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Fuerte oposición social a consulta
sobre gas en Bolivia
Por Franz Chávez
La Paz, Bolivia, 28 may (IPS) La Central Obrera Boliviana
(COB) y el Comité Cívico Pro Santa Cruz, que defiende intereses
empresariales y regionales del este del país, son la principal
oposición al referéndum sobre política energética
impulsado por el presidente Carlos Mesa, que lleva seis meses de gobierno
y nombró esta semana a su cuarto ministro para el sector de hidrocarburos.
Aunque cada intento de establecer un nuevo marco legal para las petroleras
extranjeras le ha costado un ministro, Mesa está decidido a llegar
a la consulta popular el 18 de julio, sorteando críticas de sus
opositores y designando a Guillermo Torres como sustituto de Xavier Nogales
en el Ministerio de Minería e Hidrocarburos.
El foco de la atención nacional e internacional está
en nuestra política de hidrocarburos, está vinculado al
referéndum y está por lo tanto sujeto a la tormenta, legítima
por cierto, dijo Mesa el miércoles, cuando Torres, hasta
entonces superintendente de Hidrocarburos, asumióuna cartera sometida
a presiones contrapuestas de organizaciones sociales y transnacionales
petroleras.
Nogales, impulsor de la liberalización de la economía durante
los gobiernos de Víctor Paz Estenssoro (1985-1989) y Jorge Quiroga
Ramírez (2001-2002). renunció a sus funciones el lunes,
a pedido del presidente, luego de expresar su descontento por el contenido
de las preguntas planteadas a la ciudadanía, a las que desacreditó
por la falta de claridad, confusión y ambigüedad que en su
opinión conducen a responder sí.
Mesa asumió el 17 de octubre, tras masivas protestas articuladas
en torno al cuestionamiento de las normas para explotar y exportar gas
natural, que forzaron la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez
de Lozada.
Desde entonces, los sucesivos ministros de Hidrocarburos, Alvaro Ríos,
Antonio Araníbar y Nogales, intentaron conducir un proceso de modificación
de la legislación sobre hidrocarburos, pero quedaron atrapados
entre las demandas de nacionalización del sector y el respeto a
los 78 contratos firmados con petroleras extranjeras.
Ríos se alejó voluntariamente tras el anuncio de una interpelación
parlamentaria impulsada por el Movimiento al Socialismo, que reclamaba
una política agresiva para devolver los hidrocarburos a propiedad
del Estado.
Araníbar libró batallas verbales con Nogales en torno a
la conducción de las políticas gubernamentales sobre explotación
petrolera, y fue acusado de pasividad ante el comienzo de las operaciones
en el país de la transnacional petrolera en 1994, cuando era ministro
de Relaciones Exteriores.
Nogales contaba con respaldo de los organismos financieros internacionales,
la banca privada que opera en Bolivia y los sectores empresariales del
país.
Como presidente del Banco Central de Bolivia, fue uno de los creadores
de un sistema de flotación del dólar durante el cuarto mandato
del presidente Víctor Paz Estenssoro en la segunda mitad de los
años 80, que se denominó el bolsín y que ha evitado
la reiteración del periodo de hiperinflación registrado
de 1980 a 1985.
Su sucesor tiene una prolongada trayectoria profesional en el sector petrolero
estatal, y durante su gestión como superintendente de Hidrocarburos
se caracterizó por su férrea fiscalización a las
empresas comercializadoras que exportaron gas licuado a precios inferiores
en relación de los que rigen en el mercado interno.
Se prevé que Torres buscará conciliar los intereses de organizaciones
sociales y empresariales, con el propósito de crear un ambiente
adecuado para el referéndum.
Los sindicatos reaccionaron con indignación cuando el delegado
presidencial Franceso Zaratti descartó la modificación de
los contratos suscritos por el gobierno con firmas petroleras.
La COB anunció la profundización de una huelga general por
tiempo indefinido, sólo acatada hasta ahora por los maestros de
la enseñanza pública y algunos sectores campesinos, con
el objetivo de recuperar los hidrocarburos.
A juicio del gobierno, la nacionalización de la industria petrolera
es inviable porque habría que pagar unos 8.000 millones de dólares
de indemnización a las transnacionales petroleras, que han invertido
en el país unos 3.500 millones de dólares desde 1997, cuando
se privatizó el sector.
El país está fuertemente dividido y las expectativas
son diametralmente opuestas, dijo a IPS el analista y experto en
temas energéticos Carlos Villegas.
A pesar del ambiente adverso, el referéndum no es una dádiva
del gobierno, sino una conquista social de alto costo que debe llevarse
a efecto, opinó.
La exigencia de una consulta popular sobre el uso del abundante gas natural
boliviano fue uno de los planteamientos de organizaciones sociales en
el marco de las protestas que obligaron a renunciar a Sánchez de
Lozada y dejaron como saldo unas 70 muertes, según organizaciones
humanitarias.
El referéndum es una profundización de la democracia,
y las opiniones políticas y sociales no pueden dividir al país,
comentó a IPS la analista de temas sociales María Teresa
Zegada.
Las preguntas planteadas recogen las demandas de octubre y tienen
sustento en sondeos de opinión, sostuvo.
Pero Villegas anticipó un problema inmediato cuando el Congreso
analice la ley para convocar al referéndum y reciba la demanda
en la materia del Comité Cívico Pro Santa Cruz, que pide
la incorporación de las categorías de consulta departamental
y municipal.
Esa influyente organización sostiene que las preguntas de un referéndum
nacional deben ser previamente debatidas y aprobadas por consenso en el
Congreso.
Mario Kiesen Brieger, presidente de la Federación de Empresarios
Privados de Tarija, el sureño departamento que concentra los mayores
volúmenes de gas natural, calificó de absurda a la consulta
y anunció nuevos conflictos sociales.
Villegas no descarta el fortalecimiento del movimiento sindical alrededor
de la COB, que reclama el retiro de las petroleras extranjeras y la devolución
de los campos e instalaciones privatizadas.
Pero si el gobierno respeta los contratos de concesión, Bolivia
no podrá recuperar esos bienes hasta 2036, destacó.
Pinochet atrapado en nido del cóndor
Por Gustavo González
Santiago, Chile, 28 may (IPS) La justicia entreabrió
este viernes en Chile la puerta hacia la verdad histórica sobre
el papel del dictador Augusto Pinochet en la génesis de la Operación
Cóndor, que dio carácter transfronterizo a los crímenes
contra los derechos humanos en el Cono Sur de América en los años
70.
En una sorpresiva decisión, el pleno de la Corte de Apelaciones
de Santiago aprobó por 14 votos contra nueve el levantamiento de
la inmunidad penal del general retirado de 88 años para que declare
en el proceso que instruye el juez Juan Guzmán por demandas presentadas
en 1998.
Los detalles del fallo serán dados a conocer la próxima
semana y de inmediato la defensa de Pinochet comenzará a preparar
la apelación ante la Corte Suprema de Justicia, que el 1 de julio
de 2002 ordenó cerrar otro proceso del mismo magistrado al ex dictador
con base en un diagnóstico médico de demencia vascular (senil).
En una vuelta de tuerca de los acontecimientos, el hombre que el 11 de
septiembre de 1973 derrocó en un cruento golpe de Estado al gobierno
constitucional del socialista Salvador Allende vuelve a enfrentarse a
las acusaciones que entre octubre de 1998 y marzo de 2000 determinaron
su prolongado arresto en Londres.
El juez español Baltasar Garzón, a cargo del primer proceso
por los crímenes de las dictaduras sudamericanas abierto en ese
país bajo los principios del carácter universal de los derechos
humanos, fue quien consiguió entonces la detención de Pinochet
en Gran Bretaña para pedir su extradición y juzgarlo en
Madrid.
No lo logró, porque las autoridades británicas liberaron
a quien mantuviera la dictadura hasta 1990 y permitieron su regreso a
Chile aduciendo razones humanitarias, luego de polémicos
exámenes médicos que le detectaron patologías físicas
y una incipiente demencia senil.
Fueron esos mismos antecedentes los que en julio de 2002 hicieron que
la Corte Suprema absolviera a Pinochet en el proceso del juez Guzmán
por 18 asesinatos y 57 secuestros de la llamada caravana de la muerte,
cometidos en Chile en octubre de 1973, y que lo libraron de otros dos
pedidos de procesamiento durante 2003.
El ex dictador chileno observaba hasta ahora de lejos los dispares avances
de los procesos contra militares involucrados en la Operación Cóndor,
a cargo de Garzón en España y de otros magistrados en Europa,
así como en tribunales de Argentina y Chile.
La Operación Cóndor coordinó en la segunda mitad
de la década del 70 a los aparatos represivos de las dictaduras
de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay para secuestrar,
torturar, asesinar y hacer desaparecer a opositores, en una empresa que
no conoció fronteras físicas ni límites jurídicos
o éticos.
El plan, de acuerdo a los antecedentes disponibles, tuvo su origen en
una reunión de jefes de organismos de seguridad de esos países
que convocó en Santiago de Chile el entonces coronel Manuel Contreras,
jefe de la hoy desaparecida Dirección de Inteligencia Nacional
(DINA), para coordinar la llamada lucha antisubversiva.
La historiografía oficial identifica así a Contreras como
el gestor y promotor de la Operación Cóndor, sin que se
haya logrado aclarar hasta ahora el papel que tuvo Pinochet, único
superior jerárquico del jefe de la DINA en el organigrama de la
dictadura.
Con un sentido de lealtad digno de mejor causa, Contreras ha eludido involucrar
al ex dictador en los sucesivos juicios por crímenes contra los
derechos humanos que ha enfrentado desde el restablecimiento de la democracia
en Chile en 1990 y que le han significado ya tres condenas a prisión.
De esta forma, será la Corte Suprema de Justicia la que en definitiva
podría abrir los cauces para que los tribunales chilenos determinen
el papel que le cupo a Pinochet en el mayor operativo conjunto de represión
y crímenes contra la humanidad de las policías y secretas
del Cono Sur latinoamericano.
Para el actual comandante en jefe del Ejército chileno, general
Luis Emilio Cheyre, es sin embargo imposible reconstruir el pasado.
En declaraciones que hizo en Valparaíso, 120 kilómetros
al oeste de Santiago, el jefe militar declinó opinar sobre el fallo
contra Pinochet, pero se declaró acongojado porque
la sociedad chilena sigue dividida y entrampada por hechos
que ocurrieron hace 30 años.
En cambio, Viviana Díaz, vicepresidenta de la Agrupación
de Familiares de Detenidos-Desaparecidos, señaló que la
decisión de los tribunales es una gran noticia que le va
a hacer bien a nuestro país, porque indica que Augusto Pinochet
no está impedido de enfrentar un debido proceso.
En su fallo de julio de 2002 la Corte Suprema adujo que la demencia senil
le impedía al ex dictador ejercer su derecho a la defensa, con
lo cual estableció una jurisprudencia con que la Corte de Apelaciones
desechó otros dos procesos en su contra durante 2003.
Se trató de los juicios por los asesinatos del ex comandante del
Ejército chileno, general Carlos Prats, y su esposa, cometidos
en septiembre de 1974 en Buenos Aires por la DINA, y por el secuestro
y homicidio en 1976 de los 10 miembros de la dirección clandestina
del Partido Comunista.
Por una ironía de la historia fue el propio Pinochet quien proporcionó
los elementos para que se descartara su presunta demencia en el fallo
que los ministros de la Corte de Apelaciones de Santiago aprobaron por
mayoría este viernes.
El 24 de noviembre de 2003 una cadena de televisión de Miami difundió
una entrevista de una hora al ex dictador, quien se mostró completamente
lúcido en sus respuestas, en las cuales se negó a pedir
perdón a las víctimas de violaciones de derechos humanos,
que catalogó de excesos cometidos por subalternos.
No tengo odio ni rencor. Soy bueno y me siento un ángel,
dijo también Pinochet en esa entrevista.
Si (Pinochet) puede contestar preguntas a una periodista por casi
una hora, coherentemente y razonando en forma lógica, recordando
incluso acontecimientos que ocurrieron hace más de 30 años,
bien puede responder preguntas de un juez, plantearon los abogados
querellantes.
Versiones no confirmadas señalaron que la entrevista desató
problemas entre los hijos de Pinochet, ya que algunos de ellos habrían
cobrado al canal estadounidense por gestionarla.
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