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America Latina: La región más
peligrosa del mundo para sindicalistas
Por Eduardo Tamayo
En 1999, alrededor de 140 personas fueron asesinadas,
desaparecieron o se suicidaron en el mundo por defender los
derechos de los trabajadores/as, senala un informe elaborado
por la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales
Libres, CIOSL, con sede en Bruselas.
El documento detalla las violaciones de los derechos
sindicales en 113 países durante el ano 1999. En este período
3.000 trabajadores fueron arrestados, más de 1.500 sufrieron
heridas, 700 recibieron amenazas de muerte y 5.800 sufrieron
hostigamiento.
En lo que respecta a América Latina, el informe
dice que la región sigue siendo la más peligrosa del mundo,
pues 90 sindicalistas perdieron la vida, el doble de la cifra
registrada en cualquier otro continente, en tanto que el 70%
de las personas arrestadas en el mundo por desarrollar actividades
sindicales fueron latinoamericanas.
En muchos países es prácticamente imposible formar
sindicatos. En las zonas francas de exportación se hace caso
omiso de los derechos de los trabajadores, sobre todo en Nicaragua,
México, Guatemala, El Salvador y Honduras; las huelgas se reprimen
con mano de hierro: quienes defienden la causa de los trabajadores
sufren constantes hostigamientos por parte de las autoridades
y de los empleadores, senala la CIOSL.
América del Sur
Colombia encabeza la lista mundial de los países
que violan los derechos sindicales y humanos, y entre ellos
el derecho más elemental y fundamental: el derecho a la vida.
Durante 1999, fueron asesinados 69 sindicalistas, de los cuales
19 eran dirigentes y 59 estaban afiliados a algún sindicato.
En nueve anos, entre 1991 y 1999, el total de sindicalistas
asesinados suman 1.336. Otras cifras hablan del clima de terror
que han impuesto los grupos paramilitares de derecha coaligadas
con las fuerzas de seguridad: 676 amenazas de muerte, cuatro
sindicalistas desaparecidos, 22 secuestrados, 28 en el exilio.
Una huelga nacional iniciada el 31 de agosto para
protestar contra el programa de privatizaciones de Andrés Pastrana
y para exigir la moratoria de la deuda externa culminó con el
asesinato de una persona, varios heridos y 292 huelguistas arrestados.
La represión de estas y otras huelgas se produce
en un marco de “penalización de la lucha social”. Las autoridades
han utilizado el código penal para perseguir a quienes luchan
por cambios sociales y económicos. Las huelgas han sido calificadas
como actos de “terrorismo”, “sabotaje”, “violaciones del derecho
a trabajar” y conllevan penas de cárcel. La legislación destinada
a combatir al narcotráfico y a la guerrilla ha sido utilizada
contra los sindicalistas. En este marco, en 1998 tres miembros
de la Unión Sindical Obrera, USO, fueron acusados de terrorismo
y sometidos a jueces y testigos sin rostro. El fin de esta práctica
estaba prevista para el 30 de junio de 1999. A ello, se debe
agregar la vigencia de una legislación que restringe los derechos
de huelga y de negociación colectiva, especialmente de los empleados
públicos, y da amplias atribuciones a los empleadores para contratar
y despedir trabajadores y emplearlos con contratos temporales.
En Argentina, la Policía mató en julio de 1999
a cinco personas durante las huelgas y protestas de trabajadores
públicos de Corrientes que reclamaban el pago de sus sueldos
atrasados. Por el mismo asunto, se movilizaron los trabajadores
de Tucumán, Neuquen y Tierra de Fuego, luego de que el Gobierno
se comprometiera con el FMI a “sanear las finanzas provinciales”,
es decir a realizar más recortes a los presupuestos sociales.
En Neuquen tres personas fueron heridas.
El fantasma de la muerte también rondó Brasil,
y el blanco de la violencia se dirigió contra los campesinos
sin tierra y los trabajadores públicos. En 1999 el Movimiento
de los Sin Tierra (MST) intensificó las tomas de tierras improductivas
para presionar al gobierno la ejecución de la reforma agraria.
La policía militar y pistoleros al servicio de los latifundistas
respondieron con exceso de violencia para desalojar a los trabajadores
rurales, gozando de impunidad para sus actos. El 20 de mayo,
dos pistoleros en motocicleta mataron a tiros a Euclides Francisco
de Paula, presidente del Sindicato de Trabajadores del Campo
de Parauapebas, en el norte de Brasil. El dirigente había recibido
reiteradas amenazas de muerte por su apoyo a la reforma agraria.
Un informe de la Pastoral de la Tierra senala que entre 1985
y 1998 fueron asesinados 1.158 trabajadores, pero solo 86 casos
han sido llevados ante los tribunales.
La Policía Antidisturbios, el 2 de diciembre,
asesinó al empleado público José Ferreira Da Silva e hirió a
20 más. Estos trabajadores, junto con otros 500 companeros,
habían ocupado la empresa gubernamental Novacap, ubicada en
Brasilia, exigiendo mejores salarios, y se negaban a abandonar
el lugar, cuando intervino la Policía con las consecuencias
anotadas. La Policía adujo que sólo había utilizado balas de
goma pero las que se encontró en el cuerpo sin vida de Da Silva
fueron balas verdaderas.
En el Ecuador, el gobierno de Jamil Mahuad, fiel
seguidor del recetario fondomonetarista, impuso severas medidas
económicas para sortear la crisis y salvar a la banca, entre
ellas la congelación de los ahorros de más de dos millones de
pequenos ahorristas, el alza de los precios de los combustibles
y la privatización de las empresas públicas. Las organizaciones
de trabajadores, el movimiento indígena, las organizaciones
sociales y los transportistas efectuaron paralizaciones y huelgas
en marzo y julio de 1999, que tuvieron una “respuesta brutal
de las autoridades”, según el informe. En marzo y en julio,
el Gobierno impuso el estado de emergencia. En las movilizaciones
de julio la fuerza pública abrió fuego en varias ciudades, resultando
32 personas heridas y 300 arrestadas, incluidos el dirigente
de los trabajadores petroleros Iván Narváez y el dirigente del
Frente Popular, Luis Villacís. El dirigente de los eléctricos,
Edgar Ponce, recibió amenazas de muerte. El 14 de julio, el
presidente Mahuad revocó las alzas de los precios de los combustibles
y congeló los precios de los combustibles por un ano. Otro hecho
destacable es que en mayo se inició el enjuiciamiento del dirigente
de la central sindical nacional CEOSL, José Chávez, por una
supuesta difamación a la Policía, en el contexto de una estrategia
para intimidar a la oposición.
En Paraguay, los sindicatos senalaron que los
empleadores estaban presionando con fuerza para lograr la introducción
de medidas de flexibilidad en el código laboral y la modificación
del estatuto de los funcionarios públicos, lo que implicaría
la pérdida de cientos de empleos. Igualmente en el Perú, los
cambios en la legislación laboral y de empleo han socavado drásticamente
los derechos sindicales, como el de huelga y organización, y
han otorgado amplias facultades a los empleadores para despedir
a los trabajadores, contratar temporales y modificar horarios
y maneras de realizar el trabajo. En la práctica se ha legalizado
la precariedad en el empleo. En los últimos anos, cientos de
miles de trabajadores perdieron sus empleos luego de que las
empresas públicas fueron privatizadas. Una huelga nacional convocada
con un amplio respaldo de la sociedad para el 28 de abril de
1999 fue declarada ilegal por el Ministerio del Trabajo y el
presidente Alberto Fujimori dijo que los dirigentes eran “comunistas”.
Al mismo tiempo, las autoridades sacaron a la calle a 20.000
policías que reprimieron con gases lacrimógenos a las manifestaciones
pacíficas.
Centroamérica
En Centroamérica, continuó el uso de la violencia
contra dirigentes sindic ales y violaciones de los derechos
laborales, sobre todo en las zonas bananeras y en las plantas
maquiladoras y en las zonas francas que producen para la exportación.
En el Salvador, hay unos noventa mil trabajadores,
sobre todo mujeres jóvenes, que laboran en 225 empresas maquiladoras,
muchas de las cuales confeccionan ropa. En estas hay muy pocos
sindicatos porque los patronos hostigan y despiden con frecuencia
a los trabajadores para evitar que los sindicatos afilien el
50% de la mano de obra necesaria para obtener el reconocimiento
para emprender negociaciones colectivas. El informe de la CIOSL
destaca que en las zonas francas se exigen pruebas de embarazo
obligatorias para las trabajadoras al momento de la contratación,
se despide a las embarazadas y no se pagan prestaciones sociales.
De otro lado, varios dirigentes sindicales recibieron amenazas
de muerte y unos 200 trabajadores del Instituto de Seguridad
Social, ISSS, fueron despedidos luego de que un tribunal declarara
ilegal la huelga que emprendieron para impedir la privatización
de la atención médica y la consiguiente pérdida de empleos.
En Guatemala, fueron asesinados, en 1999, los
dirigentes sindicales municipales Angel Pineda, Baldomero de
Jesús Ramírez y el secretario ejecutivo del sindicato municipal
de trabajadores de Zacapa. Entre tanto, continuaron las acciones
de las empresas transnacionales del banano para acabar con los
sindicatos, según dijeron las centrales sindicales nacionales
UNSITRAGUA y CUSG. El 27 de septiembre de 1999, la empresa Bandegua,
filial de la estadounidense Del Monte Fresh Produce, despidió
a 900 trabajadores en Bobos, Morales, Izabal, y anunció que
las tres plantaciones serían arrendadas a productores independientes.
Los trabajadores anunciaron una marcha de protesta en la población
de Montagua para el 14 de octubre, pero un día antes 200 hombres
fuertemente armados tomaron el vestíbulo del sindicato y mantuvieron
secuestrados a 35 dirigentes, obligándolos a informar, por intermedio
de una radio local, que la manifestación no se haría. También
se les conminó a firmar sus renuncias. Las autoridades no intervinieron
pese a que la estación de policía se encontraba muy cerca. La
Misión de las Naciones Unidas para la Verificación de los Derechos
Humanos en Guatemala, MINUGUA, senaló que ésta fue la segunda
violación de los derechos humanos más grave desde el asesinato
del Arzopisbo Gerardi en 1998.
En Costa Rica, así mismo, en las plantaciones
bananeras prevalece un clima hostil hacia los sindicatos. En
abril de 1999, Adrián Herrera Arias, secretario general del
sindicato de trabajadores del banano, SINTRASUR, fue despedido
y luego herido de bala y golpeado por hombres enmascarados que
le decían que debe abandonar el sindicato y la región.
En República Dominicana, el sindicato de enfermeros,
en la noche del 18 de julio de 1999, ocupó la Secretaría de
Estado de Trabajo para reclamar aumentos salarios y equipamiento
de los hospitales. La Policía los desalojó violentamente, provocándoles
quebraduras de piernas o brazos. La violencia igualmente se
manifestó un día antes de una huelga nacional prevista para
el 12 de octubre, cuando José Porfirio Toribio, dirigente del
sindicato de docentes ADP, fue muerto a tiros por la Policía.
Durante el segundo día de la huelga, convocada para protestar
por el alza de los precios de los combustibles, la Policía allanó
varias casas en Santo Domingo y arrestó a más de 1.000 personas.
América del Norte
En México, el control estatal de los sindicatos
a través de la Junta de Conciliación y Arbitraje impidió la
formación de sindicatos independientes y la declaratoria de
huelgas especialmente de las plantas maquiladoras, mayoritariamente
de propiedad estadounidense, instaladas en la frontera con Estados
Unidos. Las condiciones de trabajo en las maquiladoras que emplean
a 1 millón cien mil trabajadores empeoraron en 1999: los niveles
de higiene y seguridad son notablemente malos, los salarios
son irregulares, los despidos injustificados son corrientes.
Las mujeres que laboran en estas plantas se ven expuestas al
acoso sexual y a la discriminación.
En Estados Unidos la libertad sindical y el derecho
de huelga están restringidos. Por lo menos una de cada diez
personas que procuran formar un sindicato son despedidas ilegalmente.
Han ido en aumento los casos de explotación extrema; en particular
de trabajadores extranjeros contratados a través de agencias
privadas de empleo. Alrededor del 40% de los empleados del sector
público se les deniega el derecho de huelga y de negociación
colectiva. Es habitual que se hostigue a los trabajadores: se
estima que el 80% de los empleadores contrata asesores y empresas
de seguridad para que colaboren en sus campanas anti-sindicales,
finaliza el informe de la CIOSL.
Origen: Contracorriente
vallseca@arrakis.es
Dias de los Muertos en Tenochtitlan
Habría que tener una casa de reposo para los
muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente.
Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.
J. Sabines
Por Abel
Aquélla mañana desde muy temprano las principales
calles de la ciudad de México que desembocan en el Zócalo de
la gran capital se encontraban cerradas. Yo me dirigía al viejo
café “La Blanca” ubicado en la céntrica calle de Cinco de Mayo,
que al igual que las demás calles cercanas, se habían convertido
en cauces por donde iba y venía -como desatada corriente- un
río de gentes, entregadas al culto colectivo de la muerte. Las
estaciones del Metro cercanas al Zócalo parecían hormigueros
plantados -como arterias- en el corazón de la ciudad más grande
de la tierra.
El centro de la Capital Mexicana, en esos días
recuperaba su antiguo atributo de lugar sagrado, centro dinámico
de encuentro donde confluyen los cuatro rumbos de la tierra.
“Según algunas fuentes nahuas, el Norte era negro,
lugar de la muerte; el Sur, azul, lugar de la vida; el Este,
rojo, el lado masculino; el Oeste, blanco, el lado femenino”.
Era una mañana fría de principios de Noviembre.
El viento, que en esos días baja helado de la cordillera de
volcanes al Valle de México, había devuelto al cielo su antigua
claridad de espejo del agua. Ráfagas de viento frío e intempestivo
recreaban en la ciudad la admósfera fúnebre de aquellos días.
“Las creencias pertenecen al ámbito del pensamiento
y en muchas culturas en función de ellas se ha desarrollado
la propia visión del mundo”.
En la Prensa del día se informaba de las incontables
ceremonias y ofrendas realizadas a lo largo y ancho del país:
en Ciudad Universitaria los estudiantes en huega habían celebrado
el entierro simbólico del Rector de la Universidad; en el barrio
de la Merced, el Mercado negro de sexo más grande y miserable
de la ciudad, reunidas en el atrio del Templo de la Soledad,
las prostitutas, se expresaron e hincaron para formar una cruz,
y convertir el Día de los Muertos en tiempo de reclamos y exigencias;
bajo la inmensa noche anterior el Zocalo –decía la Prensa– se
habia convertido en un oscuro velorio y durante el día se había
convertido en un enorme camposanto.
“Se ha dicho y repetido que la religión permeaba
la vida entera de los pueblos mesoamericanos. (…) vida y muerte
no eran los puntos extremos de una línea recta. Eran los puntos
opuestos de un círculo. Cada uno antecedente del otro: no podía
haber vida sin muerte previa; no podía haber muerte sin vida
previa”.
Las fotografías de la prensa eran por demás elocuentes.
En ellas, lo mismo que en la realidad de aquellos momentos –cuando
el destino inextricable me había colocado, como azorado testigo
del confuso trancurrir de eso días, en palco de primera fila–
en las céntricas calles , aparecía el rostro dual de un país
apesadumbrado. Amargo y revelador contraste entre la vida y
la muerte; dramática ambigüedad, de la realidad superpuesta,
de un pueblo entregado a los desígnios de un tiempo siempre
embustero y a la vez en manos de políticos voraces más devotos
del dinero y de los privilegios de los altos puestos del gobierno,
que de la incalculable herencia que representan para un país
los mitos y tradiciones de su memoria ancestral.
En las fotos se podía apreciar, lo mismo al grupo
de prostitutas en minifaldas , con máscaras de Cráneos; que
el tradicional comercio de flores, calaveras de azúcar, fruta
y pan de muertos. Mientras en los principales lugares del culto
a la muerte –Mixquic, Pátzcuaro, Mitla o cualquier otro lugar,
se colocaban, ofrendas con veladoras y acompañadas con rezos
y canciones, durante el día y la noche– en las calles, escuadrones
de la muerte, cuyos miembros destacados, alcóholicos vagabundos,
niños de la calle, exconvictos sin hogar y miríadas de mendigos,
en Plazas, afuera de los Bancos e Iglesias, dentro de las prisiones
y lugares de asistencia, rindieron culto a la muerte encendíendo
veladoras.
Días de una tradición – según palabras de un periodista–
hasta ahora inmortal. En suma el país entero, directa o indirectamente,
se encontraba en duelo, más exactamente, en trance entre la
vida y la muerte.
Culto a la muerte?, más bien culto a la vida…
a través de la muerte.
“Las creencias, los preceptos, los ritos, las
fiestas, el espacio y el tiempo sagrados existían así integrados
como elemento primordial en la antigua cultura con arreglo a
su concepcíon de un tiempo cíclico y sagrado”.
“A dónde iré ?
A dónde iré ?
El camino del Dios dual.
Por ventura es tu casa en el lugar de los descarnados ?
Acaso en el interior del cielo ?
O solamente aquí en la tierra es el lugar de los descarnados
? ” (Cantares Mexicanos: fol, 35)
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