No. 269, Mar. 11-17, 2004

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Batalla sin fin

Cuando el feminismo conviene al gobierno

 







Batalla sin fin

Por Mario Osava

Rio De Jaeneirio, mar (IPS) -- El cultivo de soja transgénica es perjudicial para la salud, el ambiente y la propia agricultura según el Instituto Brasileño de Defensa del Consumidor (Idec), pero la verdad es todo lo contrario según la transnacional Monsanto, productora de esa variedad vegetal.

Monsanto, con sede en Estados Unidos y dueña de la patente de la modificación genética que llegó a dominar el cultivo mundial de soja en menos de una década, afronta en Brasil una obstinada resistencia de ambientalistas y otros sectores, incluyendo parte del gobierno, pero insiste en la defensa de su soja Roundup Ready (RR, Lista para el Roundup en inglés).

La RR es, como su nombre lo indica, resistente al Roundup, un herbicida de muy amplio espectro desarrollado por la propia Monsanto, cuyo principio activo es el glifosato y que puede ser masivamente en las áreas sembradas con la soja de esa compañía, reduciendo otros cuidados y gastos en mano de obra.

Pero uno de los resultados es que “aumenta de 50 a 100 veces los residuos de glifosato en los alimentos hechos de soja”, lo que es “inaceptable para quienes buscan una alimentación saludable”, dijo a IPS Marilena Lazzarini, coordinadora general del Idec.

Ese aumento fue autorizado por las autoridades sanitarias brasileñas, pero investigaciones mostraron que puede provocar “daños genéticos a células de sangre humana”, además de tumores, alteraciones en el aparato reproductor y lesiones en glándulas salivares y mucosa estomacal, informó.

Según datos del Ministerio de Medio Ambiente, el consumo del dañino glifosfato casi se triplicó de 1998 y 2001 en el sureño estado de Río Grande do Sul, donde más se ha extendido el cultivo de RR, destacó Lazzarini.

Pero el director de comunicación de Monsanto, Lucio Mocsányi, dijo a IPS que el uso de glifosato en ese estado se incrementó sobre todo en términos absolutos, debido a que la superficie sembrada con soja se multiplicó por poco más de dos, al pasar de 4,8 millones de hectáreas en la siembra de 1996/97 a 9,8 millones en la de 2003/2004.

El consumo de glifosfato por hectárea sólo creció 10,4 por ciento de la siembra de 1998/1999 a la de 2002/2003, según un estudio de la consultora Kleffmann, y ese incremento fue acompañado por un descenso de 42,2 por ciento del uso de herbicidas selectivos, de modo que disminuyeron tanto el total de agrotóxicos empleados como el costo de aplicarlos, arguyó.

Sobre el riesgo sanitario, Mocsányi afirmó que la baja toxicidad del glifosato para los seres humanos fue comprobada mediante numerosos análisis en varios países.

Además, la Agencia Brasileña de Vigilancia Sanitaria fijó en diez partes por millón el máximo permitido de residuos de glifosfato en alimentos elaborados a partir de soja, la mitad del máximo permitido en Estados Unidos y establecido por la Organización de Naciones Unidas para Agricultura y Alimentación (más conocida por sus siglas en inglés, FAO), alegó.

El Idec y Monsanto libran una batalla en varios campos simultáneos, rodeada por la polémica sin fin a la vista sobre los transgénicos en Brasil.

El organismo estatal ganó en los tribunales, en una acción conjunta con la organización no gubernamental ambientalista Greenpeace, al lograr en 1999 la prohibición de la siembra de RR en Brasil sin el estudio previo de impacto ambiental exigido por la Constitución.

Ganó también según el Instituto Brasileño de Opinión Pública, que registró en una encuesta realizada en diciembre 73 por ciento de respuestas contrarias a la desregulación del cultivo de transgénicos, hasta que se compruebe que es seguro para la salud humana y el ambiente.

Pero el Idec perdió en la práctica. La RR entró a Brasil por el sur, con semillas contrabandeadas desde Argentina, y se ha diseminado a tal punto que, según cálculos de expertos, es más de 80 por ciento del total de la soja cultivada en Río Grande del Sur.

El gobierno cedió ante el hecho consumado el año pasado, al autorizar la cosecha y comercialización de los granos sembrados en forma ilegal. La excepción se prorrogó para este año, al agregarse un permiso para la siembra de las semillas acumuladas en manos de los agricultores.

En un intento por regular definitivamente la cuestión, el Poder Ejecutivo propuso en octubre un proyecto de ley, ya aprobado en la Cámara de Diputados en una versión que agradó a los ambientalistas, pero puede ser modificada en el Senado.

Tanto Monsanto como el Idec basan sus argumentos contrapuestos en numerosos estudios, y en distintas interpretaciones de algunos datos de la realidad.

Según la transnacional, por ejemplo, las ventajas de la soja transgénica se comprueban por la fuerte preferencia de los agricultores.

Según cálculos del Servicio Internacional para Adquisición de Aplicaciones en Agrobiotecnología, ya es transgénica 55 por ciento de la producción mundial de soja. Estados Unidos y Argentina concentran 84 por ciento de los 67,7 millones de hectáreas sembradas con variedades genéticamente modificadas.

Pero Lazzarini sostuvo que se trata de “un mal negocio” de los agricultores, basados en una “visión inmediatista” y de corto plazo, que no considera los riesgos para el consumidor.

“Dentro de tres o cuatro años afrontarán la necesidad de usar más herbicida y pagar los derechos de patente a la Monsanto”, pronosticó.

“Hay evidencias de que varias hierbas están adquiriendo resistencia al glifosato”, lo que exigirá mas agrotóxicos en el futuro, agravando daños ambientales y riesgos de salud, explicó la coordinadora general del Idec.

Además, el glifosfato es “extremadamente persistente”, con un promedio de 100 días según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, y por eso contamina los ríos, sostuvo.

Mocsányi asegura todo lo contrario, que “el glifosato se degrada naturalmente en el suelo después de la aplicación, evitando contaminar las napas freáticas”, y por eso está autorizado para jardines en Estados Unidos y otros países, y también en la reserva ambiental ecuatoriana de Galápagos y en las ruinas de Pompeya, al sur de Italia.

No hay riesgo ambiental de contaminación genética porque la soja no tiene “parientes silvestres” en Brasil, y además es una planta que se reproduce por autopolinización, lo que hace casi imposible la transferencia de genes, argumentó el director de comunicación de Monsanto.

Sin embargo, Lazzarini adujo que en zonas en que se usa glifosato se ha constatado “reducción de la población de insectos benéficos, pájaros y pequeños mamíferos”, porque ese herbicida destruye la vegetación que les sirve de alimento y abrigo, y experimentos revelaron aumento de la vulnerabilidad de plantas a enfermedades y bajo crecimiento de bacterias fijadoras de nitrógeno.

Para la Monsanto, muy por el contrario, el ambiente se beneficia por el menor uso de otros herbicidas asociado con el cultivo transgénico, y por el hecho de que el glifosato facilita la “siembra directa”, práctica ecológica que no revuelve el suelo y lo deja cubierto de los restos de la siembra anterior.

Cuando el feminismo conviene al gobierno

Por Gustavo González

Santiago, mar (IPS) - El gobierno de Chile inició esta semana la campaña de conmemoración del Día Internacional de la Mujer, una fecha que este año adquiere connotaciones especiales por la consolidación de dos ministras como potenciales candidatas a la presidencia del oficialismo.

“¿Y por qué no? Chile necesita fuerza de mujer”, es el lema escogido para la celebración del 8 de marzo bajo protestas de la oposición derechista, que lo consideró una propaganda solapada a favor de la ministra de Relaciones Exteriores, Soledad Alvear, y la de Defensa, Michelle Bachelet.

Ambas encabezan en encuestas sobre intención de voto entre los posibles candidatos de la centroizquierdista Concertación por la Democracia para las elecciones presidenciales de diciembre de 2005, donde se elegirá al sucesor o sucesora del actual mandatario, el socialista moderado Ricardo Lagos.

Según las tendencias que registran las encuestas, Bachelet, del Partido Socialista (PS), sería la más probable rival de Joaquín Lavín, alcalde del municipio de Santiago-Centro e indiscutido candidato presidencial de la derechista Alianza por Chile.

La canciller Alvear, de la Democracia Cristiana (DC), está en los sondeos de opinión a escasa distancia de Bachelet. Ambas son superadas por Lavín, pero la suma de sus probables votaciones supera la adhesión al líder de la derecha, bajo el supuesto de que la coalición gobernante levantará una candidatura única, como lo ha hecho desde 1989.

La Concertación por la Democracia, conformada por la DC, el PS, el Partido Por la Democracia y el Partido Radical Socialdemócrata, gobierna Chile desde el restablecimiento de la democracia, en marzo de 1990, cuando terminaron casi 17 años de la dictadura del general Augusto Pinochet, iniciada en 1973.

La presencia de dos potenciales candidatas presidenciales “es una expresión del desarrollo de la participación de las mujeres en la vida social”, dijo a IPS el diputado socialista Carlos Montes, quien consideró “bien probable” que en marzo de 2006 Lagos traspase el cargo a Bachelet o Alvear.

Las candidaturas presidenciales femeninas no son nuevas en Chile. La comunista Gladys Marín y la ecologista Sara Larraín compitieron en diciembre de 1999 en la primera vuelta de la elección presidencial, que se definió en enero de 2000 cuando Lagos derrotó a Lavín.

Pero las postulaciones de Marín y Larraín tuvieron mucho de testimoniales, mientras que la irrupción femenina de ahora se concentra en dos mujeres con reales posibilidades de triunfo.

Para José Ortiz, secretario general de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la mayor matriz sindical del país, se trata de un hecho histórico. “Hace unos 50 años, la mujer ni siquiera tenía derecho a voto”, señaló a IPS.

El sufragio femenino fue instituido en Chile en 1949.

El Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), instancia con rango ministerial, se abstuvo de incluir los rostros de Bachelet y Alvear en los afiches y pancartas de la campaña de promoción del 8 de marzo, lanzada el día 1.

En esa campaña aparecen imágenes de mujeres que realizan actividades tradicionalmente consideradas masculinas, como una futbolista, una carabinera (policía) de la guardia del palacio presidencial de La Moneda, y una conductora del Metro (tren subterráneo), entre otras, además de Juanita Parra, baterista del grupo musical Los Jaivas.

La ministra del Sernam, Cecilia Pérez, negó que el lema de la campaña sea publicidad encubierta para Bachelet y Alvear, y aseguró que el objetivo “es abrir una reflexión, un debate y, sobre todo, que se haga visible el aporte de la mujer chilena al desarrollo del país”.

Pero el diputado Julio Dittborn, de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido de Lavín, opina que se trata de un ”abuso de autoridad” y una “utilización política” para beneficiar las candidaturas de las ministras.

El Poder Ejecutivo aprovecha el Día Internacional de la Mujer para hacer “propaganda subliminal” en beneficio de Alvear y Bachelet, sostuvo Sebastián Piñera, presidente del Partido Renovación Nacional, socio de la UDI en la Alianza por Chile.

Pérez desestimó esas acusaciones, y alegó que la “sobrerreacción” de la derecha está levantando “un debate absolutamente artificial”.

“Que tengamos ‘precandidatas’ mujeres es maravilloso, pero no es el sentido del Día Internacional de la Mujer”, dijo a IPS el diputado Rodolfo Seguel, de la DC, quien señaló que “hay otros países que tienen presidentas mujeres (sic) y que han tenido presidentas mujeres”.

Ortiz apuntó que, en la perspectiva de la CUT, este 8 de marzo hay que “levantar con mucha más fuerza (la demanda de) el fin de todos los tipos de discriminación”.

“Es necesario terminar con la discriminación salarial y la discriminación que la sociedad misma tiene sobre la mujer, y eso no se resuelve con que tengamos ‘precandidatas’ presidenciales”, arguyó.

La presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos, Lorena Pizarro, señaló a IPS que la relevancia de este 8 de marzo no está sólo en las figuras de Alvear y Bachelet.

“Para nosotras es importante destacar la lucha de la mujer chilena a lo largo de la historia. En los años de la dictadura (de Pinochet) fueron las mujeres las que salieron a la calle y se enfrentaron cara a cara a la represión”, sentenció.

Según Tatiana Rojas, del Frente de Mujeres del opositor Partido Comunista, este año el 8 de marzo “tiene una significación especial, pero no porque haya dos ‘precandidatas’, sino porque Chile ha perdido soberanía con la firma de tratados de libre comercio, y uno de los sectores más afectados con estos tratados somos las mujeres”.

El tratado de ese tipo con Estados Unidos, en vigencia desde este año, está unido con la flexibilización laboral y otras medidas, como reformas del régimen de licencias por maternidad, que menoscaban conquistas de las mujeres, adujo.

“Todas las mujeres del país estaríamos felices con que cualquier mujer gobernara, y sobre todo una de las dos candidatas que están destacadas ahora, porque las dos son excelentes”, dijo a IPS Rosa Callejas, una secretaria administrativa de 33 años.

Gladys Aguilar, un ama de casa de 50 años, comentó a IPS que “el hecho de tener dos estupendas ‘precandidatas’ da la oportunidad de que todas las mujeres sepan de este cambio que se está produciendo en Chile”.

Para Antonio Cerda, de 37 años y operador turístico, “la mujer fue siempre valorada, pero no reconocida. Ahora se está abriendo camino, creo que va bien, y pienso que muy pronto ¿por qué no? vamos a tener una presidenta en Chile”.

“Yo no estaría tan seguro de que esas ‘precandidaturas’ [las de Bachelet y Alvear] lleguen a buen puerto”, dijo en cambio a IPS el empleado bancario Cristián González, de 35 años.

“No diría que Chile es un país machista, ya que respecto de ello se ha avanzado mucho, pero sí diría muy tradicionalista, donde no se elegiría a una mujer como presidente de la República. Cuando uno escucha otra cosa, son solo frases políticamente correctas”, afirmó.