|
Asia: Una zona peligrosa para el trabajo
periodístico
Por Marwaan Macan-Markar
Bangkok, Thailand, 1 nov (IPS) En Asia hay cada vez más
medios de comunicación, pero sigue siendo el lugar más peligroso
para el trabajo periodístico, según Reporteros Sin Fronteras
(RSF).
En la clasificación de países con mayor libertad de prensa
que elabora esta organización internacional todos los años,
los países de Asia oriental y de Medio Oriente se ubican en las
posiciones más bajas.
Corea del Norte cierra la lista en el puesto 167, mientras que Birmania
se ubica en el 165, China en el 162, Vietnam en el 161, Laos en el 153,
Arabia Saudita en el 159, Irán en el 158, Siria en el 155, e Iraq
en el 148.
En esos países, la libertad de prensa es simplemente inexistente
y los periodistas están sometidos a represión y censura
cotidianas. Allí no están garantizadas ni la libertad de
información ni la seguridad de los periodistas. En Iraq, la guerra
que perdura es la más asesina de los últimos años
para la profesión (44 periodistas han sido asesinados desde el
comienzo del conflicto, en marzo de 2003), indica RSF.
El continente asiático además está caracterizado
por las contradicciones.
Filipinas es uno de los países de Asia con mayor libertad de expresión,
pero no es el más seguro para los periodistas. En este archipiélago
de Asia sudoriental murieron ocho reporteros este año, uno más
que en 2003.
Bangladesh, Nepal, Pakistán y Sri Lanka fueron otros países
asiáticos donde murieron periodistas por cumplir con su trabajo,
señala el Indice Mundial de Libertad de Prensa, divulgado
la semana pasada.
El número total de periodistas asesinados este año en Asia
es de 44, cuatro más que en 2003 y 18 más que en 2002, según
RSF.
Asia también se destaca por ser el continente con mayor número
de periodistas en prisión. Este año fueron llevados a la
cárcel 128 reporteros asiáticos por ejercer su profesión.
El país donde hay más periodistas encarcelados es China,
con 26. En Birmania hay 11 y en Vietnam tres.
Había esperanza a fines de los años 90 de que la situación
en la región mejoraría, pero eso se convirtió en
desilusión, dijo a IPS el representante de RSF para Asia,
Philippe Latour.
El pequeño avance del que fuimos testigos en aquel entonces
ahora se ha estancado, y no creo que las cosas mejoren en lugares como
Birmania, añadió.
Por su parte, la activista Kulachada Chaipipat, de la Alianza Periodística
de Asia Sudoriental, indicó a IPS que los reporteros son con frecuencia
amenazados por gobiernos, poderosos empresarios e incluso jueces.
Lo que es peor, los ataques contra los periodistas permanecen en
la mayor impunidad. Nunca hemos visto que las personas que estuvieron
detrás de los asesinatos de periodistas en Filipinas fueran llevadas
a la justicia, dijo Chaipipat.
La debilidad del Poder Judicial en algunos países de Asia ha permitido
que se cometan todo tipo de violaciones a la libertad de prensa y se censure
a algunos medios, añadió.
La última víctima fue Bambang Harymurti, el editor de la
revista Tempo, una de las principales de Indonesia.
El periodista fue sentenciado en septiembre a un año de prisión
por haber difamado a un empresario en un artículo donde
manejaba datos que lo vinculaban con un incendio intencional que destruyó
un mercado textil en Yakarta el año pasado.
El fallo contra el periodista fue una vergüenza, escribió
Kavi Chongkittavorn, editor y columnista del diario tailandés The
Nation.
Va en contra del vibrante proceso de democratización iniciado
en Indonesia desde la caída de (la dictadura del general Alí)
Suharto, en 1998, sostuvo Chongkittavorn.
Es imperativo que la comunidad periodística regional trabaje
unida para garantizar que los gobiernos anulen las leyes sobre difamación
que atentan contra la libertad de prensa, añadió.
RSF señaló que en todo el continente asiático son
cada vez más frecuentes las paradojas como las de Filipinas e Indonesia,
donde a la par de una mayor prédica sobre la libertad de expresión
crecen los ataques contra los medios.
Por ejemplo, Singapur, por lejos el país más industrializado
y rico de Asia sudoriental, es uno de los que tiene peor desempeño
en materia de libertad de prensa.
La situación en Singapur es similar a la de Laos y Vietnam, señala
RSF.
En estos países, la prensa independiente no existe o es perseguida
y censurada todos los días. La libertad de información y
la seguridad de los periodistas no están garantizadas, indica
el informe.
Por el otro lado, los dos países más pobres de Asia sudoriental,
Timor Oriental y Camboya, se ubican entre las naciones del continente
con mejor ambiente para el periodismo, en el puesto 65 y 109 respectivamente
de la clasificación.
Singapur es hostil a los medios de prensa. Hay un monopolio sobre
la prensa, y la compañía que la controla está vinculada
con el Estado. Por eso hay muchos asuntos que son tabú, dijo
Latour.
La situación es un poco mejor en Camboya, donde existen algunos
límites a la libertad de expresión pero al menos hay más
espacio para que funcione la prensa, añadió.
China también sigue la paradoja del continente, según RSF,
pues, a pesar de que cuenta con cada vez más medios de prensa,
el Partido Comunista sigue usando la violencia para ponerles
freno.
Exitoso trayecto de la izquierda al poder
Por Diana Cariboni
Montevideo, Uruguay, 31 oct (IPS) Por primera vez en la
historia de Uruguay, la izquierda triunfó en las elecciones nacionales
de este domingo, en una jornada de singular clima de celebración
y emociones intensas.
El Frente Amplio, rebautizado con la incorporación de nuevos sectores
como Encuentro Progresista Frente Amplio Nueva Mayoría
(EP-FA-NM), obtuvo al menos 51 por ciento de los votos, frente a más
de 30 por ciento del Partido Nacional (PN) y aproximadamente 10 por ciento
del gobernante Partido Colorado (PC), según los primeros escrutinios
parciales.
Así, el gobierno que encabece desde marzo el médico socialista
Tabaré Vázquez será el primero de izquierda en este
país desde su independencia, en 1825, y el único con mayoría
parlamentaria desde 1966.
Detrás quedaron el candidato del PN, Jorge Larrañaga, y
el del PC, Guillermo Stirling.
Desde mediados de la tarde, incluso antes de que se cerraran las urnas,
partidarios de la coalición de izquierda ganaron las calles para
festejar, aún antes de conocer los primeros resultados. Cánticos,
banderas y lágrimas marcaron toda la jornada.
El ascenso del FA al poder ha seguido un rumbo inexorable desde 1971,
cuando fue fundado por socialistas, comunistas, democristianos, independientes
y sectores desprendidos de los partidos Nacional y Colorado, las colectividades
tradicionales que, ocupando simultáneamente el centro y la derecha,
dominaron más de 150 años de vida política.
Pero muchas cosas han cambiado en 33 años. Para empezar, las urnas
convirtieron en mayoría dentro de la coalición izquierdista
al Movimiento de Participación Popular, encabezado por ex guerrilleros
tupamaros, los mismos que habían visto con escepticismo la conformación
del FA en los años 70.
El Frente fue en gran medida una alternativa política a la insurgencia
tupamara activa desde el inicio de los años 60, y a un sistema
de dos partidos que se resquebrajaba con las tensiones sociales locales,
agravadas por la lógica de la guerra fría.
Ahora, líderes tupamaros recogen dentro del FA más votos
que el partido de gobierno, hablan de practicar un capitalismo en
serio y se preparan para gobernar.
En las elecciones de 1971, en las que obtuvo 18,3 por ciento de los votos,
el FA proponía planificación de la economía, nacionalización
de la banca y de los grandes monopolios del comercio exterior,
reforma agraria y eliminación del latifundio y un radical cambio
de régimen tributario.
El que nuestro Frente se propone es no sólo el cambio profundo
de las estructuras, sino la sustitución de las clases en el poder.
Desplazar del poder a la oligarquía y llevar al pueblo a gobernar,
decía en febrero de ese año el fundador y líder histórico
del FA, Líber Seregni, muerto a fines de julio.
La reforma agraria y la nacionalización de la banca desaparecieron
de los postulados programáticos en los años 90. Hoy, el
EP-FA-NM propone cinco ejes: políticas sociales, productivas y
de ciencia y tecnología, profundización de la democracia
y de la transparencia del Estado e integración regional.
En cambio, no prosperaron mociones de sus sectores radicales, de incluir
en su actual programa el rechazo frontal al ALCA (Area de Libre Comercio
de las Américas), la revisión de la Ley de Caducidad, que
clausuró la investigación de los crímenes de la dictadura,
y el no pago de la deuda externa.
La versión del socialismo reconocible en el FA está,
actualmente, bastante cerca del viejo paradigma socialdemócrata,
aunque en una versión más a la izquierda que su modelo europeo
occidental, afirman los politólogos Adolfo Garcé y
Jaime Yaffé en su libro La era progresista.
El FA continúa siendo el núcleo dominante de la coalición.
Pero es mucho más que (o muy diferente a) la suma de los sectores
que lo fundaron, en parte porque su trayecto incluyó la dictadura
militar (1973-1985), empeñada infructuosamente en destruirlo.
De ese tramo negro, plagado de persecución, prisión, torturas
y exilio, el Frente emergió como una nueva y nítida identidad
política, fundada en su propia épica de resistencia, y reforzó
su apuesta por las libertades republicanas.
Tras la restauración democrática de los años 80,
los grupos marxistas del Frente vivieron con suerte distinta el maremoto
de la desaparición de la Unión Soviética y del bloque
socialista. Pero la izquierda no dejó de crecer en votos.
¿Qué le importaba más a la izquierda de los
años 40? El cambio social. En los años 60 y 70 empieza a
preocuparse más por transformarse en partido con competencia electoral,
y ese afán se transforma en un fin muy importante, que la vuelve
cada vez más un partido electoral. Lo ideológico se va acomodando
a esta dinámica, dijo a IPS el politólogo Jorge Lanzaro,
fundador del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de
la República.
La izquierda buscó ampliarse y competir por el centro.
No pierde identidad, pero modera sus posiciones para acercarse
a un electorado de centroizquierda y de centro, pero tratando también
de llevarlo a posiciones distintas, añadió Lanzaro,
coordinador de la obra colectiva La izquierda uruguaya. Entre la
oposición y el gobierno.
Así, en los años 90 se instalaba en el país la polaridad
izquierda-derecha, inexistente en el viejo sistema de partidos, mientras
el FA capitalizaba bien los arraigados sentimientos uruguayos a favor
del Estado y en contra del mercado.
De todas maneras, la izquierda no ha sido impermeable a la revolución
cultural neoliberal, y ha integrado algunos de sus elementos, como la
necesidad del equilibrio fiscal, la apertura comercial y la competitividad,
dijo Lanzaro.
Los comicios de 1994 fueron un punto de inflexión, pues la izquierda
empezó a quebrar la hegemonía de blancos y colorados en
el electorado más conservador del interior del país, el
punto más débil del FA.
En esta campaña, la izquierda se ocupó de apaciguar a los
mercados financieros y al sector empresarial, anunciando anticipadamente
el nombre del ministro de Economía de su futuro gobierno: el senador
Danilo Astori, un prestigioso economista frentista que se ha ganado imagen
de moderación.
Vázquez y Astori viajaron a Washington para asegurar a autoridades
del Fondo Monetario Internacional su voluntad de honrar la abultada deuda
externa y de mantener el equilibrio macroeconómico.
Los mercados reaccionaron favorablemente. No hubo en estos
meses corridas bancarias, ni fuga de capitales, y hasta se apreció
el peso uruguayo frente al dólar.
El estancamiento económico de fines de los años 90 y la
recesión que desembocó en la profunda crisis de 2002 (percibida
como la peor de la historia) hicieron el resto.
Uruguay tiene hoy un millón de pobres en una población de
3,3 millones de personas y su endeudamiento equivale a 105 por ciento
de su producto interno bruto. Más de la mitad de la población
infantil vive en la pobreza.
Es cierto que la actividad económica se recuperó notablemente
este año y que el desempleo bajó de casi 20 a 13 por ciento.
Pero los salarios siguen exiguos y crecieron la marginación y la
brecha entre ricos y pobres. La ola emigratoria se elevó desde
2002 y el país está entre los primeros del mundo en proporción
de suicidios.
El actual gobierno colorado de Jorge Batlle es uno de los más impopulares
de América Latina.
A partir de 2002 se disparó el descontento ciudadano hacia las
colectividades tradicionales, en particular hacia el Partido Colorado,
que supo ser constructor del Estado de bienestar en la primera mitad del
siglo XX, pero ahora está agotado por el ejercicio casi hegemónico
del poder.
Además, el mapa de América del Sur ya no luce, como en los
años 90, el color único de las políticas de ajuste
y privatizaciones. Vecinos influyentes, Argentina y Brasil han torcido
el rumbo, y hasta las agencias financieras multilaterales reconocen los
daños que esas políticas dejaron en la región.
También en Venezuela y en Bolivia esas políticas están
seriamente cuestionadas.
En estas condiciones, la experiencia única de un bloque de izquierda
democrático que sobrevivió 33 años (y una dictadura)
y creció hasta alcanzar el poder, tiene por delante una oportunidad
también única de materializar las esperanzas de justicia
social que alientan sus votantes.
El FA es un enorme partido popular que ocupa,de alguna manera, el
sitio del Partido Colorado en el siglo XX, y que lo ocupará seguramente
por mucho tiempo, vaticinó Lanzaro.
|