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Superpotencia de la bioenergía en
Brasil]
Por Mario Osava
Rio de Janeiro, Brasil, 4 de nov (Tierramérica)
El alza del precio del petróleo y la inminente
entrada en vigencia del Protocolo de Kyoto, por la ratificación
de Rusia, aceleran un proceso que conduce a Brasil a afirmarse como una
potencia de la bioenergía.
Las exportaciones de alcohol producido a partir de caña de azúcar
deben pasar de 800 millones de litros el año pasado a 2.000 millones
este año, y la expansión tiende a mantenerse con independencia
de los precios del petróleo.
Son muchos los países que, como Japón, se aprestan a mezclar
etanol con su gasolina, o aumentar el agregado de ese alcohol al combustible,
para reducir la contaminación del aire.
Se augura que las fuentes renovables tendrán un decidido impulso
global con la entrada en vigencia del Protocolo de Kyoto (1997), que controla
la emisión de gases de efecto invernadero, responsables del cambio
climático.
El Senado de Rusia anunció el 27 de este mes la ratificación
del tratado. Una vez promulgada por el Ejecutivo ruso, el protocolo de
Kyoto entrará en vigencia, pues se completa así el número
de países requerido: aquellos que emitan el 55 por ciento de los
gases invernadero.
En Brasil, el combustible de fuente renovable recupera la popularidad
que tuvo en los años 80, y no sólo por su menor precio.
Crece aceleradamente la demanda de automóviles bicombustible,
que pueden usar gasolina, alcohol o cualquier mezcla de ambos, lanzados
el año pasado.
En 1985 y 1986 los vehículos impulsados a alcohol habían
alcanzado la fantástica proporción de 76 por ciento del
total producido en Brasil. Pero problemas de abastecimiento y precios
afectaron la credibilidad del programa Proalcohol, de sustitución
de combustibles, iniciado luego de la crisis petrolera de 1973.
La producción de automóviles a alcohol tocó fondo
en 1997, cuando fue 0,06 por ciento del total, según datos de la
Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos Automotores.
Desde entones registró una lenta recuperación, acentuada
desde el año pasado, cuando 84.173 automóviles que usan
alcohol carburante, incluyendo bicombustibles, fueron 4.6
por ciento del total. Este año esa cantidad debe quintuplicarse,
ya que la producción de enero a septiembre sumó 253.817
unidades. Las de septiembre fueron 32 por ciento del total de ese mes.
La posibilidad de usar uno u otro combustible contribuye, junto con el
precio, a rescatar la confianza en el alcohol, ya que elimina el riesgo
de desabastecimiento o súbita elevación de precios.
Además, toda la gasolina en Brasil lleva de 20 a 25 por ciento
de adición de alcohol anhidro, reduciendo el consumo de petróleo
y la contaminación. Y se empieza a fabricar en el país aviones
para fumigación que usan etanol.
El subsidiado desarrollo de Proalcohol costó unos 40.000 millones
de dólares, pero el país ya recuperó esos gastos
y cosecha ahora los frutos, incluso por la tecnología desarrollada,
dijo a Tierramérica el investigador Osvaldo Stella Martins, del
Centro Nacional de Referencia sobre Biomasa.
La caña necesaria para hacer de Brasil el mayor productor mundial
de azúcar y alcohol genera gran cantidad de bagazo, fuente de calor
y electricidad, que va al mercado energético, además de
alimentar las propias centrales azucareras y destilerías.
Ahora el nuevo programa de biodiesel entusiasma a investigadores y empresarios.
El gobierno anunció que autorizará en noviembre su adición
al combustible diesel petrolero, en proporción de dos por ciento
que se elevará a cinco por ciento dentro de algunos años.
Además de reducir importaciones y mejorar el ambiente, ese programa
será de inclusión social, al generar cientos de miles de
empleos y favorecer la agricultura familiar en áreas pobres, según
el ministro de Ciencia y Tecnología, Eduardo Campos.
Por eso se piensa priorizar la producción a partir de ricino (Ricinus
communis) en el noreste, la región más pobre del país,
pero el biodiesel de ricino deberá ser fuertemente subsidiado,
ya que cuesta el triple del petrolero, señaló Stella, ingeniero
mecánico con doctorado en Ecología y Recursos Naturales.
El aceite de ricino, materia prima de centenares de productos químicos,
medicinales y cosméticos, tiene gran demanda mundial insatisfecha,
y sería más lógico promover su producción
como insumo industrial, en vez de usarlo para biodiesel y cargar a la
sociedad con el costo de los subsidios, para resolver un problema
de Petrobras, la empresa petrolera estatal, opinó.
El problema es que Petrobras debe producir combustible diesel sin azufre,
por motivos ambientales, y le conviene sustituir ese aditivo lubricante
por biodiesel, transfiriendo costos a la sociedad, explicó el experto.
De todas formas, también se investiga para producir biodiesel a
partir de varios otros vegetales, e incluso de grasa procedente de residuos
orgánicos urbanos.
La alternativa que más entusiasma a Stella y a Laercio Couto, presidente
de la Red Nacional de Biomasa para Energía e ingeniero forestal,
es aprovechar desechos madereros y agrícolas.
La producción de madera sólo aprovecha 45 por ciento del
árbol, y deja una fantástica riqueza en biomasa,
dijo Couto a Tierramérica.
Los residuos compactados en esferas o cilindros, para reducir volumen
y humedad además de facilitar el transporte, empiezan a ser exportados
a Europa. Pero se vendieron 40.000 toneladas el año pasado, y la
demanda es dos millones de toneladas, destacó.
Brasil, con su disponibilidad de tierras, sol y agua, es un inmenso productor
de biomasa, y la fotosíntesis hace del país una potencia
energética según José Bautista Vidal, el padre
de Proalcohol.
Sin embargo, las largas distancias y la insuficiente infraestructura que
encarecen el transporte aún traban el negocio energético
más allá del aprovechamiento local, apuntó Couto.
No a la privatización del agua en
Uruguay
Por Raúl Pierri
Montevideo, Uruguay, 31 de oct (IPS) Uruguay dio un paso
singular en el mundo al aprobar una reforma constitucional que define
al agua como un bien de dominio público y garantiza la participación
de la sociedad civil en todas las instancias de gestión de los
recursos hídricos del país.
En forma paralela a la elección de un nuevo gobierno, los uruguayos
se pronunciaron afirmativamente este domingo por introducir en la Carta
Magna que el agua es un recurso natural esencial para la vida
y que el acceso a éste y a todos los servicios de saneamiento son
derechos humanos fundamentales.
El plebiscito impulsado por la Comisión Nacional de Defensa del
Agua y la Vida, integrada por el sindicato de la empresa estatal de agua
y saneamiento y varios grupos de la sociedad civil, obtuvo el respaldo
de 60 por ciento del electorado. Para su aprobación necesitaba
el apoyo de la mitad más uno de los votantes.
El ganador de las elecciones de este domingo, Tabaré Vázquez,
de la coalición izquierdista Encuentro Progresista-Frente Amplio
(EP-FA), fue uno de los impulsores de la reforma.
La iniciativa popular, singular en el mundo, sentó un precedente
histórico en la defensa del agua, a través de su inclusión
en la Carta Magna de un país por la vía de la democracia
directa, señalaron 127 organizaciones de 36 países
que enviaron una carta en respaldo a la Comisión.
Estos grupos destacaron que la reforma uruguaya asegura la defensa
de la soberanía sobre un recurso natural ante la embestida de las
corporaciones trasnacionales.
Sin embargo, y a pesar de haberla votado, la mayoría de la población
desconoce los alcances de los cambios, según las encuestas, y el
nuevo parlamento elegido este domingo deberá elaborar una legislación
que defina los mecanismos de su aplicación.
A partir de ahora, los servicios públicos de abastecimiento de
agua para el consumo humano serán prestados en Uruguay exclusiva
y directamente por personas jurídicas estatales, y se cancelarán
todas las concesiones en la materia a firmas privadas.
Las principales afectadas son las compañías de capital español
Uragua y Aguas de la Costa, que brindan servicios de agua potable en el
sudoriental departamento de Maldonado.
Este punto fue el que motivó las principales críticas del
gobernante Partido Colorado, de empresarios y de algunos sectores del
centroderechista Partido Nacional, quienes rechazaron la iniciativa argumentando
que ahuyentará inversiones y habilitará
expropiaciones al estilo de otros regímenes estatales autoritarios.
Pero tanto Vázquez como el senador Danilo Astori, su futuro ministro
de Economía, aseguraron durante la campaña electoral que
la norma no tiene carácter retroactivo, y dieron a entender que
no se verían afectadas las empresas españolas.
De hecho, ambos se esforzaron por llevar tranquilidad a las compañías
de ese país en una visita que realizaron a Europa.
Astori admitió que hay visiones contrapuestas entre juristas del
EP-FA, y que todo se resolvería con una legislación aclaratoria,
mientras el presidente electo dijo ante empresarios durante la campaña
que la reforma no afectará a las compañías extranjeras.
Las consultas jurídicas que hemos hecho al interior de nuestra
fuerza política establecen que los criterios, si se aprueba esta
reforma, no se aplican retroactivamente por razones obvias, sino hacia
delante, dijo Vázquez.
Así que el cumplimiento de los compromisos asumidos no tiene
que ser sólo por parte del Estado uruguayo sino de las empresas
que asumen esos compromisos, añadió.
Sin embargo, miembros de la Comisión y de la propia coalición
izquierdista subrayaron que, según la norma, sí se suspenderán
las concesiones a todas las firmas.
La discusión sobre la retroactividad es capciosa. El concepto
de retroactividad no tiene nada que ver con el texto. Sencillamente, una
vez aprobada la reforma, caen las concesiones vigentes, explicó
a IPS el delegado del Frente Amplio en la Comisión, Carlos Coitiño.
Por su parte, el jurista Guillermo García Duchini, co-redactor
del proyecto de reforma, señaló a IPS que el rescate
de las concesiones por parte del Estado está ya previsto
en el mismo pliego de concesión, cuando se establece que éstas
se suspenderán en caso de que vayan contra el interés público.
Y éste es el caso de la reforma, explicó García Duchini,
ya que ésta establece que los recursos hídricos del país
forman parte del dominio público, y que por eso su gestión
deberá hacerse anteponiéndose las razones de orden
social a las de orden económico.
Al suspenderse las concesiones, se indemnizará a las firmas, pero
no por el lucro cesante, sino sólo por las inversiones no amortizadas.
La dirección, organización y explotación de los recursos
hídricos queda a cargo de la empresa Obras Sanitarias del Estado
(OSE), aunque podrá en algún caso pasar a las alcaldías,
señaló García Duchini.
Algunas obras en particular, como de mantenimiento, pueden ser licitadas,
pero OSE no perderá la gestión ni el contacto directo
con el público.
Aguas de la Costa pertenece a la española Aguas de Barcelona, que
a su vez es filial de la francesa Suez-Lyonnaise des Eaux. Desde que se
instaló en Maldonado en 1992, las tarifas del servicio pasaron
a ser siete veces más altas que en el resto del país.
Uragua, propiedad de las firmas españolas Cartera Uno, Iberdrola
y Aguas de Bilbao, atiende el suministro de agua potable de las sudorientales
ciudades de Maldonado, Punta del Este y Piriápolis.
En enero de 2002, en plena temporada turística, OSE recomendó
a la población de Maldonado que hirviera el agua distribuida por
esa firma española antes de ingerirla, pues se habían detectado
en ella colibacilos fecales.
Activistas estiman que en algunos años unas pocas empresas en el
mundo controlarán casi 75 por ciento del líquido empleado
para consumo humano. Las principales firmas son las francesas Vivendi-Générale
des Eaux y Suez Lyonnaise des Eaux, que controlan 40 por ciento del mercado
y brindan servicios a unas 110 millones de personas en más de 100
países.
El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se han dedicado a
fomentar la privatización del agua en el Sur en desarrollo, poniéndola
como condición para conceder sus préstamos, dice la activista
canadiense Maude Barlow en su libro El oro azul, que presentó
el mes pasado en Montevideo.
La concentración del poder en manos de una única empresa
y la incapacidad de los gobiernos de recuperar el dominio de los servicios
de suministro permiten a las firmas imponer sus intereses sobre el gobierno,
reduciendo así el poder democrático de los ciudadanos,
dice Barlow.
En ese contexto, la reforma aprobada en Uruguay marca un precedente mundial.
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