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Carlos Andrés Pérez llama
a la violencia para derrocar al gobierno
Por Pascual Serrano
23 de agusto -- Mientras la comunidad internacional y el gobierno
venezolano, con su presidente al frente hacen llamamientos a la reconciliación
y a la aceptación de las normas democráticas y la Constitución,
el ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez aseguró
en declaraciones a la agencia AFP el pasado 22 de agosto que en su país
sólo queda recurrir a la lucha violenta para derrocar al mandatario
Hugo Chávez, tras ganar éste hace una semana el referendo
que decidió su permanencia en el poder.
A los venezolanos no nos queda más recurso, si queremos salvar
al país. Sigo siendo un hombre de paz y de medios democráticos,
pero en Venezuela nos han cerrado todas las puertas de la paz y no nos
queda sino usar esos otros medios para poder llegar a la paz, declaró
Pérez a Radio Caracol desde la ciudad de Ginebra.
Al ser consultado por la emisora sobre si mencionó en otros medios
la frase Chávez debe morir como un perro, lo merece con el
perdón de esos nobles animales, el ex presidente respondió:
Si, así lo dije.
Pérez, dos veces en el poder (1974-1979 y 1989-1993), aseguró
a los pocos días de que Hugo Chávez recogiera el apoyo de
casi el 60 % de los venezolanos en el referéndum que no sólo
un grupo, sino todo el país entero se está organizando
para tumbar a Chávez. Todos los venezolanos de
todos los sectores de la vida nacional, subrayó.
Viene una lucha violenta, eso es lo que nos viene por delante, violencia.
No hay paz. Se le han cerrado las puertas a la paz, añadió
el ex gobernante.
Pérez aseguró que el referendo revocatorio, avalado por
la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Centro Carter,
fue un fraude tremendo, en todos los campos, en todos los terrenos,
sin explicar en qué consistió ese fraude.
Este es un problema que tiene que resolverse, creo que la OEA y
el centro Carter van a tener que revisar sus pronósticos, y revisar
por qué dijeron una cosa tan falsa como esa de que no hubo fraude,
cuando fue un fraude del comienzo al final, aseveró.
El rector del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela, Jorge Rodríguez,
anunció el sábado que una auditoría sobre el referendo
no encontró evidencias de fraude como dijo la oposición,
quien tras acusar al gobierno de haber manipulado las máquinas
de votación a pesar de haber dado su visto bueno antes de conocer
el resultado electoral, no quiso participar ni asistir al nuevo recuento
manual de los votos.
Se va a demostrar que no ganó, eso finalmente va a quedar
demostrado. He venido siguiendo punto a punto todo el proceso, sin perderme
detalle ninguno, insistió Pérez, al ser consultado
sobre el resultado de la auditoría.
Asimismo, el ex gobernante dijo no creer en el discurso moderado del presidente
venezolano tras el referendo, ni en el llamado que hizo a la reconciliación
nacional.
Estaríamos de acuerdo (con la reconciliación), yo
sería el primero en aceptarlo; pero no le creemos, es que no podemos
creerle, es un gran farsante, un gran mentiroso, es un dictador,
concluyó Pérez, quien vive en Miami.
Chávez ganó el referendo por 59,06% de los votos, contra
40,94% de la oposición, lo que significa que su mandato concluirá,
tal como estaba previsto, en 2006.
Source: Rebelión/Agencias
El Plan Cóndor sigue vivo
Por Diana Cariboni
Montevideo, Chile, 17 de agosto (IPS) Los vínculos
del Plan Cóndor, establecido entre regímenes militares de
América del Sur en los años 70 para eliminar opositores,
aún existen, dijo a IPS en la capital uruguaya la senadora chilena
Carmen Frei.
Esa coordinación probó estar activa en 1991 y 1992, cuando
ya habían caído las dictaduras militares del Cono Sur del
continente, y el bioquímico chileno Eugenio Berríos, agente
de inteligencia del régimen de Augusto Pinochet (1973-1990), fue
trasladado en secreto a Uruguay, escondido o secuestrado durante más
de un año y luego asesinado.
Creo que esos vínculos siguen existiendo, dijo Frei
este martes en diálogo con IPS.
La legisladora de la cogobernante Democracia Cristiana estuvo entre el
domingo y este martes en Montevideo para pedir que se dé curso
a la extradición de tres militares uruguayos requeridos y procesados
en Chile por asociación ilícita y el secuestro de Berríos,
un caso por el cual ya están encauzados y detenidos más
de 10 ex funcionarios civiles y militares chilenos.
Las autoridades de Uruguay nos han dado la certeza de que van a
proceder con toda justicia, y también está la voluntad política
de hacer cumplir lo que la justicia resuelva, dijo Frei. Los militares
requeridos son Tomás Casella, Eduardo Radaelli y Wellington Sarli.
Frei, los también senadores Sergio Páez Verdugo, de la Democracia
Cristiana, y Ricardo Núñez, del cogobernante Partido Socialista,
y el abogado Alvaro Varela se reunieron el lunes con el vicepresidente
uruguayo Luis Hierro López y con el titular de la Suprema Corte
de Justicia, Leslie Van Rompaey, y con varios legisladores y políticos.
La senadora tiene un interés personal en este caso. Berríos,
experto en el uso del gas sarín empleado por la dictadura chilena
para matar opositores, estuvo implicado en la sorpresiva muerte de su
padre, el ex presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), a comienzos
de 1982.
La muerte de Frei Montalva en plena dictadura militar, cuando se perfilaba
como líder de la oposición política, es investigada
por el juez Alejandro Madrid, el mismo a cargo del caso Berríos.
A mi padre se le introdujo una bacteria, que no se pudo identificar
pese a consultas con especialistas de Estados Unidos y Europa, y que lo
llevó a la muerte, aseveró Frei.
Mi padre entra a una operación quirúrgica casi ambulatoria,
y cuando lo están interviniendo, el 17 de noviembre de 1981, nos
alertan de que lo están envenenando, relató a IPS.
Frei Montalva murió en enero de 1982, pese a los esfuerzos por
combatir una bacteria desconocida que le provocó una infección
generalizada.
La advertencia, sobre la cual Frei no quiso explayarse, consistió
en varias llamadas telefónicas con datos muy precisos y verosímiles.
Sabemos que durante todo ese tiempo había personal de los
servicios de inteligencia dentro de la clínica Santa María
(en la que estaba internado). Ya hay cinco médicos identificados
que eran agentes de la DINE (Dirección de Inteligencia del Ejército),
un grupo especial creado por la dictadura.
Agentes de la DINE fueron los que operaron en los casos más
emblemáticos, como la muerte de mi padre o la del dirigente sindical
Tucapel Jiménez, y de muertes por gas sarín, botulimia,
ántrax, los productos que creaba ese genio loco, el bioquímico
Berríos, explicó Frei.
La investigación está muy adelantada y se ha tomado declaración
a decenas de personas. Tenemos una tremenda confianza porque el
juez Madrid ha hecho un trabajo muy serio, sostuvo.
Pero, ¿en qué forma la extradición de los tres militares
uruguayos ayudaría a esclarecer la muerte de Frei?
Queremos saber qué tan importante era Berríos para
que hubiera esta movilización de personas dentro del ejército
y los servicios de inteligencia que lo custodiaron, lo sacaron de Chile,
lo trajeron a Argentina y a Montevideo y lo cuidaron durante un año
y medio.
Hay muchas preguntas sobre lo que pasó con las sustancias
que él produjo en Chile, y por qué al final deciden matarlo.
Los últimos dos o tres años de Berríos son fundamentales
para este proceso, aseguró Frei.
Queremos saber hasta qué punto hubo complicidad y asociación
ilícita. ¿Por qué hubo esta colaboración tan
estrecha entre estos servicios, que venía desde el Plan Cóndor?
Queremos saber qué papel jugaron (fuerzas de) Chile, Argentina,
Paraguay y Uruguay, prosiguió.
Estamos hablando de hechos que sucedieron cuando ya había
gobiernos democráticos en nuestros países. Por eso es tan
importante saber la verdad. No queremos manchar a nuestras instituciones
armadas, pero al amparo de ellas, personas desquiciadas cometieron delitos
que tienen que ser sancionados, sostuvo.
La senadora Frei estimó que tanto los tribunales chilenos como
los uruguayos están más fortalecidos ahora para asumir estos
desafíos. Tengo confianza en la justicia, concluyó.
El expediente judicial del caso Berríos fue reabierto en Uruguay
en marzo, 12 años después del crimen, y tras permanecer
archivado y secreto por más de un lustro.
Esta semana, los tres militares requeridos por Chile deberán comparecer
ante el juez penal Gustavo Mirabal, que dará inicio así
a las actuaciones del proceso de extradición.
Como una novela en esporádicos capítulos, el caso se fue
revelando en el transcurso de años, poniendo a prueba las instituciones
democráticas de Uruguay.
Berríos abandonó Chile en noviembre de 1991, cuando la justicia
se aprestaba a citarlo para declarar por el asesinato de Orlando Letelier
(ministro del derrocado gobierno de Salvador Allende), cometido en Washington
en 1976.
Su carrera como agente del régimen incluía el desarrollo
del gas sarín, de los explosivos que mataron a Letelier y de armas
químicas que la dictadura chilena pensó utilizar en caso
de guerra por un diferendo fronterizo con Argentina, a inicios de los
años 80.
Tras un breve pasaje por Argentina, Berríos y el mayor Carlos Herrera,
quien también huía de la justicia, llegaron a Montevideo
con identidades falsas.
Herrera (ahora condenado por ejecutar a Tucapel Jiménez en 1982
y procesado en la causa por el secuestro y muerte del bioquímico),
oficiaba de protector de Berríos, y alquiló
con nombre falso un apartamento en el barrio montevideano de Pocitos,
cuyo garante fue el uruguayo Casella.
Berríos vivió también en varios hoteles y finalmente
en una casa del balneario de Parque del Plata, cercano a la capital, siempre
protegido por militares chilenos y uruguayos, según
consta en el expediente judicial chileno.
En un confuso episodio, el 15 de noviembre de 1992, el bioquímico
se presentó agitado a la comisaría de Parque del Plata,
denunciando que era víctima de un secuestro
Pero lejos de protegerlo, las autoridades policiales lo devolvieron a
quienes él denunciaba como sus captores: Casella y Radaelli. El
químico y agente chileno no fue visto con vida nunca más.
Este incidente se hizo público en Uruguay en junio del año
siguiente, luego de una burda operación de inteligencia que pretendía
colocar a Berríos viviendo tranquilamente en Italia.
Se desató así una crisis sin precedentes desde la restauración
democrática de 1985. De inmediato, y pese a una sanción
menor contra algunos de los oficiales implicados, los altos mandos militares
se declararon responsables de lo ocurrido, en una desafiante actitud ante
el poder civil del gobierno del centroderechista Luis Alberto Lacalle.
En semanas, se sucedieron la destitución de un jefe de policía,
el traslado del comandante de la inteligencia militar, amenazas de muerte
a legisladores, roces diplomáticos con Chile y la caída
del ministro del Interior, Mariano Brito.
Pero aún no había prueba tangible de la muerte. En enero
de 1995 el cuerpo de Berríos apareció enterrado en las arenas
de una playa con dos impactos de bala. El asesinato se había cometido
entre fines de 1992 y los primeros meses de 1993.
Precisamente en febrero de 1993, en una visita privada de Pinochet a Uruguay,
Casella fue fotografiado junto al ex dictador, mientras oficiaba como
su acompañante personal.
Traducción por Christian Guerrero
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