderoso funcionario era que
Allende tuviera éxito en su gestión e inspirara así
a movimientos izquierdistas en otros países, incluida Europa occidental,
según admitió propio Kissinger en su memorándum secreto/delicado
(Secret/Sensitive).
El ejemplo de un gobierno marxista electo exitoso en Chile tendría,
seguramente, un impacto y aun valor como precedente en otras
partes del mundo, especialmente en Italia, advierte el documento
dirigido a Nixon pocas horas antes de una reunión clave del Consejo
de Seguridad Nacional.
El actual secretario de Estado (canciller), Colin Powell, sostuvo que
la actitud de Washington respecto de Allende en Chile no es una
parte de la historia estadounidense de la que nos sintamos orgullosos.
El informe recién conocido deja en evidencia que el ataque
preventivo implementado en Iraq por el presidente George W. Bush
tiene, como doctrina, antecedentes en la historia estadounidense, al contrario
de lo que hasta ahora decían, escandalizados o complacidos, simpatizantes
y adversarios del gobierno.
Pero las maniobras desestabilizadoras de Washington contra el gobierno
de Allende no tuvieron entre sus motivaciones la evaluación de
Chile como fuente de amenazas militares directas o subversivas contra
Estados Unidos, según el documento escrito por Kissinger.
En 1970, Kissinger urgió a su jefe a rechazar el enfoque de convivencia
pacífica recomendado por el Departamento de Estado (cancillería),
oficina que dos años después encabezaría él
mismo.
La imitación de fenómenos similares en otras partes
afectaría significativamente el equilibrio mundial y nuestra propia
posición, según el funcionario.
El documento recién ahora difundido deja en evidencia los argumentos
que estaban detrás de la política de desestabilización
ejercida en Chile por el gobierno de Nixon, según Peter Kornbluh,
autor de El archivo Pinochet: Informe desclasificado sobre atrocidades
y responsabilidad.
Este documento es la piedra de Roseta para descifrar las motivaciones
de Kissinger y Nixon al socavar la democracia chilena, dijo a IPS
Kornbluh, quien obtuvo el informe a través de los mecanismos establecidos
por la Ley de Libertad de Información (FoIA).
También fortalece el juicio de la historia sobre el papel
de Kissinger como principal defensor del derrocamiento del gobierno de
Allende, agregó el investigador, quien dirigió durante
más de 10 años el Proyecto de Documentación sobre
Chile del centro académico independiente Archivo de Seguridad Nacional.
En sus memorias, Kissinger negó que Estados Unidos haya intentado
deliberadamente desestabilizar a Allende. Esa versión es consistente
con su testimonio ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado,
presentado en 1974.
El Comité investigaba el papel de la Agencia Central de Inteligencia
(CIA) en conspiraciones para impedir que Allende asumiera la presidencia
luego de que su coalición, Unidad Popular, ganó las elecciones
de 1970, y en el financiamiento de posteriores operaciones de desestabilización.
Allende fue, finalmente, depuesto en un sangriento golpe de Estado encabezado
por el general Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973, dando inicio
a una dictadura que duró 17 años. El presidente se suicidó
antes de que los conspiradores lo capturaran.
Estados Unidos no intentó desestabilizar a Allende, sino
mantener a aquellos partidos políticos que tradicionalmente participaron
en elecciones, y nuestra preocupación eran las elecciones de 1976
y no el golpe de 1973, del que no sabíamos nada y con el que no
tuvimos nada que ver, dijo Kissinger en sus memorias.
Quienes pedían a Estados Unidos acciones en Chile han argumentado
que Allende suponía una amenaza seria para las instituciones democráticas
del país.
Kornbluh concluyó en su libro que no existe evidencia concreta
de participación de la CIA en el golpe de Estado, aunque sí
la hay de un rol de Washington en la preparación del terreno para
la conspiración y en el respaldo a Pinochet luego de encaramarse
en el poder.
Los peligros de no hacer nada para impedir que Allende consolidara
su posición en el gobierno chileno son mayores a los riesgos
que corremos si tratamos de hacer algo, escribió Kissinger
en su memorándum.
La elección de Allende representa para nosotros uno de los
desafíos más serios jamás afrontados en este hemisferio.
Qué hacer al respecto podría ser la decisión de política
exterior más histórica y difícil que usted tenga
que tomar este año, escribió Kissinger a Nixon.
Un gobierno izquierdista en Chile tendrá efecto en lo que
suceda en el resto de América Latina y el mundo en desarrollo,
en nuestra posición futura en el hemisferio y en el más
amplio panorama mundial, incluidas las relaciones con la Unión
Soviética, agregó.
En ese sentido, Chile se convertirá probablemente en líder
de la oposición a nosotros en el sistema interamericano, una fuente
de distorsiones en el resto de América Latina y podría
constituir una base de apoyo y punto de entrada para la expansión
de la presencia soviética y cubana en la región, sostuvo.
Una inacción de Washington contra Chile puede ser percibida
en América Latina y en Europa como indiferencia e impotencia,
argumentó.
Allende es un marxista duro y dedicado con un profundo sesgo antiestadounidense,
pero fue elegido legalmente y tiene legitimidad a los
ojos de los chilenos y de la mayoría del mundo.
Pero Kissinger recoge en su informe la visión que consideraba predominante
entre los analistas estadounidenses, según la cual Allende
y las fuerzas que llegarán al poder con él tienen la capacidad,
los medios y los conocimientos para mantenerse y consolidarse en
el gobierno.
Un estado socialista, racional e independiente vinculado
con Cuba y con la Unión Soviética puede ser aun más
peligroso para nuestros intereses de largo plazo que un régimen
radical, añadió.
|