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Países andinos chocan con Washington
por patentes
Por Constanza Vieira
Bogota, Colombia, nov (Tierramérica) El acceso a
los recursos genéticos en la región andina, que alberga
la cuarta parte de la biodiversidad del planeta, es un punto de discordia
en el tratado de libre comercio que Estados Unidos negocia desde mayo
con Colombia, Ecuador y Perú.
La propuesta estadounidense establece acceso libre para patentar plantas
y animales, a los que designa como inventos en el capítulo
sobre propiedad intelectual del borrador del tratado, norma que entraría
en contradicción con la legislación de la Comunidad Andina
de Naciones (CAN).
La CAN, integrada por los tres países que negocian el tratado y
también por Bolivia (observador en el proceso) y Venezuela, prohíbe
expresamente patentar seres vivos, salvo microorganismos desde 1998.
Propiedad intelectual y agricultura son las dos áreas en las que,
tras cinco rondas de negociación, no hay acercamiento entre las
partes. Ambas se abordarán en la sexta ronda, prevista del 29 de
noviembre al 4 de diciembre en la sudoccidental ciudad estadounidense
de Tucson, dijo a Tierramérica Hernando José Gómez,
jefe negociador colombiano.
Las normas en los países de la CAN, que suman 4,7 millones de kilómetros
cuadrados, establecen que la biodiversidad es patrimonio nacional y regional,
y reconocen el saber tradicional asociado con el uso de recursos genéticos.
Los andinos se acogen además al Convenio de 1991 de la Unión
para la Protección de las Obtenciones Vegetales, que establece
un marco de propiedad intelectual de variedades de plantas muy semejante
a las patentes, y reconoce derechos de científicos, fitomejoradores
y agricultores.
Una fuente del equipo negociador colombiano dijo a Tierramérica
que tiene instrucciones de no contrariar la norma andina,
y que los representantes de su país, Ecuador y Perú trabajan
en armonía.
Además, Gómez recordó que las tres delegaciones sudamericanas
cuentan con respaldo de los otros dos miembros de la CAN. El 99
por ciento de los textos andinos ya están sobre la mesa,
aseguró.
Pero la propuesta estadounidense de patentar plantas y animales ha generado
preocupación en amplios sectores de la comunidad andina.
El tratado realmente es un negocio de patentes. Estados Unidos quiere,
por decirlo así, imponer que todos los países adopten tratados
sobre las patentes. Y ése es uno de los grandes problemas en el
tema de la biodiversidad, dijo a Tierramérica Manuel Rodríguez,
ex ministro colombiano de Ambiente.
Muchas cosas relacionadas con el acceso a recursos genéticos
tienen que ver con las patentes. Por ejemplo, Estados Unidos no ha reconocido
ni va a reconocer el conocimiento tradicional. Pero eso tampoco lo va
a resolver el tratado, y uno puede suponer que van a encontrar la forma
de aplazarlo (el tema) y sacar adelante el acuerdo, agregó.
Washington logró que las negociaciones sean secretas, y su propuesta
no es de dominio público, como tampoco lo es la de los andinos,
aunque en la sede del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo colombiano,
parlamentarios e investigadores de universidades pueden ver ambos textos
en una terminal de computador, sin posibilidades de copia y previa firma
de un compromiso de confidencialidad.
Funcionarios de ese ministerio indicaron que los periodistas no tiene
acceso a esa terminal, pero Tierramérica pudo leer la propuesta
andina sobre propiedad intelectual, bajo la condición de no tomar
apuntes. En general, esa propuesta interpreta la norma de la CAN en la
materia.
No puede ser de otra manera. La norma andina se aplica de manera
prevalente, dijo a Tierramérica Luis Ángel Madrid,
funcionario del ministerio y negociador portavoz en la mesa sobre propiedad
intelectual.
Pero Margarita Flórez, abogada ambientalista del Instituto Latinoamericano
de Servicios Legales Alternativos, con sede en Bogotá, discrepa
con Madrid.
Los estadounidenses quieren que se permita patentar plantas y animales
y prevalecerá el tratado bilateral, que será más
específico y posterior (a la norma andina), dijo Flórez.
Los tratados se firman para cumplirlos, y Estados Unidos tiene muchísimas
maneras de hacerlos cumplir, aseveró.
Lo que se defiende en estos tratados no es el libre comercio. Los
productos están sin arancel hace mil años. El problema es
el derecho del inversor, defendido con patas y manos en la propuesta
estadounidense, alegó.
El ex ministro de Ambiente ecuatoriano, Edgar Isch, coincidió al
señalar que las leyes del comercio internacional tienden a socavar
las normas sobre ambiente nacionales y multilaterales.
Para la Organización Mundial de Comercio, sus normas están
por encima de los acuerdos internacionales sobre ambiente,
dijo.
En Estados Unidos, según el ex ministro, la administración
Bush ha reducido o eliminado alrededor de 200 normas ambientales, en muchos
casos para favorecer el libre comercio.
Sin embargo, sostuvo que el tratado andino no es inevitable y, tal
como están dadas las cosas, no es la mejor vía para el desarrollo.
El acuerdo podría estar listo en febrero y entraría en vigencia
en 2006, si lo aprueban los parlamentos de los cuatro países. Pero
los opositores al tratado en las naciones andinas han pedido, como mínimo,
la suspensión de las negociaciones y la difusión de las
propuestas.
En Colombia, por ejemplo, el movimiento indígena propuso un referendo
contra el tratado.
Apuesta energética baja tensión
fronteriza
Por Humberto Márquez
Caracas, Venezuela, 11 nov (IPS) Colombia
y Venezuela, gobernadas por líderes con programas políticos
contrapuestos, encuentran en la sed mundial de energía proyectos
sobre los cuales entenderse, mientras bajan volumen a sus diferencias
sobre la lucha contra el terrorismo y las culpas por la violencia fronteriza.
El presidente colombiano Alvaro Uribe recibió esta semana en la
ciudad caribeña de Cartagena de Indias a su homólogo venezolano
Hugo Chávez, para pasar revista a los proyectos de cruzar sus fronteras
con gasoductos y oleoductos que conecten las zonas productoras del océano
Atlántico con las consumidoras del Pacífico asiático
y americano.
Existe un claro interés colombiano en aprovechar su ubicación
geográfica como vía de tránsito para lo que será
el comercio de hidrocarburos después del año 2020, y sobre
todo del gas natural como energético de punta, dijo a IPS
Carlos Romero, profesor de posgrado en asuntos internacionales en la Universidad
Central de Venezuela.
Es un interés congruente con el de Venezuela, dueña de las
mayores reservas de gas en la región 146 billones de pies
cúbicos y esperanzas de agregar otros 170 billones-y también
con el de Trinidad-Tobago, de reservas superiores a 26 billones de unidades.
Uribe y Chávez habían pactado en julio construir un gasoducto
de 177 kilómetros, que costará entre 135 y 170 millones
de dólares, para llevar el fluido desde Ballenas, en el norte colombiano,
hasta Maracaibo, noroeste venezolano, hasta el año 2007.
Pero después de esa fecha, cuando mermen las existencias colombianas
y Venezuela conecte los campos de gas de su oriente con las áreas
consumidoras de occidente, el flujo de gas se revertiría y llegaría
al norte colombiano por el mismo tendido.
Chávez y Uribe acordaron empalmar ese proyecto con una conexión
gasífera a Panamá y sumarse al Plan Puebla-Panamá
(de interconexión vial y energética entre México
y América Central) para llevar el hidrocarburo por todo el istmo
centroamericano e incluso alcanzar América del Norte.
Los presidentes también sostuvieron proyectos de interconexión
eléctrica y nuevas carreteras, en momentos en que el comercio binacional
crece y en los primeros ocho meses de 2004 pasó de 1.500 millones
de dólares, lo que abre posibilidades de alcanzar un récord
de más de 2.500 millones de dólares al cierre del año.
La idea de alianza para el largo plazo fue subrayada por la propuesta
de un oleoducto de unos 1.300 kilómetros, que enlace la zona petrolera
de Maracaibo, en el oeste venezolano, hasta las costas del Pacífico
colombiano, lo que permitiría a Venezuela y Trinidad-Tobago exportar
hidrocarburos al prometedor mercado asiático.
Chávez en su visión de largo plazo intenta diversificar
los mercados y hacerse menos dependiente de Estados Unidos, destino
de uno de cada dos barriles de petróleo que produce Venezuela,
según el docente de estudios internacionales Italo Luongo.
Romero observa en el proyecto una señal del control y estabilidad
que ha logrado imponer en Colombia la presidencia de Uribe, aun con el
país dividido y sin vencer en los conflictos que le oponen con
la guerrilla, los paramilitares y el narcotráfico.
Ese control le da a Uribe más capacidad y también
necesidad de negociar con el gobierno, de signo político distinto,
de la vecina Venezuela, por lo demás comprador de alimentos colombianos
para sus programas sociales, lo que explica en parte el auge comercial.
Colombia es la gran beneficiaria de estos acuerdos, opinó
Romero.
Uribe se inclina a la derecha y cuenta con el firme respaldo de Washington,
en tanto Chávez defiende tesis de izquierda y teje alianzas con
La Habana. Pese a sus diferencias ambos son líderes fuertes,
pragmáticos, directos y sostienen con firmeza proyectos de largo
plazo, recordó a IPS otro analista internacional, Alberto
Garrido.
Uribe tiene la aprobación de dos de cada tres colombianos, según
encuestas, y avanza cambios en la Constitución para presentarse
a la reelección para un nuevo cuatrienio en 2006, en tanto Chávez
tiene abierta esa posibilidad, para gobernar hasta el 2013, y acaba de
ganar con 59 por ciento de votos un referendo sobre su mandato (2000-2007).
En las reuniones de julio y este noviembre, ambos mandatarios subsumieron
en acuerdos económicos sus diferencias políticas, después
de que Chávez ha criticado por años el Plan Colombia de
lucha contra la guerrilla, a la que rehúsa tratar como enemiga,
pues no acepta tomar partido en el conflicto colombiano, lo que ha despertado
reacciones de Washington.
A su vez, Chávez ha dicho que sectores de la oligarquía
colombiana y el comandante del ejército de ese país,
el general Martín Carreñoque acaba de ser relevado
por Uribehan apoyado distintos complots para desalojarlo del poder.
La extensa frontera común, de 2.219 kilómetros, ha sido
campo para roces armados y asignación de culpas de lado y lado.
En el último incidente, el 17 de septiembre pasado, presuntos irregulares
colombianos atacaron en la frontera a un equipo petrolero venezolano y
dieron muerte a cuatro militares y una ingeniera civil.
Chávez negó en Cartagena que apoyase a la guerrilla, y con
su peculiar estilo dijo que Juro por Dios y mi madre santa que si
yo apoyara a la guerrilla no tendría cara para venir aquí,
al tiempo que aseguró que, aunque está por la paz, no
permitiremos que actúen en nuestro territorio fuerzas irregulares
de ningún género.
Uribe expresó reconocimiento por el interés del gobierno
del presidente Chávez para ayudarnos en este problema de seguridad
que tantos dolores de cabeza ha causado en Colombia y al hermano pueblo
de Venezuela.
La ocasión también sirvió para desmentidos sobre
una carrera armamentista, después de que Caracas pactó con
Rusia la compra de unos 40 helicópteros con los que reforzará
las labores de vigilancia de su ejército en la frontera.
Pero Beatriz de Majo, experta en cuestiones colombo-venezolanas, observó
a IPS que la polémica y los riesgos de confrontación están
servidos y los acuerdos económicos no son sino una cobertura
sobre el problema de seguridad que se abrirá en la frontera.
En lo que resta de año, recordó De Majo, los acuerdos de
Uribe con las derechistas Autodefensas Unidas de Colombia llevarán
a desmovilizar unos 3.000 paramilitares en el oriente colombiano, incluida
la cuenca del río Catatumbo, que nace en Colombia y desemboca en
el venezolano lago de Maracaibo.
Se creará un vacío de fuerza en una zona con cultivos
de droga, y las guerrillas serán tentadas a ocupar esos espacios
y controlar la zona. ¿Qué hará el ejército
colombiano? Seguramente intervenir, vendrán nuevos choques armados
y previsiblemente la confrontación desbordará la violencia
hacia Venezuela, dijo De Majo.
Según la especialista, bastaría una chispa para que
Chávez arme una hoguera y utilice el episodio para galvanizar a
sus seguidores en el continente.
Para Romero, en cambio, el tejido de acuerdos económicos crea intereses
compartidos que pueden servir como muro de contención para una
escalada del conflicto.
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